La crisis empuja a muchos abogados a cambiar su despacho por un ‘coworking’

Se disparan las consultas a estos centros por parte de los letrados

La crisis empuja a muchos abogados a cambiar su despacho por un ‘coworking’

La crisis ha hecho que muchos despachos se replanteen si son necesarias sus grandes y costosas sedes. En el Reino Unido, por ejemplo, Slater & Gordon ha anunciado que cerrará su oficina en Londres y mandará a su plantilla (más de 200 personas) a teletrabajar de forma permanente. El bufete, según Law.com, planea asentarse en un espacio más pequeño que utilizará para reuniones con clientes.

En España, aunque aún no se ha hecho público ningún movimiento de esta envergadura, algunos despachos están aprovechando para renegociar sus arrendamientos. Otros, directamente, ya están buscando sedes más baratas.

En la franja de los pequeños despachos, no son pocos los que ven con buenos ojos cambiar una oficina permanente por un coworking. Especialmente, entre las firmas más pequeñas (de dos a tres letrados) y los abogados autónomos, que entienden que este modelo de sede les permite tener un espacio donde trabajar manteniendo su imagen profesional pero a un precio muchísimo más competitivo.

Más interés

“En los últimos meses hemos recibido más llamadas y correos de lo habitual; ha crecido el interés”, relata Rocío Peñuela, propietaria del centro Unifortia Digital, en Madrid. Muchas de las dudas que atienden vienen de abogados que se han visto afectados económicamente por la pandemia y ven en el coworking una alternativa mucho más asequible.

Pero también atienden peticiones de juristas que llevan teletrabajando un tiempo (no solo por la pandemia) y para los que esta situación ha supuesto un punto de inflexión. “Al menos el 50% busca un espacio físico más profesional que su casa o contar con un servicio que atienda llamadas y que no sea su móvil personal”, señala Peñuela.

Las ventajas que ofrecen este tipo de espacios son numerosas. En primer lugar, se elimina el coste del alquiler del despacho, un factor que no es baladí, ya que las firmas suelen situarse en las zonas más prósperas de las ciudades y la renta es, junto a las nóminas, el gasto más elevado al que tienen que hacer frente. El precio por un coworking, en cambio, varía dependiendo del servicio que se quiera contratar, siendo en todo caso mucho más económico que mantener una oficina propia.

Así, las tarifas de centros madrileños van desde los 40 euros mensuales para el paquete más básico (que permite la domiciliación y el recibo de correspondencia) hasta los 170 del plan más completo, que incluye servicio de secretaría, recepción de llamadas y un número determinado de horas de uso privado de despacho y salas de reuniones. También permiten reservar espacios por precios que oscilan entre 8 y 25 euros la hora, dependiendo de si es oficina individual, zona abierta o sala de reuniones. Algunos centros también ofrecen servicios adicionales, como la creación de página web, impresión y fotocopia de documentos o acceso a bases de datos de legislación y jurisprudencia.

Hay que recordar que el precio de la renta prime en Madrid (el alquiler en las mejores zonas) alcanzó en 2019 los 34,50 euros por metro cuadrado al mes, según un informe de la consultora inmobiliaria JLL.

Imagen profesional

Una de las principales reticencias que presentan los abogados respecto al coworking es la imagen de profesionalidad que puedan proyectar. “La abogacía es un sector muy tradicional, los letrados creen que es esencial tener un despacho físico, pero no es así”, afirma Mónica Usón, abogada especializada en derecho concursal en Madrid, quien abandonó recientemente su oficina en la céntrica calle de Serrano y se ha unido al modelo colaborativo. Para la letrada, la imagen es, sin duda, relevante, “pero lo que verdaderamente valora el cliente es el trato personal que tienes con él”.

Además, Usón considera que trabajar en un coworking le permitirá ser más competitiva, ya que el menor coste económico viene aparejado de un ahorro de tiempo (en desplazamientos, por ejemplo) “que luego puedo repercutir en el precio del servicio”.

En esta línea, Luis Morros, abogado y propietario del coworking Virtualex Abogados, apunta que compartir espacios de trabajo genera sinergias entre los profesionales, “lo que posteriormente permite ofrecer al cliente un servicio más completo y, en definitiva, mejor”, concluye.

Espacio Abogacía

Proyecto. El Ilustre Colegio de Abogados de Madrid (ICAM) cuenta con un coworking propio, el Espacio Abogacía. Está situado en Plaza Castilla y cuenta con numerosos servicios, como despachos individuales, salas de reuniones y zonas colaborativas. Ahora están equipando las salas con pantallas y webcams, “para adaptarnos a la nueva realidad de los juicios telemáticos y las reuniones con clientes por videoconferencia”, añade Silvia Prieto, directora del área de servicios del colegio y responsable del proyecto.

Crecimiento. Desde su inauguración en marzo de 2019, el centro ha registrado un crecimiento “lento pero constante”, indica Prieto. No obstante, la experta prevé un incremento en la demanda de este espacio en los próximos meses. “Creemos que muchos abogados afectados por el impacto de la pandemia van a optar por el modelo coworking; algunos porque económicamente les sea más rentable y otros porque no les quede otra opción”. Y es que las tarifas del centro son aún más económicas que otros coworkings.

Evitar la soledad. Prieto relata que muchos abogados valoran tener la imagen del colegio detrás, ya que mantiene una imagen de profesionalidad. Además, hay que recordar que muchos de los letrados que se decantan por esta opción trabajan solos. “Acudir a un coworking les vincula a la profesión y les da una sensación de pertenencia”, reflexiona.

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