O2-Virgin Media: una gran operación con todo el sentido estratégico

Se complementan perfectamente y disfrutan de los mejores márgenes del sector

Telefónica anunció ayer el acuerdo con Liberty Global para la fusión de sus filiales británicas O2 y Virgin Media. Es la mayor fusión de la historia de Telefónica y tiene todo el sentido desde el punto de vista estratégico. Se crea un gigante de las telecomunicaciones en el Reino Unido, combinando la fortaleza móvil de O2 con la banda ancha de Virgin Media. La suma de las dos filiales supera a Sky por ingresos y se queda a unos 2.500 millones de euros de distancia de BT, líder del mercado británico por ingresos, resultado bruto de explotación y flujo de caja operativo. Y se quedará prácticamente a la misma altura en número de clientes si se restan a BT los clientes móviles virtuales que proceden de la propia Virgin Media. Ambas compañías se complementan perfectamente y disfrutan de los mejores márgenes del sector, que pueden reforzar con las ambiciosas sinergias previstas.

El mercado así lo ha interpretado y desde que trascendieron las negociaciones las acciones de ambos grupos (especialmente las de Liberty) han tenido un favorable comportamiento relativo. Telefónica se hace fuerte en uno de los que considera sus mercados clave, junto con España, Brasil y Alemania, aunque para ello tenga que compartir la filial al 50%. Los detalles del acuerdo están en línea con lo que había trascendido e incluyen unas valoraciones teóricas (no se trata de filiales cotizadas) muy altas para las dos partes, que sumarían unos 35.800 millones de euros, deuda incluida. Las valoraciones relativas, más importantes a efectos del acuerdo, permiten a Telefónica recibir un pago compensatorio que, junto con el plan de alojar un voluminoso nivel de deuda en la nueva empresa, permitirá al grupo español reducir significativamente su deuda, aunque no tanto sus ratios de endeudamiento. La deuda de la filial no será consolidada por integración global ni por Telefónica ni por Liberty, al ser una filial al 50%, pero por eso mismo, tampoco podrán apuntarse directamente su resultado bruto de explotación.

La operación es, en su conjunto, un acierto estratégico del grupo que preside José María Álvarez-Pallete. Telefónica había fracasado en anteriores ocasiones al intentar vender o sacar a Bolsa su filial británica, pero esta operación parece mucho más viable y las autoridades de competencia deberían autorizarla. Tiene el mérito adicional de haberse negociado a distancia en su fase decisiva. En la actual crisis, Telefónica ha demostrado la importancia de una red de telecomunicaciones potente, como la que ha desplegado en España durante años y que ha puesto a nuestro país a la cabeza de Europa. La nueva compañía tiene también un ambicioso plan de inversiones que permitirá modernizar las infraestructuras digitales británicas.