Covid-19: una amenaza a nuestro modo de vida

La literatura económica afirma que epidemias pasadas causaron destrucción y desconfianza, pero hay alternativas

Covid-19: una amenaza a nuestro modo de vida

La economía es, nunca debería ser inútil recordarlo, una ciencia social. El análisis económico no solo busca explicar los comportamientos dentro del mercado, sino otras instituciones al margen: familia, amigos, prácticas culturales y jurídicas o sentimientos (el miedo, el altruismo, la autoprotección). Esto es cierto también en sentido inverso. Las instituciones sociales también definen la economía. Incluso la economía globalizada. Las causas de la crisis financiera de 2008 aludían a la dinámica de los mercados financieros. Hoy enfrentamos otra crisis que, siendo económica y sanitaria, hunde sus raíces en numerosas dimensiones difíciles de parametrizar, por desconocidas.

1. La primera capa. La economía está detenida, sin comercios, ocio o restaurantes, con nuestros medios de producción en coma inducido (Krugman) por una decisión política. Esta parálisis, que muchos economistas denominan “shock de oferta”, provoca cuantiosos costes. Las herramientas de política económica para superar ese choque son unívocas, temporales y de coyuntura: liquidez blanda, beneficios fiscales y condonación o aplazamiento de los pagos. 

Debemos facilitar instrumentos de sostenimiento temporal de rentas en todos los niveles: trabajadores y desempleados, autónomos y empresas. También ha de asegurarse el ingreso de las familias –mediante una renta familiar temporal, aun desconociendo qué proyecta el Gobierno–.

El objetivo: mantener las capacidades productivas a salvo. En función de cómo se recupere la actividad habrán de modularse las aportaciones al sistema. Cuánta gasolina pueda inyectarse es una cuestión sencilla –aunque sus implicaciones en términos políticos sean mayúsculas–. En esencia, dependerá de la capacidad financiera de cada autoridad o, en su caso, del endeudamiento al que se pueda acceder. Para la Comunidad de Madrid, la autonomía de régimen común más saneada, el endeudamiento exige autorización del Consejo de Ministros. Para nuestro país, habrá de estarse al incremento de la deuda pública y al amparo que todos los europeos esperamos de la Unión Europea.

Las Administraciones asistimos a un proceso de aprendizaje continuo sobre la experiencia propia y de los demás. La destreza técnica en su concepción y la eficacia en la asignación de los recursos serán un factor de distinción entre los diferentes programas. Nada menos. Pero nada más.

2. La fractura en nuestro modo de vida. Esta pandemia genera una segunda dimensión radicalmente distinta y con mayores implicaciones económicas: la quiebra de nuestro modelo de convivencia. Desconocemos cuál será la duración de la pandemia o cuántas veces volverá. Ignoramos cuándo volveremos a colegios, tiendas de ropa o gimnasios. Si podremos viajar, a dónde, en qué condiciones o precio. Tampoco si abrirán bares y restaurantes, o cómo. Todos los modelos de negocio son papel mojado.

Y hay preguntas aún más profundas (¿aceptaremos ese nuevo modelo de convivencia? ¿Cómo afectará las relaciones humanas?) que determinarán las relaciones económicas. Y aún más, un futuro para millones de personas, trabajadores, empresarios, emprendedores. Si examinamos epidemias pasadas, la literatura económica afirma que provocaron “destrucción social y desconfianza generalizada” durante décadas. Lamentablemente, eso no es todo, pues ya nos encontrábamos en, al menos, tres quiebras adicionales: del contrato social, generacional y medioambiental. Las situaciones pasadas no son comparables en términos tecnológicos, sanitarios ni sociales. Igualmente, los riesgos de una reacción tecnonacionalista son hoy más graves que nunca.

3. Yet we can. Sí, hay alternativas. No será la primera vez que una tragedia provoque la unión de ciudadanos e instituciones. La agencia de rating Standard Ethics, al evaluar la República Italiana, destaca la “restitución de la solidaridad y el sentido de unidad de propósito, convirtiéndose en un ejemplo global”.

¿Cómo podemos propiciar una salida conjunta y en positivo? Tenemos que operar cambios reales en la sociedad, empresas y Administración para que la incertidumbre no nos paralice. Estoy convencido de que Madrid debe actuar, primero, proporcionando certidumbre a empresas y consumidores: conocer, con antelación suficiente, cuándo y cómo actuar (horarios, aforos, EPI, financiación). Conjuntamente, debemos integrar los retos operativos que plantea el Covid-19 con los grandes retos de la economía (financiación, innovación, digitalización, transición energética). Cada euro que se invierta debe servir a un doble propósito: contribuir a que la empresa madrileña supere esta crisis y sus réplicas y mejorar su posición competitiva, tecnológica e innovadora. Y, ante todo: las personas. Es esencial mantener el empleo, incentivar las contrataciones de los perjudicados. Hay que invertir en el desarrollo de las personas: más formación para el empleo, más inversión en innovación, más y mejores universidades.

Otra exigencia: la apertura al mundo. La capacidad de internacionalización y la atracción de inversiones son emblema de Madrid y bajo ningún concepto pueden dejar de serlo. Este cambio debe, necesariamente, alcanzar a la propia Administración, que es lenta y prolija, frustración que también padecemos desde dentro. Los procesos y plazos que se nos exigen para prestar servicios a los ciudadanos consumen un tiempo que no tenemos y agotan unos recursos que queremos –y debemos– dedicar a servir y no al trámite.

Hemos tramitado en pocos días programas de ayudas que, en condiciones normales, habrían llevado muchos meses. Pero esas condiciones normales ya no existen, ni van a volver. La Administración debe adoptar esos nuevos plazos, sin que para hacerlo se haga colapsar a las personas a cargo de los procesos. El sector público ha de abrirse a la cocreación, la atracción de capital y talento humano para la revolución de procesos y actores. Si, como ordena el decreto de alarma, la gestión de la crisis se lidera por el sector público, este debe situarse en la frontera de la innovación.

Conclusión. El desafío es enorme. Debemos proteger a las personas y capacidades empresariales. Esa es la parte costosa, pero fácil. A la vez, debemos liderar la transformación de la empresa y la Administración españolas, concentrándonos en el talento de las personas y nuestra apertura al mundo. Esa es nuestra mayor garantía para superar esta tragedia y nuestra deuda con quienes sufren.

Manuel Giménez Rasero es Consejero de Economía, Empleo y Competitividad de la Comunidad de Madrid