Cuidado con las juntas de accionistas sin accionistas

Pueden ser una excusa para evitar las preguntas críticas

Junta virtual de Iberdrola, celebrada el 2 de abril en Bilbao.
Junta virtual de Iberdrola, celebrada el 2 de abril en Bilbao. EL PAÍS

Las juntas de accionistas van de lo extraño a lo banal. La tendencia a celebrarlas online significa que pronto serán en su mayoría lo segundo. Starbucks es la primera gran empresa estadounidense que celebra su junta anual en el ciberespacio en respuesta al nuevo coronavirus, que ha hecho desaconsejable que se congreguen físicamente grandes grupos. El año pasado, su junta duró más de dos horas y media. Esta vez fue cosa hecha y enterrada en 51 minutos.

Antes del Covid-19, solo unos pocos cientos de empresas celebraban juntas de accionistas online. Broadridge Financial Solutions, una compañía que cotiza en la Bolsa de EE UU y que las facilita, organizó 326 en 2019. Este año, espera hacer cuatro veces más. En su forma más sencilla, son poco más que una presentación de audio. Los accionistas pueden presentar preguntas, por lo general escribiendo en un cuadro de texto, que sus colegas inversores generalmente no pueden ver. Solo el 3% de las juntas del año pasado tuvieron la opción de hacer preguntas en directo por teléfono. Hay votación, pero casi todos los accionistas ya han votado por adelantado.

Trasladar las juntas al online puede ser útil. Los accionistas individuales no tienen que ir a Utah, Connecticut o donde sea que tenga su base o elija realizar su junta la compañía. En cuanto al coste, no es gran cosa, asumiendo que los ejecutivos no viajan. Una junta básica online cuesta a la compañía unos 10.000 dólares o menos, por lo que es comparable con contratar una sala de hotel y poner un aperitivo. Ahora, sin embargo, el virus ha hecho de las juntas virtuales una necesidad. Ya hay muchos días reservados en mayo, según Broadridge.

No hay nada que ver aquí

Sin embargo, al pasar a lo digital, algo se pierde. Primero, está el espectáculo. Hace casi 60 años, Wilma Soss se presentó en la junta de accionistas de CBS vestida de señora de la limpieza, diciendo que estaba allí para limpiar la compañía. Hace dos años, monjas activistas asistieron a la reunión del fabricante de armas Sturm, Ruger para desafiar a sus consejeros sobre su papel en el suministro de armas de asalto utilizadas en tiroteos masivos… y ganaron. American Outdoor Brands, que se enfrentó a una acción similar de las mismas monjas, celebra sus juntas online desde 2017.

El comportamiento emocional por parte de otros propietarios o, de hecho, de los ejecutivos puede ser una señal útil para otros accionistas de un problema no resuelto. Wells Fargo comenzó su junta de 2017 disculpándose por el escándalo de que el personal creara millones de cuentas falsas para cumplir con los objetivos de ventas, pero aseguró a los inversores que el banco había “identificado las causas de fondo” y “tomado las medidas adecuadas”. Los accionistas no lo compraron: uno tuvo que ser expulsado por la fuerza. Su intuición resultó correcta. A los dos años, tanto el presidente, Stephen Sanger, como el CEO, Tim Sloan, se habían ido.

Es una razón por la que algunos grupos de inversores se oponen a las juntas puramente online. Al contralor [funcionario que controla el gasto público] de Nueva York, Scott Stringer, le disgustan tanto que los fondos de pensiones de la ciudad (en tiempos sin pandemia) privan del voto a ciertos consejeros de compañías que celebran juntas virtuales. La principal objeción es que permiten a las empresas filtrar preguntas difíciles. Por ejemplo, en Delaware, donde están constituidas la mayoría de las grandes empresas de EE UU, la ley dice que una empresa debe celebrar junta de accionistas, pero poco sobre cómo debe realizarse.

Véase Starbucks. Su junta virtual de este año comportó el mismo número de preguntas que el anterior, y les asignó aproximadamente la misma cantidad de tiempo. Pero las preguntas fueron leídas, y en algunos casos parafraseadas, por el consejero delegado, Kevin Johnson. El año pasado, los inversores hicieron a la dirección numerosas preguntas sobre derechos humanos, y abusos en el lugar de trabajo y la cadena de suministro. Este año, esos temas no aparecieron, más allá de una pregunta sobre la escasez de desinfectante para manos del personal que trabaja en aeropuertos. Tal vez la agenda de los accionistas ha cambiado, pero es imposible para alguien de fuera ver cómo se gestionó el proceso.

Momentos incómodos

Cualquier oportunidad de desafiar la comodidad de los ejecutivos y consejeros merece aprecio. Tales oportunidades surgen raramente, y cuando lo hacen la mayoría de los inversores no las aprovechan. En la primera mitad del año pasado, menos de tres de cada 1.000 consejeros votados obtuvieron menos del 50% de los votos, según el proxy adviser Institutional Shareholder Services. Casi todos esos perdedores siguen ocupando puestos en el consejo, según las cifras recogidas por el Council of Institutional Investors. Y el promedio de apoyo a las propuesta de los accionistas relacionadas con el gobierno corporativo en 2019 fue de solo el 31%, según el Proxy Monitor del Manhattan Institute.

Inversores pasivos como BlackRock, que poseen hasta una quinta parte de las acciones de las grandes cotizadas, dicen que desafían a los consejos de administración, pero lo hacen en privado, y como gestores de los fondos de pensiones de las grandes empresas, tienen incentivo para llegar solo hasta cierto punto. Por eso es lamentable, aunque tal vez inevitable, que empresas como Amazon y Boeing (ambas han sido objeto de airadas críticas por parte de los accionistas) hayan anunciado que este año sus juntas serán puramente virtuales. Eso puede ahorrarles algunos momentos merecidamente incómodos.

Hay un camino intermedio. Algunas empresas organizan juntas en el mundo real, pero también permiten a los accionistas conectarse online. Solo el 8% de las juntas de Broadridge ofrecieron esa opción el año pasado. Lo principal es que las preguntas estén abiertas a todos, sin filtros, e idealmente planteadas por sus autores. Pero la locura por las juntas virtuales, aunque ahora es necesaria, debería terminar con el coronavirus. El enfoque del contralor de Nueva York, es decir, no apoyar a los consejeros que tratan de sacar a los accionistas de sus reuniones, parece el correcto.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías