De cómo un virus que surgió en China contagió el pánico a los mercados

Existen tres rasgos cognitivos en la mente humana que nos llevan a elegir de forma automática la irracionalidad en lugar del análisis

De cómo un virus que surgió en China contagió el pánico a los mercados

 

Cómo influye nuestro cerebro inversor en los mercados ante la incertidumbre de la propagación del Covid-19? Para responder esta pregunta, disponemos de una joven disciplina que muy pocos conocen: las neurofinanzas.

Las neurofinanzas son el estudio del comportamiento humano ante condiciones de riesgo y recompensa, visto como una actividad neural a partir de las órdenes que emite el cerebro a través de sus neurotransmisores. Son parte de la neuroeconomía y esta, a su vez, de la neurociencia aplicada.

En las finanzas tradicionales podemos hablar de riesgos, pero la incertidumbre sigue siendo el talón de Aquiles de los humanos y los mercados. El cerebro, carente de un sistema de gestión de incertidumbre, activa una de las partes más primitivas y efectivas del cerebro humano: la amígdala.

La amígdala es un conjunto de neuronas que activan el miedo de la misma manera que lo hace un detector de humo, es decir, que se activa en automático al identificar el peligro, aunque no tiene la capacidad de describir de qué trata dicha amenaza.

Una vez se activa la amígdala cerebral, todo el sistema nervioso se pone en estado de alerta y se va directo a los mecanismos de decisión rápida que consuman menos recursos biológicos y que sean lo más efectivos posibles, independientemente de que resulten irracionales.

En la búsqueda de una solución instantánea, el cerebro apaga su parte analítica y todo el sistema emocional se hace cargo de la situación, llevándonos a tomar decisiones tan rápidas como inefectivas, conocidas como sesgos cognitivos.

Tomando el caso actual de las caídas en serie de los mercados ante la incertidumbre generada por el Covid-19, observamos tres sesgos cognitivos que nos llevan a distorsionar la realidad y elegir, en automático, la irracionalidad.

•Negligencia probabilística. Es un sesgo cognitivo que nos lleva a proyectar erradamente a pesar de tener los números en la mano. En las neurofinanzas, el poder no está en la información, sino en la presentación. En diversos estudios se ha observado cómo una persona cambia radicalmente su decisión en función del modo en el que se le presenten las cifras.

En el caso del Covid-19, que es un tipo de coronavirus con una probabilidad de sobrevivir del 99%, todos entramos irracionalmente en pánico porque seguimos minuto a minuto los reportes que muestran los decesos en términos absolutos, aunque –relativamente– no sea una cifra tan significativa.

•Sobrerreacción a las noticias. Cuando carecemos de información que nos permite tomar decisiones, es normal que terminemos sobrerreaccionando ante las noticias que leemos una y otra vez, llegando a conclusiones erradas con las que hacemos proyecciones irracionales.

El seguimiento constante de las cifras reales –aunque estadísticamente irrelevantes– del Covid-19 nos lleva a prepararnos para lo peor. En este sentido, podemos poner como elemento diferenciador el hecho de que, por primera vez en la historia humana, estamos siguiendo en tiempo real la propagación de un virus, lo cual aumenta la ansiedad y, por ende, nos lleva a anticiparnos de forma precipitada, como es el caso de las compras de mascarillas.

•Efecto manada. Este sesgo cognitivo puede explicarse con el refrán que reza “Donde fueres, haz lo que vieres”, y es la tendencia de copiar a otros sin preguntarnos si estamos haciendo lo correcto o no. A diferencia de los dos sesgos anteriores, este lo utilizamos incluso cuando estamos en entornos seguros.

En tiempos del Covid-19, vemos cómo en los mercados bursátiles vamos en manada a realizar operaciones de venta de nuestros instrumentos financieros —aun sabiendo que estamos perdiendo dinero y que es una situación temporal— solamente porque los demás lo están haciendo. El mismo caso aplica a las compras nerviosas, donde al ver a los demás adquirir todo lo que consiguen, salimos también en búsqueda de cantidades exorbitantes de productos y alimentos, sin saber si realmente los vamos a necesitar.

¿Cómo crear un sistema inmune que nos permita decidir en paz en medio del caos? Para dar respuesta a esta cuestión, podemos referenciar a Ray Dalio, fundador, copresidente y codirector de uno de los fondos de cobertura más grandes del mundo. Luego de irse a la bancarrota por sus decisiones impulsivas, Dalio se levantó de nuevo haciendo uso de los avances en economía del comportamiento y las neurofinanzas. Conocerse y gestionar su irracionalidad lo convirtió en milmillonario.

En primer lugar, está la creación del momento de calma donde, a través de la respiración consciente, podemos disminuir la ansiedad, lentificando la frecuencia cardíaca y desactivando el impulso de la amígdala en el cerebro. Con tiempo y práctica, se empieza a producir claridad mental y, con ello, la capacidad de tomar decisiones conscientes.

Cuando la calma no llega, otra técnica es preguntarnos si lo que estamos percibiendo o pensando es verdad. Al ponerlo en perspectiva, desactivamos la tendencia de validar solo aquello que creemos (tendencia confirmatoria), abriendo el espacio mental para detenernos, ser más objetivos y evitar errores de juicio.

No es lo mismo tomar una decisión impulsiva, que una analítica o una intuitiva. En un mundo cada vez más interconectado y con acceso a información inmediata de cualquier tipo, la clave del éxito en las inversiones ya no está en quien decide más rápido, sino en quien se conoce mejor.

La buena noticia es que hay un camino para llegar al autoconocimiento y la autogestión efectiva, a pesar del entorno.

Joselyn Quintero es asesora financiera, conferencista y autora, especializada en Psicología Financiera y Neurofinanzas