Ona Carbonell: “Vivo bien, pero gracias a los patrocinadores”

Ha vencido obstáculos, incluido el frío que le impedía concentrarse en el agua, para llegar a ser campeona olímpica, e incluso ganar un concurso de cocina

Carbonell
GETTY IMAGES

Detrás del trabajo de una deportista olímpica hay dedicación y esfuerzo. La gloria y la medalla se resuelven en apenas unos minutos. Para alcanzarlas hay años de sacrificio, de no saber de horarios, ocio ni de distracciones. Todo esto lo sabe bien Ona Carbonell (Barcelona, 1990), nadadora española y capitana del equipo español de natación sincronizada, que en los Juegos Olímpicos de Londres de 2012 obtuvo la medalla de plata en la modalidad de dúo, y en la de equipos, la de bronce, además de dos medallas de plata en el Campeonato del Mundo 2019 en la modalidad de solo técnico y solo libre. Es la primera mujer con más medallas, 23 en total, en el mundo de la natación, por detrás de Michael Phels, con 28. En 2018 ganó el concurso Masterchef, programa al que se presentó sin saber freír un huevo, tal y como aseguró a los asistentes al Foro de Jóvenes Talentos, organizado por el Basque Culinary Center (BCC), a los que confesó que su gran pesadilla a lo largo de su carrera, que inició con 14 años, fue el frío que pasaba en la piscina. Siempre se quejaba de ello y eso le impedía concentrarse en el agua, “hasta que una entrenadora me dijo una frase que ha sido determinante en mi carrera, ‘los buenos se quejan y los mejores se adaptan”.

¿No ha olvidado el consejo?

Fue un antes y un después. Me ayudó a entender que aquellos que no pueden adaptarse no llegan arriba. Los grandes talentos son aquellos que se aclimatan a las circunstancias. Eso supuso un cambio de chip, pasaba frío pero eso dejó de ser importante. Cuando me presenté al casting de Masterchef lo hice mal, y cuando me cogieron me lo tomé muy en serio. Soy obsesiva. Llamé a Jordi Roca [pastelero del Celler de Can Roca] y pasé en su restaurante una semana distinguiendo alimentos. Hay un paralelismo entre la cocina y el mundo del deporte, en ambos se busca la excelencia. El concurso hizo que me enamorara de la gastronomía, me hizo salir de mi zona de confort. En ambos se requiere de esfuerzo, constancia, sacrificio y poder de adaptación. El concurso de televisión me lo tomé como si fueran unos Juegos Olímpicos.

¿Su vida ha sido de muchos sacrificios?

Cuando estaba en la cocina pasaba 12 horas de pie y eso era terrible para mí. Estoy acostumbrada a estar en el agua, tengo un problema de ingravidez y estar de pie mucho tiempo me supone un problema, pero intenté superar estar hándicap. Mi vida desde los 14 años, cuando entro a formar parte del Centro de Alto Rendimiento del Deporte, ha sido de renuncias, sacrificios y objetivos. Solo vives para competir, vives allí y no sales para ir ni a un bautizo, a una boda, o salir por la noche.

¿Aún así le ha compensado?

Hay momentos en los que piensas en tirar la toalla, pero haces balance y decides continuar. Te sacrificas, lo intentas, pero eso no significa que vayas a conseguir tu reto. Lo importante es saber darlo todo, buscando la máxima excelencia, porque esto no es una marca, una canasta o un gol, es algo subjetivo, ya que dependes de los jueces.

¿Se identifica con las exigencias, sobre todo de flexibilidad laboral, que demandan los mileniales?

Las nuevas generaciones quieren la inmediatez, aunque no dejan de buscar, de reinventarse. A mí me ha costado mucho todo. Ahora las nuevas tecnologías ayudan a tener más conocimiento, a tener una mentalidad más amplia. Están metidos en temas medioambientales, de sostenibilidad, su implicación es importante, pero para lograr un reto importante hay que dedicarle tiempo.

Sabe también lo que son los fracasos.

Cada verano vienen 200 niñas a mi campus y preguntan sobre ello. Y les explico que el fracaso es el camino al éxito. Si nunca caes, nunca conseguirás nada. Todos los que han ganado es que han perdido.

Pero pocos quieren perder.

Cualquier duelo es una gran injusticia. Hay resignación, hasta que haces el aprendizaje. No me doy por satisfecha, siempre quiero más. Lo que me mueve es crecer como deportista y aprender. Ahí está la adaptación, siempre hay algo que aprender y mejorar.

¿Le ha costado mucho renunciar a participar en los Juegos Olímpicos de Japón?

Ha sido la elección más difícil de mi vida, cuando estaba clasificada para ir a Tokio. Hay que aprender a relativizar y atender las prioridades de cada momento. Ahora mi prioridad es la familia, ya me tocaba, aunque sigo entrenando cada semana. Esto es un parón temporal. Tomando esta decisión, he visto mi madurez, porque las cosas pasan como pasan, y he sentido que mis prioridades cambiaban.

Usted se ha reinventado, ofrece conferencias e incluso ganó Masterchef.

Estoy reinventándome. Cuando me presenté al concurso, mi familia me decía que iba a hacer el ridículo. Lo gané por tesón y por mi capacidad de trabajo. A todo me dedico con gran intensidad, incluso ahora que quiero formar mi propia familia, pero la conciliación en el deporte no está bien arreglado.

¿Se puede vivir dedicándose solo a la natación?

Cuando tienes que entrenar 10 horas al día no puedes tener otra profesión. Puedes ganar de 10.000 a 60.000 euros. Vivo bien, pero gracias a los patrocinadores, ahí es donde gano dinero. He sido siempre inquieta, he dado conferencias, he ido a eventos solidarios, salía del agua y seguía trabajando. Debería haber más recursos para deportistas en general. Porque aquellos que están abajo necesitan recursos para llegar arriba. Tiene que haber más becas y ayudas. España necesita referentes en el deporte, pero para ello hay que disponer de recursos.

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