Enseñanzas positivas de la introducción del salario mínimo en Alemania

La introducción de un SMI para todo el país en 2015 ha reducido la desigualdad salarial, ha aumentado el tamaño de las empresas y no ha bajado el empleo

Enseñanzas positivas de la introducción del salario mínimo en Alemania

La fuerte subida del salario mínimo interprofesional (SMI) en España en los dos últimos años (de 736 a 950 euros mensuales) ha abierto un interesante debate sobre sus efectos. Los que más alzan la voz son los que culpan a este aumento de todos los achaques de nuestra economía. CEOE atribuye al SMI la ralentización en la creación de empleo y la industria agroalimentaria, o el presidente socialista de Extremadura, de la mala situación del campo.

El Banco de España prometió, por boca de Óscar Arce, director general de economía y estadística, que en el verano de este año publicarán un informe sobre las subida del SMI de 2019. Su primera valoración, de febrero del año pasado, fue que iba a costar 125.000 empleos.

Pero mientras llega dicho estudio, esta semana se ha publicado en Alemania un interesante informe sobre el impacto que ha tenido en este país la introducción del SMI en 2015. Dicho trabajo, que ha sido realizado por investigadores de University College London (UCL) y de German Institute for Labor Market Research (IAB), concluye que la introducción y subida del SMI redujo la desigualdad salarial entre los trabajadores y entre las diferentes regiones sin afectar al empleo, pese a que sí redujo el número de pequeñas empresas, lo que podría disminuir la competencia.

“Contrariamente a las preocupaciones que caracterizaron el debate en el periodo previo a la introducción en Alemania de un salario mínimo nacional, no encontramos que redujera el empleo. Nuestra investigación sugiere que el salario mínimo aumentó la eficiencia general de la producción, al reasignar a los trabajadores de empresas menos productivas a las más productivas”, señala la profesora Attila Lindner (Centro de Investigación y Análisis de Migración de la UCL), coautora de dicho informe.

El Gobierno de Alemania aprobó en enero de 2015 un salario mínimo obligatorio igual para sus 16 estados federales, exigiendo que las empresas paguen 8,5 euros la hora. Seis meses antes de esta medida, un 15% de los trabajadores de Alemania tenía un salario por debajo de 8,5 euros.

El IAB ha tenido acceso a todos los registros del departamento de estadística de la Agencia Federal de Empleo y el estudio se centra en los efectos salariales y laborales de la política comparando a los trabajadores que ganaban por debajo del salario mínimo con los que estaban por encima antes y después de su introducción. Los trabajadores que estaban por debajo del mínimo tuvieron una subida inusualmente alta para Alemania (6,7%) al situarse en los 8,5 euros la hora, mientras que los que estaban ligeramente por encima (entre 8,5 y 12,5 euros) lo vieron aumentar un 2,3%. Para los que estaban por encima de 12,5 euros la hora, la medida no supuso cambio sobre la evolución habitual de los salarios.

El informe concluye que, a pesar de las preocupaciones sobre el impacto que un salario mínimo nacional podría tener en la tasa de empleo y en las empresas, este no perjudicó las perspectivas de empleo de los trabajadores de bajos salarios.

En cambio, sí tuvo impacto en las microempresas, ya que se produjo una disminución entre las que contaban con menos de tres empleados, si bien sus empleados fueron absorbidos por compañías medianas y grandes.

El análisis pone de manifiesto que los trabajadores con bajos salarios (no así los de altos) se trasladan a empresas que ofrecen empleos a tiempo completo, más cualificados y con salarios más altos para el mismo tipo de trabajo, además son compañías más grandes y más estables.

Este desplazamiento de trabajadores con salarios bajos desde micropymes a compañías “mejores y más grandes” explica el 25% de la mejora salarial que ha supuesto la introducción del salario mínimo.

El profesor Christian Dustmann (Centro de Investigación y Análisis de la Migración de la UCL), autor principal de la investigación, añade una cautela al resultado del informe: “El salario mínimo se introdujo cuando la economía alemana estaba bien. Nuestros hallazgos no necesariamente se generalizan a otros mercados laborales u otros periodos de tiempo”.

Por tanto, conviene no echar las campanas al vuelo. España no es Alemania, donde cuentan con pleno empleo y necesitan importar trabajadores, pero es igualmente cierto que hay mucha de­sigualdad entre unos Estados y otros y la medida es igual para todos.

En todo caso, el informe tiene algunas conclusiones muy llamativas y especialmente interesantes para España. Este es el caso de la migración de trabajadores desde micropymes a empresas más grandes y con mejores sueldos y condiciones generales. Uno de los problemas del tejido empresarial español es precisamente el tamaño.

La falta de escala se convierte en un enorme lastre, ya que las hace más ineficientes, lo que hace que tengan mayores dificultades para competir y para conseguir financiación. No es nada intuitivo pensar que uno de los efectos colaterales de la introducción de un salario mínimo es el aumento del tamaño de las empresas.

En España, los más duros con el SMI dicen que provoca la desaparición de pymes y micronegocios. Pero quizás esto sea bueno. Si la consecuencia es lo que ha pasado en Alemania, que los que trabajan en esas microcompañías acaban en otras más grandes y en mejores condiciones, es un efecto secundario muy bueno. Pero conviene no ser ingenuos, pueden tomar el camino contrario, el de la economía sumergida; el agujero negro, pero para eso está la Inspección de Trabajo.

Es muy higiénico que desaparezcan micronegocios que literalmente son explotaciones. Si para ganar dinero, el dueño tiene que pagar sueldos de miseria a jornada completa, mejor que cierre. Ya habrá otro que haga su servicio. No se puede legalizar la esclavitud. A ver qué dice el Banco de España en verano.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense