Un buen cuarto trimestre salva un 2019 aceptable para el empleo

En términos de calidad persiste el deterioro, con una aparición muy fuerte de contratación a tiempo parcial, aunque de carácter fijo

La Encuesta de Población Activa (EPA) del último trimestre de 2019 sorprendió ayer positivamente con una inesperada e intensa aceleración en la creación de empleo. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha sido el mejor cuarto trimestre de toda la recuperación económica. En términos desestacionalizados, el ritmo trimestral de creación de empleo se ha duplicado con creces hasta el nivel más alto desde la primera mitad de 2018. Y con algunos indicadores de calidad positivos, como el hecho de que se frene la creación de empleo público mientras hay récord de creación de empleo asalariado privado, la fuerte reducción de la tasa de temporalidad o que se destruya menos de la mitad del empleo a tiempo completo del que se destruyó en el cuarto trimestre del año pasado, del anterior o del anterior.

Ni las elecciones ni el acuerdo para formar un Gobierno de coalición entre PSOE y Podemos parecen haber hecho mella inmediata en el mercado laboral. Los 92.600 empleos creados en ese cuarto trimestre han servido para salvar un año aceptable en materia laboral, que permite reducir la tasa de paro al 13,78%, el nivel más bajo desde 2008, casi la mitad del máximo que marcó a comienzos de 2013. La creación de 402.000 puestos de trabajo en 2019 es, pese a ese impulso final, la menor de la fase de seis años de fuerte generación de empleo, en la que se han recuperado tres millones de ocupados

España está de nuevo a punto de recuperar la cifra mágica de 20 millones de empleos, pero el margen para la complacencia es muy escaso, pues más de tres millones de personas siguen sin trabajo, y las expectativas de la actividad son mucho más preocupantes que hace un año, con un crecimiento que puede rondar solo el 1,6% este año y el próximo, insuficiente para que España pueda absorber los diferenciales de tasa de paro con los países de su entorno.

La legislación que salió de la reforma laboral de 2012 fue compatible con una fuerte destrucción de empleo los primeros dos años en que estuvo en vigor, pero también con la creación de esos tres millones de puestos de trabajo en seis años de recuperación. El actual Gobierno ha lanzado mensajes relativamente confusos sobre la derogación de dicha reforma, pero parece imponerse la tesis de que no habrá una derogación total ni urgente, salvo de algunos aspectos considerados especialmente lesivos, como el despido por bajas médicas. Es bueno que el Gobierno actúe con prudencia, con diálogo social y si es posible con acuerdo con los agentes sociales en esta materia, del mismo modo que lo ha hecho en relación con el salario mínimo. A ello deben añadirse reformas de los mercados de oferta que estiren el crecimiento potencial de la economía.