El coronavirus de Wuhan no es la peste negra

Es posible que la factura económica de la epidemia se acerque a la del SARS de 2003, pero puede ser incluso menor gracias a la pronta intervención

El coronavirus de Wuhan no es la peste negra

El coronavirus 2019 nCoV fue transmitido al hombre en diciembre de 2019 por la carne de un animal salvaje –probablemente una serpiente o un murciélago– vendida como comida en el mercado de Huanan, en Wuhan, la capital de la provincia china de Hubei. Según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC), en el mundo de momento ha habido 4.587 casos confirmados de personas afectadas por el coronavirus de Wuhan en la China continental (4.528), Tailandia (14), Taiwán (7), Singapur (5), Estados Unidos (5), Australia (5), Malasia (4), Japón (4), Corea del Sur (4), Francia (3), Vietnam (2), Canadá (2), Nepal (1), Sri Lanka (1), Camboya (1) y Alemania (1). Todos los casos de muerte, 106, han ocurrido exclusivamente en la China continental. Los datos indican que la mortalidad global del virus 2019 nCoV hasta la fecha ha sido del 2,3%. Según las autoridades sanitarias mundiales es fundamental prevenir el contagio, por lo cual es buena precaución llevar mascarillas de protección, como ya están haciendo no solo los chinos sino también los residentes –incluidos españoles– de toda Asia oriental, desde Japón a Camboya.

A la hora de entender los efectos sanitarios y económicos del virus de Wuhan es necesario comprender tres factores: los datos, los casos históricos similares y la acción presente.

Si bien es cierto que los datos oficiales de la Organización Mundial de la Salud o de la Unión Europea son reseñables, también lo es que hay que ser prudente a la hora de utilizarlos como única fuente de información. Según la Universidad de Hong Kong, los casos de contagio en Wuhan serían 44.000. Si estos datos estuvieran confirmados, la tasa de mortalidad del coronavirus 2019 nCoV sería de tan solo dos personas por cada mil infectados. Para tener un término de comparación, cabe observar que, según la Organización Mundial de la Salud, cada año la gripe mata entre 290.000 mil y 650.000 personas. En 2020 la gripe causó su primera víctima española en Extremadura.

En cuanto a las epidemias del pasado, destacan tres recientes: las del SARS Co-V y del MERS Co-V, que son dos tipologías de coronavirus, al igual del virus de Wuhan; y el serotipo H7N9, que desató la gripe aviar. Según la Organización Mundial de la Salud, el SARS y el MERS infectaron a alrededor de 8.400 y 2.500 personas respectivamente. El SARS se difundió a comienzos de 2003 desde la provincia china de Guangdong, con una tasa de mortalidad de alrededor del 10%. El MERS, que se originó en Arabia saudí en 2012, fue mucho más peligroso para los infectados, con el 34,4% de muertes. La gripe aviar se expandió en 2013 desde China, contagiando a 148 personas y con una tasa de mortalidad del 32,34%.

Por suerte y gracias a la intervención del hombre, el Wuhan de 2020 no es el Imperio Bizantino del año 541, ni la Europa de 1347, ni la China de 1855, donde brotes de peste diezmaron a las poblaciones, con diferentes efectos económicos, sin que nadie pudiese hacer nada para detener la enfermedad. Los virus SARS, MERS y H7N9 fueron bloqueados con relativa rapidez y, a pesar de sus considerables tasas de mortalidad, la mayoría de los casos de muerte ha ocurrido en el año de individuación de la enfermedad por las autoridades. Además, los casos de muerte se concentraron sobre todo en el país de origen del virus. Es probable que en el caso del virus 2019 Co-V se repitan los mismos rasgos. De hecho, leyendo los datos oficiales, ya es posible constatar que en el caso del coronavirus de Wuhan la tasa de mortalidad es del 2,3% en la China continental y del 0% en el resto del mundo.

Sin embargo, hubo diferente velocidades de intervención del gobierno chino en la guerra contra el SARS y contra el H7N9, con las consiguientes repercusiones no solo sanitarias sino también económicas. Según Qiu, Chu, Mao y Wu, de la Universidad de Griffith en el Queensland australiano, el Gobierno chino tardó más en enfrentarse al SARS que al H7N9. En el caso del SARS, la información fue tardía y hubo pánico a nivel social, con pérdidas en la economía china estimadas entre 12,3 y 28,4 billones de dólares y una reducción del PIB del 1%. A nivel global, las estadísticas no son claras, pero se estima que el SARS ocasionó pérdidas globales de entre 30 y 100 billones de dólares. La gripe aviar fue gestionada de manera mucho más eficaz. La rápida intervención de Pekín garantizó pocas pérdidas económicas a nivel internacional. Estiman Qiu, Chu, Mao y Wu que el virus H7N9 afectó significativamente a la avicultura china, con pérdidas de 40 billones de yuanes. También según Lee y McKibbin, de la Universidad de Corea, de la Universidad Nacional Australiana y de la poderosa Institución Brookings, los costes del SARS fueron relativamente altos.

Volviendo al momento actual, Pekín está controlando a los residentes de Wuhan, impidiéndoles viajar y ordenando el cierre de parques de atracciones como Disneyland y de restaurantes de comida rápida como McDonald’s. Estas medidas lógicamente se traducen en pérdidas de decenas de billones de dólares de empresas que no son solo chinas, sino también internacionales. Por tanto, y si comparamos el curso de los acontecimientos, es muy posible que los costes económicos del coronavirus de 2019 se acerquen a los que provocó en su día el SARS, aunque tal vez a la baja gracias a la intervención temprana.

Andrea Carrera es Profesor de Economía de la Universidad Nebrija