Ruta de las casbas, impresiones en la antesala del Sáhara

Al otro lado del Atlas aparecen paisajes de inusitada belleza

Casbas
Carretera en la ruta de las casbas.

Para muchos viajeros, el Marruecos más exótico comienza al otro lado del Atlas, la cordillera que divide el país en dos. El norte es verde y fértil; el sur, desértico y poblado de oasis; es la antesala del Sáhara, el lugar por donde discurre la ruta de las casbas y donde el encanto de estas tierras del norte de África se multiplica entre palmerales, cañones, gargantas, valles y montañas descarnadas, coronadas por impresionantes fortalezas y ciudades de adobe.

A 220 kilómetros de Marrakech, y tras superar los 2.280 metros del puerto de Tishka, se alcanza Ouarzazate. La ciudad se extiende en medio de una meseta desértica que contrasta con la vegetación del Alto Atlas, muy próximo. Fundada por los franceses en los años veinte del siglo pasado, Ouarzazate es conocida como el Hollywood de África, ya que ha sido escenario de películas como Lawrence de Arabia, La momia o Gladiator y, más recientemente, de algunos capítulos de Juego de tronos. Esta es la puerta del desierto y también el punto de partida para adentrarse en la ruta de las casbas, las ciudadelas o fortalezas de barro, decoradas con motivos geométricos, representativas de la cultura bereber, que abundan en esta parte del país.

Al otro lado del Atlas aparecen paisajes de inusitada belleza

En las afueras de la misma ciudad aparece la primera fortaleza, Taurit. Declarada Patrimonio de la Humanidad, esta casba fue residencia de uno de los gobernadores más poderosos de la región, y en ella vivía el clan familiar entero, unas 300 personas. Está considerada como una de las mejor conservadas y más hermosas de Marruecos.

Su interior estuvo decorado con maderas talladas y policromías y sus habitaciones se comunican por laberínticos pasillos. La habitación principal de los aposentos del gobernador cuenta con relatos del Corán, y una de las estancias más bonitas es la de la esposa favorita, con un balcón sobre el patio. En la parte interior de la muralla se encuentran varias casas de adobe.

Fortaleza con el Atlas nevado al fondo.
Fortaleza con el Atlas nevado al fondo.

La más fotografiada

A solo 30 kilómetros al norte de Ouarzazate emerge como un oasis en medio del valle del río Ounila el casar de Ait Ben Haddou. Se estima que esta ciudad fortificada, también Patrimonio de la Unesco desde 1987, fue construida en el siglo XI. Por su posición estratégica en la ruta comercial que unía Sudán con las ciudades imperiales marroquíes, pronto adquirió gran relevancia y afluencia de viajeros. Es una de las casbas más fotogénicas y visitadas y es fácil encontrarse con rodajes de pe­lículas en sus calles.

Las fortalezas de adobe son representativas de la cultura bereber

El lugar estuvo habitado por la tribu de los Ben Haddou hasta la década de los cincuenta del siglo XX. Hoy, siguen viviendo algunas familias que atienden los puestos de artesanía para turistas instalados en sus calles. Hace tiempo que sus habitantes se trasladaron al otro lado del río.
A lo largo del trayecto de Ait Ben Haddou hasta la vertiente norte del Alto Atlas se construyeron decenas de casbas, más modestas, que vivían sobre todo de los servicios que ofrecían a las caravanas comerciales. La mayoría están bastante deterioradas.

El valle del Dades

Una excursión obligada, al este de Ouarzazate, es el valle del Dades, que debe su nombre al río del mismo nombre que lo atraviesa. Es un sorprendente descubrimiento para el viajero, ya que se encuentra con zonas de nieve por un lado, el Alto Atlas, y zonas semidesérticas, el Anti Atlas, por otro. Aquí está ubicada la ciudad de Nkob, muy importante en la historia de las tribus bereberes de esta parte del país, y donde se pueden contar hasta 45 casbas, cascos antiguos o pequeñas villas y un gran palmeral.

El río Dades termina en Skura, un exuberante oasis, de los más grandes e interesantes del sur de Marruecos, que poco a poco se está convirtiendo en un gran centro turístico, con villas y hoteles de nueva construcción, aunque la esencia del oasis resiste en su laberinto de caminos, acequias y huertos.

Casa de adobe abandonada.
Casa de adobe abandonada.

Este valle es famoso también por sus rosas. Coincidiendo con la recogida de la variedad rosa de Damasco en mayo, se celebra un festival donde se exhiben productos elaborados con esta flor, y es cuando las calles se cubren con una lluvia de pétalos. Es conocida también el agua de rosas de la zona.

Al final del valle, cerca de la ciudad de Tinerhir, hay que visitar las gargantas de Todra, que con un salto de más de 300 metros de altura son un verdadero espectáculo que no hay que perderse.

El gran sur

El valle del Draa. El Draa era en la antigüedad un río permanente. Hoy, sus aguas desaparecen en la arena, tras recorrer unos 250 kilómetros. El valle del Draa es otra de las excursiones imprescindibles desde Ouarzazate. Bordeado de palmeras y casares de adobe, el recorrido conforma uno de los paisajes más singulares y bellos de todo Marruecos. Zagora es la última ciudad del valle. A partir de aquí aparecen las primeras dunas y las distancias ya no se miden en kilómetros. Al final de la calle principal, un cartel indica: “Tombuctú a 52 días… en dromedario”.

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