¿Cómo afectará la inteligencia artificial al futuro del empleo?

Nadie puede predecir el efecto de la robotización, pero si aplicamos solo una visión económica y no ética el cambio de modelo creará muchos perdedores

¿Cómo afectará la inteligencia artificial al futuro del empleo?

El mundo digital ha irrumpido en nuestra vida a mucha velocidad y se prevén cambios importantes en los próximos años a los cuales debemos adaptarnos. Todos los días vemos en las noticias, en los medios de comunicación, informaciones a propósito de la transformación digital, de la robótica, de la inteligencia artificial y de los posibles efectos, positivos y negativos, para la humanidad, especialmente para el trabajo. Continuamente se publican análisis e informes con visiones, muchas veces contrapuestas, donde se constata que estamos ante un asunto de rabiosa actualidad siendo el trabajo, especialmente el fin del trabajo, centro de atención del debate.

La realidad es que no hay pronóstico cierto. Es un momento de confusión en el que, tal vez, nos hacemos pocas preguntas. Preguntas con respuestas que nos ayuden a huir de quienes nos venden discursos catastrofistas sobre el fin del trabajo frente a las máquinas y, también, cómo no, que ayuden a evitar a quienes nos venden visiones tan optimistas como las que mantienen futuros inmediatos de una sociedad totalmente robotizada y en un bienestar pleno.

No existe un ámbito concreto en el que la trasformación digital pueda destacar, sino que su creciente influencia está abarcando prácticamente todos los aspectos de la vida y no hay colectivo que, ya sea por origen económico, geográfico, social, por edad, genero, o por alguna otra circunstancia personal, quede exento de su impacto. Por otro lado, la evolución de las tecnologías disruptivas que están confluyendo (inteligencia artificial, robótica basada en aprendizaje profundo, el internet de las cosas, etc.) está teniendo un crecimiento exponencial abocándonos a una velocidad de cambio difícilmente gestionable.

Existe un imaginario híperoptimista que ve un trabajo futuro donde pierden peso los horarios, donde se reivindica el tiempo libre como una condición básica de la libertad que puede venir dada por los robots. Desde esta visión, ellos facilitarán que dispongamos de muchas más horas de ocio.

Pero, por otro lado y con una visión opuesta, aparecen nuevas realidades. Aumentan nuevas formas de empleo, nada convencionales, como el nuevo jornalero colaborador de una plataforma uberizada. Las empresas cada día externalizan más actividades y surgen estructuras digitales que intermedian entre la oferta y la demanda de talento. Todo, además, en un mundo cada vez más globalizado donde las fronteras se hacen cada día más difusas.

Hay preguntas que conviene empezar a hacernos. ¿Cuál es el futuro del empleo? ¿Está sobrevalorado el concepto empleo? Empezamos a ver que cada vez es más sencillo automatizar trabajos y actividades intelectuales. Por otro lado, vemos también que, al contrario, muchos empleos en el sector servicios tienen más dificultad a la hora de ser automatizados. Es posible, y de hecho comienza a ser ya una realidad, que sea más sencillo tener un robot trader, contable o, incluso, psicólogos dedicados a seleccionar personas. Ya hay muchos ejemplos de este tipo de actividades automatizadas. En cambio, vemos la dificultad de automatizar profesiones como la de camarero. Por consiguiente, sí parece que el futuro del trabajo o de los empleos no va a depender exclusivamente de las capacidades intelectuales.

En un informe muy reciente de la consultora americana McKinsey se mantiene que en 2025 la IA podrá desempeñar el trabajo equivalente al que actualmente realizan entre 110 y 140 millones de personas en el mundo. Referencias similares son elaboradas a diario por innumerables instituciones y empresas. Se trata de datos francamente preocupantes.

Muchos ganan o ganaremos con los cambios, pero hay otros perdedores. Compañías importantes quedan dañadas en este proceso o simplemente desaparecen. Cada día es más difícil poner en duda que empezamos una nueva etapa de grandes restructuraciones y nadie se atreve a dar una opinión fundada sobre el efecto en el empleo. La mayoría son pesimistas, pero lo cierto, como decía, es que no hay pronósticos ciertos. Datos sí hay, y muchos, cada día más.

Sí es verdad que, a diferencia de otras revoluciones vividas en el pasado, los crecimientos actuales aún no conllevan incrementos sensacionales en el empleo, pero a pesar de la ansiedad por la destrucción de empleos provocada por la globalización del cambio tecnológico, es improbable que se produzca una fuerte disminución. Según el informe de la OCDE de 2019 sobre el futuro del trabajo, la cantidad de puestos de trabajo crece aunque hay riesgo de que otros desaparezcan (el 14% del empleo mundial tiene un alto riesgo de automatización), 75 millones de puestos perdidos vs. 130 millones que se crearán. Saldo neto muy favorable.

El problema radica en el tránsito entre estos dos momentos, la desaparición de muchos de los trabajos actuales y la aparición de los nuevos. Durante este tránsito, habrá muchos perdedores si no enfocamos el problema con una visión ética y no exclusivamente económica, abocándonos a conflictos entre quienes no tengan trabajo, lo pierdan o merme su calidad y los poderes públicos que no hayan visto venir el problema. Entre tanto, a veces los dirigentes políticos se sienten tan perdidos como la propia ciudadanía en un mar de nuevas siglas, nuevas tecnologías y nuevas empresas. Una candidez tecnológica difícilmente entendible a estas alturas del siglo XXI. Llama mucho la atención el enorme contraste entre la intensidad del cambio, lo profundo y global de este, y la poca o casi nula percepción del mismo. Especialmente, por parte de nuestros políticos.

Pero lo que sí debemos tener presente, además de comprometernos con los damnificados, es la necesidad de anticiparnos y prever soluciones. Todos debemos prepararnos para el impacto que la inteligencia artificial tendrá sobre el trabajo, y empezar a ser conscientes de la necesidad de formarnos, reciclarnos y reinventarnos en las nuevas habilidades que se demandan en un mercado laboral, para el que nadie nos había preparado ni advertido.

Jesús Briones es responsable de recursos humanos de Cepsa y profesor de la Universidad Nebrija