Fernández enciende las alarmas y asegura que Argentina no puede pagar su deuda

El Merval cede un 4,8% mientras que el peso y los bonos se mantienen estables

El peronismo ha formalizado este martes su vuelta al Gobierno en Argentina y lo ha hecho alertando al mercado. En su discurso de investidura, Alberto Fernández ha afirmado que su Gobierno tiene la "voluntad" de pagar la "insostenible" deuda pública que deja la gestión de su antecesor, Mauricio Macri, pero afirmó que "carece de capacidad de hacerlo". Pese a esta afirmación, el mercado no reaccionó con grandes sobresaltos. Aunque el Merval ha cedido un 4,8% -no obstante se trata de un índice que se caracteriza por ser especialmente volatil-, la divisa y los bonos se mantuvieron relativamente estables.

"No hay pagos de deuda que se puedan sostener si el país no crece. Tan simple como esto. Para poder pagar hay que crecer primero", ha subrayado ante las autoridades del Estado y mandatarios extranjeros que asistieron a la ceremonia de su asunción en el Congreso, en Buenos Aires.

Fernández ha asegurado que buscará una "relación constructiva y cooperativa" con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que en 2018 aprobó para Argentina un préstamo de 56.300 millones  de dólares (50.700 millones de euros), y el resto de acreedores, y lamentó que recibe un país "frágil" y "postrado".

Para el nuevo jefe de Estado, el Ejecutivo saliente adquirió "una inmensa deuda sin generar más producción para obtener los dólares para pagarla" y los acreedores asumieron el riesgo de invertir en un modelo que "ha fracasado" en todo el mundo.

"El Gobierno que acaba de terminar su mandato ha dejado al país en una situación de virtual default (cese de pagos)", ha afirmado, y ha recordado que esta situación le recuerda al "laberinto" con el que se encontró el país en 2003, cuando asumió el cargo de jefe de Gabinete de Néstor Kirchner (2003-2007), en un momento en el que el país luchaba por salir de la grave crisis del "corralito" de 2001. Según datos del Gobierno saliente, Argentina acumula una deuda pública total de 314.315 millones de dólares -frente a los 240.000 millones de finales de 2015-, de los que casi 44.000 corresponden al préstamo del FMI.

La renegociación con el FMI y la reversión de la crisis económica en la que se encuentra el país se encuentran entre los retos de este nuevo Gobierno, cuya vicepresidenta será Cristina Fernández de Kirchner, y que deja atrás los cuatro años de Mauricio Macri al frente de Argentina.

Para ello Fernández, que mantuvo la incógnita hasta el último instante, designó a Martín Guzmán, un discípulo del Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, con quien ha trabajado en los últimos años en Estados Unidos. Guzmán, que estará al frente de la cartera de Economía, se especializa en el estudio de las renegociaciones de deuda soberana -ha publicado numerosos documentos al respecto-, pero no cuenta con experiencia de gestión y es un desconocido para la opinión pública en la nación suramericana.

Argentina tiene un problema de liquidez y de solvencia (sostenibilidad de deuda). Resolverlo es condición necesaria para la recuperación”, apuntó el ministro, de 37 años, hace pocas semanas. Guzmán considera que “para empezar a resolver la crisis es necesario un reperfilamiento lo suficientemente elaborado como para asegurar la sostenibilidad de la deuda y, por ende, la capacidad de repago, que incluya no solo a los vencimientos de capital sino también a los intereses”.

Guzmán, en síntesis, propone vincular -y posponer- el pago de la deuda externa para cuando Argentina pueda retomar el crecimiento económico. El mercado no recibió de mala manera el anuncio de Guzmán y del resto de ministros que realizó Fernández el viernes al cierre del mercado. El lunes la Bolsa de Buenos Aires cayó un 0,4%, una variación mínima para un selectivo que acostumbra a tener subidas y descensos de entre el 3% y el 6%.

No será la primera vez que Alberto Fernández se enfrenta a una renegociación de la deuda estando en el poder. El mandatario era el jefe de gabinete de Néstor Kirchner (un cargo equivalente al de primer ministro) en 2005 cuando Argentina canceló su deuda con el Fondo Monetario Internacional y realizó una reestructuración de sus pasivos que contó con el 76% de la aceptación de los tenedores de la deuda. Sin embargo, la situación ahora es diferente. Kirchner y Fernández se encontraron, en 2003, con una Argentina que ya comenzaba a renacer de las cenizas tras la crisis de 2001, mientras que ahora se encuentra en plena caída.

Los datos que se encontrará Fernández son, casi todos, negativos. La inflación se encuentra en el 50,5% interanual. El PIB, en caída (bajó un 2,5% el año pasado y descenderá un 3,1% este 2019, según los datos del FMI). La moneda se devaluó un 83% desde que Macri es presidente y los ciudadanos, después de las elecciones generales de octubre, pueden comprar, como máximo, 200 dólares por mes debido a los controles de capitales que estableció el Ejecutivo. Como contraparte positiva, la gestión del mandatario saliente redujo el déficit del 6% al 4% y casi duplicó las reservas del Banco Central, que pasaron de las 25.000 a los 43.700 millones de dólares.

Fernández tendrá que lidiar con la inquietud de los inversores -entre ellos, muchos españoles-, las expectativas de buena parte de la ciudadanía y un Gobierno que cuenta con figuras muy diversas.

En lo que respecta a la empresa española, el presidente se reunió con entidades bancarias españolas y otras empresas del Ibex en su visita a España en septiembre tras haber triunfado en las elecciones primarias y les ofreció un perfil moderado proclive a la inversión privada. Sin embargo, no son pocos los empresarios que no olvidan la estatización del 51% de las acciones de la petrolera YPF a Repsol ordenada por Cristina Fernández en 2012. La presencia de compañías españolas en Argentina no es menor: es el principal inversor europeo y el segundo a nivel mundial, después de Estados Unidos.

Fernández también tendrá que lidiar con las altas expectativas de buena parte de la población con su Gobierno. Su jefe de gabinete, Santiago Cafiero, ya adelantó que las mejoras no serán inmediatas y deslizó que el control de capitales continuará, al menos unos meses.Ayer cientos de personas se congregaron en la Plaza de Mayo para festejar el regreso del peronismo.

Los festejos continuarán hoy a partir de las 18:00 (hora española) en un festival que será en la propia Plaza de Mayo en la que participará Andrés Calamaro, entre otros artistas. Fernández dará su mensaje inicial a partir de las 16:00 (hora española) ante el Congreso después de recibir los atributos presidenciales por parte de Macri. Después se trasladará a la Casa Rosada para recibir a Jefes de Estado y representantes de los países (la presidenta del Senado, Pilar Llop, será la representante de España), luego tomará juramento a sus ministros y después dará un discurso, junto a Cristina Fernández, en la Plaza de Mayo, donde se espera que se reúna una multitud.

Contentar a un movimiento político diverso

Otro importante reto que tendrá el nuevo presidente será el de liderar a un movimiento político diverso en el que conviven sectores que tienen marcadas diferencias. El peronismo, que se fragmentó en la última presidencia de Fernández de Kirchner y que continuó con su división en los primeros dos años del Gobierno de Macri, volvió a unirse a través del liderazgo de Alberto Fernández, una figura de consenso para articular a los sectores partidarios de la expresidenta y a los sectores críticos. Fernández, de momento, contenta a todos, pero todavía no ha gobernado y no se ha enfrentado a los problemas de Argentina, que podrían tener sus consecuencias al interior del movimiento, si las soluciones no aparecen o se postergan.

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