Miriam González Durántez: “Las reformas en España no pueden esperar”

Mujer comprometida, siempre se ha implicado allí donde ha vivido. Ya de niña repartía pegatinas de UCD en su pueblo, donde su padre fue alcalde

Miriam González Durántez, la semana pasada, en Madrid.
Miriam González Durántez, la semana pasada, en Madrid.

Es una abogada reconocida, especialista en comercio internacional y reglamentación europea. Miriam González Durántez (Olmedo, Valladolid, 1968) vive ahora en Palo Alto (California), es vicepresidenta de UBS Europe, miembro del European Council of Foreign Relations y fundadora de Inspiring Girls. Arrolladora, con un discurso bien argumentado, presentó la semana pasada en España su libro Devuélveme el poder (Ediciones Pirámide), en el que recoge sus reflexiones y vivencias personales en el mundo de la política. Conoce bien el terreno: su marido es Nick Clegg, exlíder del Partido Liberal británico que llegó a ser vice primer ministro en el Gobierno de David Cameron.

¿Por qué urge una reforma liberal en España?

Porque llevamos demasiados años de inmovilismo, porque las reformas no pueden esperar más. El resultado son estas elecciones, por lo que urge hacer reformas en el sistema, ya que existe una presión desde diferentes ángulos. Un tercio del Parlamento pone en cuestión el orden constitucional. Hay que empezar a hacer reformas básicas y sencillas, como la neutralidad de la Administración, la despolitización de la justicia o la apertura de los procesos legislativos.
En el libro se queja del excesivo personal que hay en la Administración.
Es que está al servicio de la clase política. Es el omnipoder de los líderes políticos, y realmente es una situación anómala. Durante los últimos meses hemos estado viendo cómo en este país no se podía llegar a ningún acuerdo. Porque lo que no se dan cuenta es que un acuerdo no tiene que ser el cien por cien de lo que quiere una de las partes, es ceder. Y aquí hemos visto a señores que no hablaban los unos con los otros, y nos han llevado a este descosido. Me sorprende que no haya más crítica. En el trabajo no elegimos con quién trabajamos y nadie nos consentiría esto que está pasando en la política.

¿Qué le ha parecido la dimisión de Albert Rivera?

Yo hubiese dimitido en caliente. Cuando le pasó a Nick [dimitió en 2015, tras el hundimiento del Partido Liberal como castigo del electorado por su coalición de gobierno con el conservador Cameron] y los primeros sondeos ya hablaban de debacle, le cogí de la mano, nos miramos y en ese momento empezó a escribir el discurso de dimisión. No hay otra opción. En el caso de Rivera no entiendo que haya dejado el escaño, porque el mensaje que transmite es que sí puedo estar de capitán, pero no de soldado raso. Puede ser una ayuda para solucionar cosas. Nick se quedó dos años en el Parlamento, y eso también supone una cura de humildad. Si miro hacia atrás, veo los errores que hemos cometido, pero qué sano es repensar lo que has hecho. Hay que saber tocar suelo con naturalidad, no siempre hay que estar en la cresta de la ola. Hay vida después de la política.

Su marido es ahora vicepresidente en Facebook, ¿qué puede aportar un político a una empresa?

Sobre todo, influencia en aquellos que son de tu cuerda. A las empresas les preocupa la inestabilidad política. A mis clientes del despacho les preocupa las guerras comerciales de Trump. Las empresas también necesitan de perfiles, como Javier Solana, que entiende perfectamente la dinámica europea. Hay una gran distancia entre la gente de la calle y los políticos. Tenemos que tener sentido de la responsabilidad social. Con las estructuras piramidales lo que se rinde es pleitesía, y perdemos calidad. Nosotros, cuando Nick llegó al Gobierno, no nos mudamos de nuestra casa, era importante que tuviéramos la misma vida que teníamos, que viéramos a los vecinos… Y es importante pensar que la política es para una temporada. Hay que mirar el largo plazo. Con el corto plazo podríamos votar todos los días, y aunque gestionamos el día a día, eso sería un desastre. Es el problema de los referéndums.

Que los carga el diablo.

La gente vota sobre otras cosas, no sobre lo que se le pregunta. Ahora, desde Estados Unidos veo la perspectiva de Reino Unido con preocupación por el efecto que tiene sobre Europa. La fragilidad de Europa está ahí. Macron ya ha alertado de lo frágil que es y lo fácil que es caer en la irrelevancia, y Alemania parece que entiende lo que hay que hacer. En Estados Unidos no se ve nada que no sea China. No es que no nos miren, es que no nos ven.

¿Qué salida le ve a Europa?

Tiene que empezar a hacer reformas. Desde 2007, está sin reformar. Son 11 años desde la crisis, y eso no ha ocurrido en ningún otro sector, que haya cerrado la puerta del castillo como lo ha hecho Europa. Todavía digerimos la ampliación de la Unión Europea, que fue una buena decisión, pero con un coste político. Operamos con los mismos mecanismos, con la misma caja de herramientas, de política de competencia y comercial. En relación con el mundo tecnológico, todo esto nos deja en desventaja. No hay liderazgo.

Es madre de tres hijos, ¿qué es lo que pretende con Inspiring Girls?                                              

Abrir horizontes, conectar a niñas de todo el mundo con mujeres que las inspiren. Tenemos demasiadas cargas, además de las profesionales, que los hombres no tienen. Nosotros educamos a nuestros hijos en la misma relación de respeto que hay entre Nick y yo. No somos de contrato, sino de equilibrio. Ahora he podido comprobar en Silicon Valley la cantidad de mujeres que no trabajan. Los fundadores de las grandes empresas son hombres y hay muy pocas mujeres. En Estados Unidos entran menos niñas a estudiar carreras técnicas, antes había clases académicas de programación y las hicieron extraescolares. Con Inspiring Girls, las mujeres se dan cuenta de que hay profesiones atractivas.

¿A usted no le gustaría entrar en política? 

Pienso en lo inmediato, en el día a día. Vivo lejos de aquí, pero eso no significa que no me interese lo que pasa en mi país. He estado involucrada en procesos de reforma en todos los sitios en los que he vivido. Siempre me he implicado. He trabajado para políticos en la Unión Europea, en el Reino Unido. Me volqué en el Brexit, montamos una guerra de guerrillas, fue una etapa muy intensa y abrimos otra posibilidad cuando pensábamos que no se podían reconsiderar las cosas.                                                                                                                     

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