La inversión en España en el nuevo escenario político

No conviene dramatizar con la ligera reacción negativa de los mercados de esta semana, pero sí debe servir de aviso

La economía española ha aprendido en los últimos años a convivir con la inestabilidad y la incertidumbre política. Es cierto que los índices bursátiles españoles se han quedado rezagados frente a los europeos, sobre todo en 2015 y 2016, el año con más tiempo de Gobierno en funciones, pero es difícil deslindar cuánto tuvo eso que ver con la diferente composición sectorial de los índices, y cuánto con la incertidumbre política. Lo cierto es que la economía ha seguido creciendo a un ritmo superior al de los países de nuestro entorno y que ni el Gobierno en minoría de Rajoy, ni la moción de censura, ni el bloqueo político de los últimos meses han impedido que la prima de riesgo española haya caído este verano a los niveles más bajos en una década, con costes de financiación en mínimos históricos y una creciente apuesta de los inversores extranjeros por nuestra deuda.

La confianza del mercado es clave para la evolución de la economía. El último gran episodio de desconfianza culminó en 2012, con la crisis del euro, una fuga récord de capitales, rebajas de rating de las agencias de calificación, crisis bancaria, rescate europeo y una prima de riesgo disparada, factores que agravaron la recaída en la recesión y llevaron al paro a niveles récord del 27% en 2013.

El anuncio de un acuerdo para un Gobierno de coalición entre PSOE y Podemos —cuya formación está lejos de estar garantizada aún— ha sido recibido con recelo por los empresarios y algo de nerviosismo por los inversores. Aunque no han faltado mensajes de optimismo y tranquilidad, como el de los consejeros delegados de Santander, Vodafone España o Merlin, las patronales han reclamado con razón un Gobierno moderado.

El compromiso con la estabilidad fiscal exigida por Bruselas se ha mantenido dentro de márgenes razonables con Nadia Calviño al frente de Economía, y su presencia como hipotética vicepresidenta del futuro Gobierno es la mejor garantía frente a las posiciones de Podemos, nada amables con la inversión y la actividad empresarial. El rigor fiscal es clave para mantener en costes razonables la financiación de la gran deuda de España y para ofrecer un paisaje benévolo para la inversión empresarial, que no pase por subidas agresivas de impuestos a las empresas, a los rendimientos del capital o a la renta de los particulares.

No conviene dramatizar con la ligera reacción negativa de los mercados de esta semana, pero sí debe servir de aviso. En Portugal, el Gobierno de izquierdas de António Costa fue mucho peor recibido por los inversores y acabó ganándose su confianza y reduciendo su prima de riesgo a niveles inferiores incluso a los de España. Ojalá el futuro Gobierno también lo consiga.