Los arquitectos critican las grandes promociones inmobiliarias de Madrid

Cargan contra las PAU y destacan los trabajos en edificios históricos y antiguos

Recreación del Complejo Canalejas y avenida en Las Tablas (Madrid).
Recreación del Complejo Canalejas y avenida en Las Tablas (Madrid).

Por el norte, la conocida como Operación Chamartín. Por debajo, el desarrollo de los nuevos barrios proyectados en el sureste, con promociones como Los Berrocales, El Cañaveral o Valdecarros. En medio, en el corazón de la ciudad, la rehabilitación y comercialización del complejo de lujo Canalejas. Son solo tres ejemplos que explican por qué Madrid se sitúa en el centro del mapa inmobiliario del país, recibiendo casi el 25% de todo el negocio promotor que se mueve en España, según datos de Fomento. Pero también son tres casos que ilustran –para mal y para bien– la metamorfosis que se está viviendo dentro del sector, con cambios sustanciales en la arquitectura o el diseño de interiores.

De ello hablaron este miércoles varios de los arquitectos e interioristas más conocidos del país, en un encuentro organizado por Colliers International para averiguar dónde se esconden la belleza y el diseño en los proyectos residenciales de hoy, a veces completamente alejados de estos objetivos. Antes de nada, un apunte: “Los madrileños hemos infravalorado nuestra ciudad. Hoy se ha convertido en la capital del mundo hispano y ha superado a Miami. Por eso, los latinoamericanos que quieren una segunda residencia ya miran hacia aquí”, apuntó Carlos Lamela, arquitecto y presidente de Estudio Lamela, y artífice del Centro Canalejas. “Madrid se identifica con una ciudad divertida, rica y segura. Y en lo relativo a los clientes hispanos no solo ha desbancado a Miami, también a Nueva York”, añadió Diego Rodríguez, interiorista en Concepto DR.

Esta proyección internacional, junto a la demanda de vivienda nueva, convierten a la ciudad en el centro del sector inmobiliario, recordó Antonio Pan de Soraluce, director general de Colliers. Sin embargo, la rápida expansión o una planificación no del todo cuidada han terminado por echar por tierra una tendencia que podría haberse desarrollado de otra forma.

Uno de los arquitectos más críticos con lo vivido hasta ahora es Rafael de La-Hoz, director del despacho que lleva su nombre: “Madrid ha traicionado su modo de crecer. Ya no lo hace en torno a algo. El mayor ejemplo son los PAU [Programa de Actuación Urbanística], tan fríos, solitarios y desangelados”. Este tipo de desarrollos, que han dado forma a zonas como Las Tablas, Sanchinarro, Valdebebas o las futuras promociones del sureste, han sido, en opinión de Carlos Lamela, “un desastre sin interés que ha consumido el suelo de Madrid, que tiene mucho que construir pero poco más que proyectar. El problema de la ciudad han sido los PAU y frentes como la Operación Chamartín, pero también la falta de rehabilitación de edificios y de mejora de barrios que ya existen”.

Esta expansión también ha favorecido, continuó Lamela, a engordar el fenómeno de la arquitectura low-cost, que promueve los bajos sueldos, las proyecciones que exigen más de lo que están dispuestas a pagar y un menor respeto hacia el arquitecto. “En España, a diferencia de otros países, nuestra figura es una mera imposición legal. Por eso no siempre que nos llaman es porque nos quieren, sino porque están obligados a contratarnos”, alegó De La-Hoz. “He ahí la diferencia con el interiorista, con el que contactan a propósito”, añadió.

De izquierda a derecha, el arquitecto Rafael de La-Hoz, el interiorista Diego Rodríguez, Antonio Pan de Soraluce (director general de Colliers), el interiorista Luis Bustamante y el arquitecto Carlos Lamela
De izquierda a derecha, el arquitecto Rafael de La-Hoz, el interiorista Diego Rodríguez, Antonio Pan de Soraluce (director general de Colliers), el interiorista Luis Bustamante y el arquitecto Carlos Lamela

Al otro lado de los PAU están complejos como el de Canalejas, pero también proyectos de rehabilitación de otros edificios históricos y de época, destinados no siempre a vivienda, así como la promoción de nuevas construcciones como Lagasca 99, desarrollada por De La-Hoz, y más insertadas en la ciudad. Es ahí, argumentaron los expertos, donde se encuentran más cómodos para trabajar, y donde sus figuras van poniéndose poco a poco en valor. El interiorista, prosiguió Luis Bustamante, director del estudio de diseño de interiores que lleva su nombre, “pese a no ser obligatorio en un proyecto, va creciendo. Es un tema esencialmente cultural, porque el cliente es cada vez más sensible y quiere la ayuda de un profesional que sepa trasladar su estilo y modo de vida a la vivienda”.

En este pequeño mundo, añadieron Bustamente y Diego Rodríguez, también hay una tendencia cada vez más extendida a intentar respetar el entorno y el lugar en el que se está: “Los clientes quieren sentir en su hogar que están en Madrid o en el lugar en el que esté construida la vivienda, y no tener una casa que podría estar en cualquier otra zona”.

Esto es algo que también se extrapola a esa arquitectura minoritaria: “Además de mejorar las zonas ya construidas, Madrid necesita más rehabilitación de edificios. Hoy tenemos el problema de que las cosas caducan muy pronto y rápidamente se convierten en obsoletas”, dijo Carlos Lamela. Es necesario, recordaron los arquitectos, apostar más por las construcciones endémicas de cada zona, y no tirarlas abajo para levantar otras que no tienen alma.

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