La nueva presidenta de Citi ya no es la chica aburrida de las M&A

Jane Fraser está a las puertas de dirigirlo tras romper todas las barreras en Latinoamérica y Wall Street

La nueva presidenta de Citi ya no es la chica aburrida de las M&A

Cuando Jane Fraser (Escocia, 1967), nueva presidenta de Citigroup, empezaba la veintena y empezaba a trabajar como analista de fusiones de Goldman Sachs, en Londres, se consideraba “la aburrida chica británica; los demás eran mucho más interesantes, venían de otros lugares”. Tres décadas después, la interesante es ella: además de presidenta (y número 2 en la práctica), será CEO de banca de consumo global.

Una vez, recordaba en 2016 en una conferencia en el foro Americas Society / Council of the Americas. la invitaron a jugar con el golfista Tiger Woods, que quería que Citi apoyara a su fundación. El partido se iba a televisar. Fraser nació en Saint Andrews, sede principal del Abierto Británico, pero ella se considera solo “ok” en el golf. “Mi reacción inmediata fue pensar que no soy lo suficientemente buena. Pero mi hijo de 11 años me dijo: “¿Por qué te preocupas, mamá? Nadie te va a mirar, van a mirar a Tiger, y podrás decir que jugaste con él”.

Es su reacción por defecto cuando surge una oportunidad vital o laboral: sentir inseguridad porque no va a hacerlo perfecto; pero eso no ha impedido que esté en la pole para ser la primera mujer en dirigir un gran banco de Wall Street.

Graduada en Económicas por la Universidad de Cambridge, en Goldman Sachs le entraron deseos de trabajar en el continente y aprender otro idioma. Alemania y España eran sus opciones. “Pensé que España sería mucho más divertida. Fue una gran decisión desde el punto de vista del idioma”. Goldman la ayudó a encontrar trabajo en Madrid, en Asesores Bursátiles (de donde saldrían muchas figuras de las finanzas, como Luis de Guindos). Sería en esa aventura donde conociera a su futuro marido, cubano y también del sector.

A los dos años, Fraser pensó que ir a EE UU “sería fascinante”, así que se matriculó en un MBA en Harvard. Luego pensó volver a Goldman, “pero había muy pocas mujeres en los servicios financieros. No eran felices, y los hombres tampoco. Tenían mucho éxito, pero era duro, y yo quería poder tener un marido”. Así que entró en servicios financieros y estrategia global de McKinsey, “que es algo más predecible y fácil que las M&A”.

Se casó, y en 1994, cuando estaba a punto de ser socia, decidió tener hijos, “en contra de todos los consejos. Pero no puedes conducir así tu vida. Me nombraron socia dos semanas después de dar a luz; mi marido decía que estaba un poco loca.”

En McKinsey trabajó en Nueva York y Londres, mientras su marido dirigía la división europea de Bank of America. Los cinco años de socia de Fraser fueron a tiempo parcial –al 60%–, mientras criaba a los niños. “Fue duro para mi ego, porque la gente a la que formaba iba ascendiendo y yo no. Pero no hay nada como tener hijos para ponerte los pies en la tierra. No puedes hacer todo al nivel al que te sientes cómoda. Estás exhausta, te sientes culpable, y debes aprender a hacer las cosas de forma diferente, a concentrarte en lo realmente importante, a decir que no; y también te vuelves más humano con los clientes, que afrontan muchos de estos problemas.”

Otra de las cosas que fue aprendiendo fue a comunicarse más con la gente para influir en ellos, como le recomendó un jefe. “No lo hacía por mi, sino por mi trabajo: eso me hizo sentir más cómoda”.

Cuando los niños crecieron, pasó a jornada completa en McKinsey. Pero no duró mucho. “En lugar de aconsejar, quería estar metida de lleno en los negocios, así que entré en Citi” en 2004, recuerda. “Me encantan las organizaciones globales, la diversidad”. Su marido, mayor que ella, acabó renunciando a su trabajo para facilitar la vida familiar.

En Citi, Fraser fue ascendiendo hasta dirigir banca privada desde Londres. Luego quiso cambiar a un tipo de negocio más operativo, y pasó a dirigir la división de hipotecas. Pero su reto más reconocido es el de mandar en Latinoamérica, ya desde Miami.

Eso incluía el banco mexicano Banamex, “que nunca había tenido a un jefe extranjero, y desde luego no a una mujer”, recuerda. Ante su primera alocución a los empleados, su marido le dijo: “Vamos a comprarte un vestido rojo, unos tacones altos, y vas a entrar con confianza, vas a ser tú misma. No intentes ser más macho que nadie.” Su español fluido completó la buena impresión. En Banamex se dedicó a inculcar una cultura más estadounidense.

Ahora, el CEO de Citi, Michael Corbat, de 59 años, ha optado por nombrarla presidenta ante los rumores que la situaban en HSBC o Wells Fargo, para que pueda demostrar que vale para el puesto más alto y sustituirle. Los últimos nombramientos de directivos en la banca estadounidense van en esa misma línea de fomentar la diversidad, de sexos y de otros tipos.

Fraser sustituye al frente de banca de consumo a Stephen Bird, que no estaba cumpliendo los objetivos, y que deja la entidad, que ha renovado dos tercios de su equipo ejecutivo en los dos últimos años. Ahora, Fraser deberá demostrar que, aunque no sea perfecta, es suficientemente buena.

Su carrera en el banco

Citi estuvo varios años intentando contratar a Jane Fraser, hasta que lo consiguió en 2004. Empezó dirigiendo la estrategia de cliente en la división de banca global y de inversión, y en 2007 ascendió a jefa global de estrategia y M&A.

En 2009 fue nombrada CEO de banca privada, división que tenía 250 millones de dólares de déficit y que devolvió a números negros, sustituyendo comisiones por bonus anuales, por ejemplo.

En 2013 pasó a dirigir CitiMortgage (hipotecas) desde San Luis (Missouri, EE UU); un año después, banca comercial y consumo de EE UU. Y en 2015, la división de Latinoamérica.