Cómo ha logrado el BCE reducir la brecha de género

Christine Lagarde se convierte este viernes en la primera presidenta del banco europeo

Christine Lagarde, nueva presidenta del BCE.
Christine Lagarde, nueva presidenta del BCE. GETTY

Con su metro ochenta de estatura está más que acostumbrada a romper los techos de cristal de la gran empresa y de las principales instituciones. Christine Lagarde, que este viernes se convertirá en la primera mujer en sentarse en la presidencia del BCE, pasó por la cartera de Economía del gobierno francés con Sarkozy, por la presidencia del bufete Baker & McKenzie, por el máximo órgano financiero del G7 o por la dirección del FMI. Con este movimiento al frente del órgano, que gestiona la política monetaria europea, suma un cargo más a su currículum, y también evidencia el cambio de rumbo que el BCE fijó en materia de género hace algo más de ocho años, del que se empiezan a recoger los primeros frutos.

Todo comenzó en 2011, cuando el Comité Ejecutivo del banco llevó a cabo una declaración pública en la que ponía en valor la diversidad como herramienta para impulsar la excelencia y mejorar la institución. A raíz de este movimiento, desde el departamento de recursos humanos se impulsaron diferentes medidas, y la brecha de promoción, una de las consecuencias directas más visibles de la desigualdad, se consiguió reducir en un 80%. La economista sénior en el departamento de investigación de política monetaria del BCE, Ana Lamo, es una de las expertas que ha estudiado este fenómeno en base a la trayectoria de más de 1.000 economistas que han trabajado en el eurobanco en los últimos años: “El nombramiento de Lagarde es una señal para todas nosotras, porque al mirar hacia arriba por primera vez vemos a una mujer. Eso demuestra que podemos llegar ahí, y que las cosas están cambiando”.

En este periplo de casi una década se han tenido que poner en marcha varias medidas, que Lamo y otros expertos recogen en el estudio La brecha de promoción de género. Algunas son “contar con mujeres en los programas de selección, disponer de la figura de un mentor, impulsar programas de formación en liderazgo para mujeres o fijar objetivos de porcentajes femeninos en determinados grupos de gestión. Este año, además, se ha lanzado una beca para las estudiantes de máster”, prosigue Lamo. Lo que ha funcionado, añade, no ha sido una medida en concreto, sino el conjunto de todas ellas: “Se ha generado un cambio de mentalidad en el banco, porque se ha empezado a hablar de género, de conciliación y de igualdad”. Además, se ha logrado que en los puestos directivos, no solo de técnicos o economistas, la cuota femenina llegue al 30%, “el objetivo que el banco se había propuesto. Esto no quiere decir que haya un equilibrio total, pero sí que las cosas vayan mejorando”.

También se han conseguido identificar cuáles eran los principales escollos que impedían el ascenso y la promoción femenina. “Antes de 2011 sabíamos que las mujeres pasaban en menor proporción de una banda salarial a otra mayor”. Hoy ya se sabe que hay determinados factores que inciden en estos números, como el hecho de tener hijos o el recelo a ofrecerse a puestos en los que se cree que hay una gran rivalidad. “Las mujeres se presentan mucho menos a aquellas plazas en las que se intuye que hay competitividad. Hay mucha literatura científica que nos demuestra que por diversos motivos ellas progresan menos en ambientes muy competitivos. Tardan más en decidirse a solicitar ese ascenso, esperan siempre a estar más preparadas. Y por eso también una vez que se presentan tienen más probabilidades de ganarlo”.

La brecha de promoción se ha reducido un 80% en ocho años

Pese a todos los avances, señala Lamo, la economía sigue estando dominada por los hombres, y el BCE no es ajeno a esta realidad. La brecha de género en este sector tiene un problema de entrada –porque en los inicios hay menos mujeres que varones– que se agrava con una pérdida a medida que avanza el camino, porque hay mucha competencia y buena parte de las mujeres se van descolgando, desarrolla la experta.

Esto tiene sus mayores consecuencias en los altos organismos de la propia institución, ya que en el estamento de los empleados rasos la paridad está mucho más cerca, con un 55% aproximado de varones. A día de hoy, de los 26 miembros del Consejo de Gobierno del BCE solo uno es una mujer. Y aunque esta diferencia no depende del propio BCE, porque los componentes del Consejo de Gobierno no son elegidos internamente, sino por los seis miembros del Comité Ejecutivo, escogidos a su vez por el Consejo Europeo y los gobernadores de los bancos centrales, “la cifra sí evidencia esa brecha de género que sigue habiendo en la economía”. Comprender las principales claves de las diferencias de género es vital para mejorar la comprensión de cómo puede cerrarse la brecha y asegurar que las mujeres estén adecuadamente representadas, afirman los economistas que han estudiado el caso.

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