Los huertos urbanos ya crecen en las grandes empresas

Empresas como Merlin Properties están instalando estos cultivos en sus sedes

Huerto urbano en el edificio Vía Norte, de Merlin Properties.
Huerto urbano en el edificio Vía Norte, de Merlin Properties.

Lo que empezó como una iniciativa de asociaciones de vecinos y colectivos barriales ha dado un salto hasta colarse en el interior de las sedes de varias grandes empresas. Los huertos urbanos, que comenzaron transformando el uso de descampados olvidados en varios distritos y pueblos, han llegado a las azoteas y terrenos de compañías como Renault, Mahou San Miguel o VASS. Todo tras la puesta en marcha de un proyecto diseñado por Merlin Properties y la consultora inmobiliaria CBRE.

La iniciativa comenzó, cuenta Javier Zarrabeitia, director de oficinas de la socimi, con la puesta a punto de un huerto ecológico en el edificio que la sociedad gestiona en la Avenida de Europa, en el parque empresarial de Alcobendas (Madrid), y en donde tienen sus oficinas varias organizaciones. También hicieron lo propio con mesas de cultivo en el edificio Vía Norte, en Las Tablas de Madrid. En total, “hemos destinado más de 150 metros cuadrados a este proyecto, y ahora es el mayor huerto que hay en España dentro de una empresa”.

El espacio total, dividido en 48 metros cuadrados de bancales y 132 metros cuadrados de suelo, se sitúa en las zonas verdes aledañas a los edificios. Allí, prosigue Zarrabeitia, gracias a la colaboración de la Fundación Juan XXIII Roncalli, ya se están plantando distintas verduras y frutas, además de hierbas aromáticas y hortalizas. “Está previsto que la producción principal de frutas y verduras, que además los empleados se podrán llevar a sus casas, alcance los 600 kilos al año”, añade.

Quienes han estado detrás de toda esta infraestructura y conocen bien el negocio de estos espacios son los fundadores y gerentes de La Huertoteca, una empresa especializada en el sector que empezó a operar en 2016, y que tras llevar sus productos y diseños a clientes particulares, asociaciones de diversa índole y colegios, ha empezado a trabajar recientemente con varias grandes compañías. “Vimos que era una buena oportunidad de negocio, sobre todo ahora, que hay mayor concienciación social acerca del origen de los alimentos que consumimos y del impacto de la industria alimentaria en el planeta y el calentamiento global”, explica María Abalo, directora de marketing de la firma.

La demanda de este tipo de soluciones, continúa la portavoz, crece poco a poco. A día de hoy, de cada cinco solicitudes que llegan para instalar estos huertos, una procede de una organización. No obstante, eso no significa que todas salgan adelante, porque se necesita una inversión inicial que puede moverse alrededor de los 3.000 euros, además de la infraestructura y el espacio adecuado: “Normalmente hablamos de azoteas, y no todas están preparadas para soportar el peso, o de jardines y zonas verdes de las sedes”, señala. Los precios pueden aumentar si lo que se demandan son bancales a medida y una infraestructura ya preparada y puesta a punto, con sustrato y plantas ya crecidas. Otros modelos, que parten de los 1.000 euros, son más simples. “Y aunque el interés no lo es todo, porque el proyecto tiene que ser viable, prácticamente todas las iniciativas pueden llegar a ver la luz”, explica.

Más allá de la sostenibilidad y la calidad de los alimentos que los empleados se llevan a casa, subraya Abalo, también entran en juego aspectos como el ambiente que se vive en la oficina, el trabajo en equipo y por proyectos, o la capacidad de gestión y liderazgo. “La salud y calidad alimentaria es uno de los factores principales. Pero no podemos olvidarnos de la otra vertiente, que es mejorar las relaciones entre trabajadores e incentivar una forma diferente de construir y hacer equipo”, explica.

Es algo que también confirma Javier Zarrabeitia: “Hablamos de una innovación en la prestación de servicios de nuestros edificios. Todo esto sirve para mejorar la experiencia de los inquilinos y para aumentar el sentido de pertenencia entre las empresas y sus activos. A veces no es fácil encajar aspectos sociales en el valor de un activo como un edificio”, cuenta.

De hecho, reconoce, al ser poco habitual, la iniciativa llegó a sorprender a los propios inquilinos, que vieron con cierto escepticismo los primeros pasos del proyecto, “hasta que vieron los bancales, el goteo y los primeros frutos”. Los próximos pasos para la socimi, explica Zarrabeitia, es llevar el proyecto a otras de sus sedes. Ya están en camino los huertos urbanos para la Torre Chamartín y el Complejo Adequa (también en Las Tablas de Madrid).

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