Carlos Rueda: “Es difícil que un robot sustituya a un abogado”

Tiene mandato para dirigir el despacho de abogados hasta 2021, y cree que con el Brexit y la falta de Gobierno a España se le acumulan los problemas

Carlos Rueda, socio director de Gómez-Acebo & Pombo.
Carlos Rueda, socio director de Gómez-Acebo & Pombo.

Se incorporó a Gómez-Acebo & Pombo (GA_P) en 1992, despacho en el que en 2016 fue elegido socio director. Carlos Rueda (Madrid, 1965) es licenciado en Derecho por la Universidad Pontificia Comillas y después de un periodo como abogado del Banco Central Hispano se unió al citado bufete, en el que trabajan 280 letrados. Ha sido socio del área de banca y mercado de capitales y director de la oficina de Lisboa. Entre sus retos se encuentran incorporar a las nuevas generaciones a la firma, siendo un polo de atracción y de retención de talento, además de competir dentro de un mercado maduro como es la abogacía con nuevos proveedores de servicios jurídicos. Es deportista, le gusta correr varios días por semana y entre sus grandes aficiones está la de ser seguidor del Atlético de Madrid.

¿Hay síntomas de inestabilidad económica en España?

No dejamos de crecer por encima del 2%, en sintonía con el crecimiento de la UE. El consumo, la productividad y la balanza exterior acompañan. Parece que hemos aprendido de la anterior crisis, aunque los españoles tenemos cierto riesgo a olvidar nuestro pasado. Hemos mejorado en productividad y eficiencia. Estamos saliendo del periodo de observación, con unos indicadores internos razonablemente buenos; además, España es un país interesante para los inversores extranjeros. Hay estabilidad, y por mucha amenaza que exista, es una jurisdicción interesante.

¿Qué buscan los inversores en España?

Un marco estable y unas expectativas de retorno razonables. Hay unos sectores profesionalizados, empresas sólidas y asesores solventes. Es un entorno atractivo para invertir, una mezcla de ingredientes que hace que no sea un país con un riesgo elevado, sino con un retorno adecuado. Además, hay sectores interesantes, como es el de la energía, infraestructuras, turismo, transporte...

Sin embargo, la tasa de desempleo, sobre todo juvenil, sigue siendo una asignatura pendiente. 

Es un tema que no está arreglado, siempre hay algo que mejorar. En el empleo joven, la formación profesional es un asunto pendiente de la educación. Hay un exceso de titulados universitarios, y eso es dramático y frustrante, debería haber un equilibrio, porque en España se han perdido muchos oficios. Tenemos muchos licenciados en Derecho, en Económicas, pero no es un ningún desdoro no tener tantos universitarios, porque es más fácil encontrar abogados que se van recolocando en otras profesiones que profesionales de oficios.

¿Hay demasiados licenciados en Derecho?

Posiblemente, sí. Siempre ha sido una carrera comodín y no se ha perdido esa polivalencia. Estudiabas Derecho y te podías dedicar a la banca. Ahora, con los grados, la gente estudia cosas más especializadas. Los estudios deben encaminarse a la vocación.

Muchos empleos van a desaparecer con las nuevas tecnologías.

Hay ciertas dudas sobre qué empleos van a desaparecer. Los ascensoristas han desaparecido. No sabemos lo que viene, no sé qué va a desaparecer, y no debemos lanzar un mensaje apocalíptico. Las tecnologías están cambiando las cosas, pero el factor humano permanecerá. La tecnología potenciará el talento, no lo sustituirá.

¿Un robot podrá sustituir a un abogado?

No creo, es difícil; podrá ayudar con la predictibilidad, con la gestión de documentos, con el conocimiento de sectores, pero no sustituirá al elemento personal, como tampoco ocurrirá con los médicos. El factor de confianza es esencial, y un abogado soluciona problemas.

¿Qué grado de incertidumbre está produciendo, en estos momentos, el Brexit en la comunidad empresarial?

La amenaza de un Brexit duro que parece acercarse como desenlace más probable en este momento ya se está haciendo notar en sectores como el turismo, el comercio bilateral y la inversión. La inestabilidad y la incertidumbre conjugan mal con los proyectos empresariales, y lógicamente paralizan, o al menos retrasan, en buena medida las tomas de decisiones empresariales que afectan al negocio entre Reino Unido y España.                                                     

¿El hecho de que todavía no haya Gobierno formado en España repercute en la actividad económica?

Nuevamente, es un elemento de incertidumbre que además se está prolongando ya por un periodo largo de tiempo, y que de momento ha desembocado en nuevas elecciones con un resultado incierto. La gran inercia positiva que llevaba la economía española en los últimos años parecía poder permitir sobreponerse a situaciones como la que estamos viviendo de falta de Gobierno. Sin embargo, la persistencia de esta situación, unida al resto de indicadores globales, como los continuos altercados en la guerra comercial entre China y EE UU, la ralentización de los motores económicos europeos, el propio Brexit y, más recientemente, los disturbios en Hong Kong y la previsible subida de los precios del petróleo como consecuencia de los acontecimientos en Arabia Saudí, parecen marcar un futuro inmediato menos optimista, en el que la ralentización parece el menos malo de los escenarios.

¿Necesitaría la clase política recurrir al arbitraje o a la figura de un mediador para llegar a acuerdos?

Veo complicado que puedan utilizarse medios de resolución de conflictos para alcanzar acuerdos políticos y tampoco creo que la clase política lo considerase como una vía de lograr el entendimiento. La esencia de la política debe ser el servicio al ciudadano, y en clave de servicio deben tratar de conseguirse acuerdos que cada vez van a ser más necesarios dado lo plural del espectro político que parece que vamos a tener en los próximos años.

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