Iglesias y Rivera, apóstoles del bipartidismo

Los cuatro últimos comicios demuestran que Podemos y Cs han complicado la gobernabilidad

Iglesias y Rivera,
apóstoles del bipartidismo

La inminente convocatoria de elecciones generales retrotrae a lo ya vivido en 2016, cuando los políticos no supieron qué hacer con el resultado de las urnas del 20 de diciembre de 2015 y convocaron de nuevo al pueblo para el 26 de junio de 2016. Para llegar de nuevo al Gobierno, Mariano Rajoy necesitó dos elecciones y la abstención técnica de 68 diputados del PSOE, lo nunca visto entre dos partidos que se consideran alternativa mutua.

¿Qué lecciones hemos sacado desde entonces? ¿Para qué han venido Podemos y Ciudadanos? ¿Quieren reemplazar al PSOE y al PP? Todo apunta a que del 10-N saldrá más bipartidismo gracias a la incapacidad de los nuevos partidos de contribuir a la gobernabilidad de España, mientras que sí lo han hecho a escala municipal o regional.

En noviembre de 2011, Mariano Rajoy ganó las elecciones generales por mayoría absoluta, con 186 diputados, frente a 110 que obtuvo el recientemente fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba. El PSOE recogió la cosecha que se produce después de años de inundaciones, pedrisco y sequía. Las elecciones se produjeron en medio de la tormenta perfecta que representa la mayor crisis económica que ha vivido España desde la Guerra Civil.

El PP disfrutó de una cómoda mayoría absoluta, que le permitió capear con inteligencia un momento económico también terrible, con la cuasi intervención de España en junio de 2012. Nunca se agradecerá lo suficiente a Rajoy que España no terminara con la caja intervenida y que no cayera en tentaciones extremistas con la crisis de Cataluña, puesto que dentro de su partido y de sus voceros había defensores de sacar los tanques a la Diagonal. Y no eran pocos, no hay más que ver a cuantos ha reclutado VOX.

La primera legislatura de Rajoy terminó cuatro años después con la crisis económica encauzada, que no resuelta, y el problema del encaje de Cataluña abierto en canal. Estos dos factores, crisis y Cataluña, llevaron a que la gran novedad de las elecciones fueran Podemos y Ciudadanos y que tuvieran un notable éxito para ser la primera vez que concurrían a unas elecciones generales.

El resultado de la convocatoria de 20 de diciembre de 2015 colocó al PP con 123 diputados (exactamente los mismos que tiene hoy Pedro Sánchez y no le han servido), el PSOE, con 90; Podemos y sus confluencias, con 71, y Ciudadanos, con 40.

Este reparto de escaños resultó inútil al PP y al PSOE. Mariano Rajoy ni siquiera intentó pactar nada y Pedro Sánchez se encontró con calabazas de Pablo Iglesias, con quien sumaba 161 y trabajando a otros partidos, eso sí, independentistas, podría haber logrado el Gobierno. Sánchez sí convenció a Rivera pero la suma (130) no valía para nada. Todo ello llevó a que Mariano Rajoy convocara elecciones de nuevo para el 26 de junio de 2016.

Estos seis meses de intento de Gobierno por parte de Sánchez beneficiaron exclusivamente a Mariano Rajoy, que aumentó su grupo parlamentario en 14, hasta 137, mientras que Podemos repitió los 71, el PSOE perdió otros 5 y Ciudadanos se dejó 8. Este nuevo escenario fue suficiente lección para el PSOE, que no para Pedro Sánchez (entonces instalado en el no es no), y tras una enorme crisis interna permitió la toma de posesión de Rajoy, que caería año y medio después como consecuencia de la alergia al PP que generó la sentencia del Caso Gürtel, en mayo de 2018. Esta sentencia aglutinó compañeros de viaje inimaginables un mes antes y Pedro Sánchez acabó de presidente del Gobierno, moción de censura mediante.

De ahí vienen las tardías elecciones del pasado 28 de abril, en las que el PP saca 66 diputados y se asoma al precipicio, mientras que el PSOE cree tocar el cielo porque obtiene los mencionados 123 diputados que fueron insuficientes a Rajoy en 2015.

La evolución de los dos grandes partidos tiene mucho que ver con la marcha de sus segundas y terceras marcas. La alegría del PSOE se justifica porque ha revertido la tendencia y cree que ha embridado a Podemos, que pierde 29 diputados. Ciudadanos se crece porque aumenta en 25 y se planta con 57, muy cerca del PP (66), pese a que ha emergido VOX con 24 diputados.

Repasar cómo fueron las últimas cuatro convocatorias permite concluir que la llegada de Podemos y Ciudadanos ha venido a complicar la gobernabilidad de España. Podemos tuvo la oportunidad de evitar unas segundas elecciones en 2015 y no lo hizo. Ciudadanos, que apoyó a Rajoy en 2016, prefiere disputar al PP el liderazgo de la derecha que apoyar al PSOE, y eso que entre los dos tendrían una cómoda mayoría absoluta de 180 diputados.

Es seguro que los españoles están tomando nota y todo hace pensar que el bipartidismo tocó suelo en abril pasado. PSOE y PP sumaron 296 diputados en 2011; la crisis económica y Cataluña los rebajó hasta 213, en 2015; la repetición de elecciones los aumentó (solo por el PP) hasta 222, en 2016, y en la pasada convocatoria bajó a 189, esta vez ya con VOX también recortando diputados al PP.

El espectáculo vivido en este verano hace fácil comprender que las encuestas penalicen a Podemos, Ciudadanos y VOX y que haya muchos votantes que piensen que con el bipartidismo se vivía mejor. Millones de españoles han dado su apoyo a Podemos y Ciudadanos, votos que han contribuido a votar cuatro veces en menos de cuatro años, no a gobernar.

La conclusión es sencilla, partidos que están siendo útiles en ayuntamientos y comunidades se han mostrado como el perro del hortelano, ni gobiernan, ni dejan gobernar.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información y Profesor de la Universidad Complutense

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