WeWork reduce las posibilidades de los mercados privados

Las startups son privadas durante más tiempo porque el dinero resulta más accesible. Pero puede llevar a una mala gestión y valoraciones poco realistas

Logo de la compañía WeWork en uno de sus espacios de co-working de Nueva York.
Logo de la compañía WeWork en uno de sus espacios de co-working de Nueva York. Reuters

Lo privado supera a lo público, según muchos empresarios. La abundancia de dinero procedente de fondos soberanos, capitalistas de riesgo, empresas de capital riesgo e incluso inversores de capital tradicionales ha permitido que las empresas de nueva creación crezcan rápidamente sin los condicionantes que conllevan las cotizaciones en Bolsa. También ha permitido una mala administración y valoraciones poco realistas. El desafortunado WeWork muestra que la brecha es amplia.

La compañía de oficinas compartidas dirigida por Adam Neumann podría salir a Bolsa con una valoración tan baja como 20.000 millones de dólares (18.000 millones de euros), menos de la mitad de los 47.000 millones de dólares (41.000 millones de euros) que implicaba su última recaudación de fondos privados hace tan sólo ocho meses. El mercado no ha visto una ronda negativa de tal envergadura desde que la compañía de pagos Square hizo su oferta pública inicial hace cuatro años. El problema no es que los inversores en el mercado público sean demasiado estrechos de miras, sino que los inversores privados han tenido los ojos demasiado abiertos.

SoftBank y su gigantesco Vision Fund es el mayor culpable. Ha invertido más de 10.000 millones de dólares en WeWork, incluyendo el cheque que produjo ese precio de 47.000 millones de dólares. Sin embargo, la empresa japonesa no está sola. Las firmas de capital de riesgo inyectaron un récord de 131.000 millones de dólares en nuevas empresas de EE. UU. en 2018. Blackstone se une a sus rivales de capital privado TPG Capital y KKR para entrar en el juego. Incluso los gestores de fondos de inversión colectiva como Fidelity realizan inversiones antes de salir a Bolsa.

WeWork hace hincapié repetidamente en sus ambiciones de crecimiento en su informe de salida a Bolsa, pero el beneficio no es una prioridad. La compañía ha perdido 3.600 millones de dólares con 4.700 millones de dólares de ingresos en los últimos tres años y medio. La empresa de viajes compartidos Uber Technologies, que tampoco es rentable, cotiza actualmente un 28% por debajo del precio al que cotizaba en mayo.

Los inversores del mercado público pueden ser propensos al corto plazo, y las exigencias de beneficios trimestrales son una carga para la dirección. Sin embargo, la aportación colectiva de millones de inversores permite medir mejor el valor que el de unos pocos. Y el mercado tiene menos tolerancia para supervisar los derechos de voto y las transacciones con partes relacionadas.

Tal disciplina podría mermar el patrimonio neto de Neumann, y WeWork es tan complejo que no parece adecuado para los mercados públicos de hoy en día. Pero ese es quizás el punto: dar forma a las empresas para que se adapten a los mercados públicos, lo que puede hacerlas más simples y valorarlas de forma menos extravagante. Una buena manera de aumentar sus posibilidades de supervivencia. Las acciones de Square han subido un 600% con respecto a su precio de salida a bolsa.

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