Las subastas de energía obstaculizan las renovables

España no debería emular el proceso de Portugal, que se ha cerrado a precios muy bajos

Paneles solares instalados en Sevilla.
Paneles solares instalados en Sevilla. EFE

Portugal acaba de subastar 1.400 megavatios (MW) de capacidad renovable y ha obtenido unos resultados espectacularmente bajos. A falta de publicación de los datos oficiales, los precios medios a los que habría adjudicado la capacidad subastada rondarían los 20 euros/MWh, menos de la mitad del precio actual del Mercado Ibérico Mayorista. Unos precios que suponen un auténtico récord, ya que son los más bajos vistos hasta ahora en subastas de energía eléctrica o PPA –entendiendo estas como los acuerdos de compraventa de energía entre un generador y un comprador– en todo el mundo.

Hace poco nos sorprendió la noticia de que, aquí en España, el Ministerio para la Transición Ecológica se plantea aplicar el mismo modelo de subasta eléctrica ejercido en Portugal. Si bien es cierto que no puede hacerse de momento, ya que esta medida requiere cambiar la normativa y un Gobierno en funciones no puede cambiarla, la puesta en práctica sería perjudicial para los consumidores. Es cierto que el abaratamiento de la energía, a primera vista, puede parecer positivo, pero hay tres motivos –relacionados entre sí– por los que no lo es, englobados todos en una misma máxima: restringir la competencia, a la larga, nunca acaba beneficiando al consumidor.

Por un lado, esta medida asustaría a posibles inversores en proyectos puramente merchant (sin precio garantizado por una subasta o por un PPA); es decir, hablamos de aquellos inversores que asumen al 100% el riesgo de mercado. Es muy difícil, por no decir prácticamente imposible, rentabilizar un proyecto de inversión en una planta solar fotovoltaica o eólica con los costes de inversión y de operación y mantenimiento actuales y con expectativas de precios de mercado tan bajos como los resultantes de las subastas de Portugal.

Por otro, la opción de la subasta establece una referencia para contratos PPA. Los offtakers (compradores de energía) de esos contratos van a pretender negociar precios de compra venta a largo plazo en niveles parecidos a los alcanzados en las subastas.

Lo más probable es que la mayoría de los productores o empresas promotoras no estén dispuestas a aceptar niveles de precios tan bajos, y en caso de que lo hicieran casi seguro que las entidades financieras no estarán dispuestas a financiar proyectos con PPA a precios fijos de ese nivel. Sin financiación, muchos desarrollos no podrán llevarse a cabo.

Por último, relacionado con todo lo anterior, con referencias de precios tan bajas y sin PPA, el desarrollo de proyectos renovables fuera de los adjudicados en las subastas se frenará. ¿Quién iba a arriesgarse a desarrollar proyectos sin un precio asegurado por una subasta? De modo que el Gobierno tendrá en su mano alcanzar o no alcanzar los objetivos de instalación de capacidad renovable. Solo se instalará la capacidad que se subaste.

Así pues, existe tanto el riesgo de que no se subaste toda la capacidad necesaria para alcanzar los objetivos de desarrollo renovable del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) como de que se subaste más capacidad de la necesaria si no se hacen bien los cálculos. El PNIEC en España ha calculado el objetivo de capacidad renovable a instalar basándose en un rendimiento histórico y, por lo tanto, menor que el que permiten las tecnologías solar fotovoltaica y eólica actualmente (que previsiblemente será aún mayor en el futuro) y eso da como resultado mayor capacidad a instalar para alcanzar un objetivo de generación renovable que si se hubiera calculado con rendimientos actuales o futuros.

Consideramos que la intervención del Gobierno a través de las subastas distorsiona el mercado e introduce un riesgo regulatorio adicional innecesario. Nuestra recomendación, por tanto, es dejar que el mercado actúe, que instale la capacidad que admita por mecanismos de mercado y que el papel del Gobierno sea el de facilitador para que eso ocurra, impulsando la electrificación de la sociedad y ayudando a que se cierre el hueco térmico; es decir, acelerando, en la medida que la ley lo permita, el cierre de plantas de tecnologías contaminantes (carbón y ciclos combinados de gas) y, por supuesto, ordenando el acceso y conexión a la red.

Cuando decimos que hay que dejar que el mercado actúe solo, nos referimos a que la energía solar da cada vez mayor rentabilidad y los costes de la instalación se van reduciendo. La tendencia nos demuestra que las subastas de energía solar se cerrarán cada vez a precios más bajos, especialmente debido a que los costes de las renovables se han reducido significativamente en los últimos años, y seguirán haciéndolo. Por otro lado, cada vez estamos más próximos a alcanzar objetivo de generación a partir de renovables previsto por el PNIEC.

Terminamos haciéndonos una pregunta: ¿quién se beneficia realmente de unas subastas con precios tan bajos? Animo a que cada cual responda a esta pregunta como considere oportuno.

Nuestra respuesta es: se beneficiarán aquellas empresas que estén dispuestas, y que puedan permitirse, sacrificar la rentabilidad de determinados proyectos para frenar la competencia y que además no necesiten PPA para financiar esos proyectos. Ellas serán las grandes beneficiadas. Por eso, incidimos en la idea de que restringir la competencia nunca acaba beneficiando al consumidor a largo plazo.

Luis Villar es asociado de Ekon Strategy Consulting

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