Los bancos rotan su cartera de deuda soberana para mejorar resultados

Han ganado posiciones en bonos italianos, donde el riesgo de impago, visto el activismo del BCE, sigue siendo muy improbable

La banca comercial ha utilizado siempre los bonos de deuda soberana como un estabilizador de la cuenta de resultados, ya que tradicionalmente la deuda pública ha sido considerada un activo libre de riesgo, puesto que la posibilidad de un impago por parte de los Estados es altamente improbable. En el caso de los bancos españoles, han acaparado en sus balances ingentes cantidades de títulos emitidos por el Tesoro, y han sido de forma regular el primer tenedor de los instrumentos de deuda estatal, al menos de la que está en manos de residentes. Ahora la gran banca española tiene en sus carteras deuda soberana española por valor de 125.000 millones de euros, con un descenso de un 8% sobre la que tenía hace un año, como consecuencia de una rotación activa de las carteras de títulos soberanos practicada por todas las entidades, buscando la mejor fórmula para nutrir una cuenta de resultados demasiado estresada por los márgenes tan estrechos que fuerzan los tipos de interés nominales tan bajos.

Los bancos han actuado, a fin de cuentas, como intermediario entre los ahorradores nacionales y sus Estados para la colocación de la deuda, con el consiguiente margen de intereses. De hecho, hasta los primeros años de este siglo, la banca disponía de más recursos de clientes en forma de depósitos que crédito concedido, una circunstancia que cambió de signo cuando la fuerte demanda de crédito de particulares y empresas obligó a la banca a buscar recursos en el interbancario. Pero el papel estabilizador de la cuenta que juega la deuda pública en los balances de los bancos perdió buena parte de su condición cuando la crisis de deuda soberana en Europa afloró problemas de refinanciación y de repago, y castigó los precios de los bonos de varios Tesoros, especialmente los del sur (Grecia, Portugal, España, Italia,...) que habían experimentado crecimientos muy súbitos y muy fuertes de sus pasivos públicos.

Desde entonces, con la amenaza por parte de los supervisores de imponer mínimos de provisión de las carteras en función de la calidad de la deuda adquirida y con el hecho cierto de que el propio mercado secundario podía devaluar las posiciones, las entidades han rotado con más regularidad sus carteras. Han buscado disponer de una parte muy segura, y comprar y vender en función de los precios y sus tendencias. Por ello, este último año han reducido sus posiciones en títulos españoles, aprovechando la mejora de sus precios (caída de sus rentabilidades hasta sus mínimos históricos), y la han elevado en bonos italianos, con rentabilidad más elevada, y donde el riesgo de impago, visto el activismo del BCE, sigue siendo muy improbable.

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