El coche eléctrico solo será atractivo si puede competir con el tradicional

La estructura que lo rodea debe estar a la misma altura

Las grandes compañías automovilísticas, tanto las europeas como las asiáticas y norteamericanas, han anunciado planes de inversión ambiciosos para desarrollar industrial y comercialmente el automóvil eléctrico. Los cálculos más recientes apuntan a inversiones de unos 260.000 millones de euros en los próximos diez años para electrificar la oferta, una vez que se han endurecido las exigencias en materia de emisiones de la industria tradicional, y que el concepto de movilidad sostenible se abre camino definitivamente. La industria alemana, la más castigada por el nuevo régimen de emisiones, absorberá la mitad de las inversiones anunciadas, una parte de ellas con destino a sus plantas en China, y el resto para Europa; y aunque el esfuerzo en otros países es más modesto, nadie quiere quedarse atrás en esta carrera desatada por el coche eléctrico.

La operación no termina con ofrecer un coche de combustión limpia atractivo en mecánica, diseño y precio; la operación culmina, y solo entonces será respaldado por los consumidores en general, cuando la estructura que rodea la movilidad eléctrica esté a la altura de la que ahora prestan a los coches de combustión tradicional. Los automóviles deben ofrecer el mismo grado de prestaciones, y deben encontrar un entorno de servicios que lo hagan atractivo más allá de las buenas intenciones de mejorar el medio ambiente. Por el momento no hay ni un solo país que ofrezca una red de suministro de baterías de gran capacidad y eficiencia y recarga de las mismas en tiempo aceptable y compatible con los traslados de un radio superior a los 200 kilómetros. Lógicamente, así no es fácil que la industria genere un producto sugestivo para los conductores.

Hasta ahora en España la venta de automóviles de propulsión exclusivamente eléctrica es inferior al 1%, y se concentra en los entornos urbanos, y generalmente en flotas corporativas con facilidades de reposición de las cargas de energía. Los particulares apenas han entrado en el mercado por la falta de unas infraestructuiras que lo hagan atractivo, y porque los estímulos económicos anunciados son bastante limitados, muy parecidos a los que tradicionalmente se han aplicado para la adquisición de coches de gasolina o gasóleo. El esfuerzo de la industria es innegable en todo el mundo; pero sin un salto cualitativo y cuantitativo importante en todos los elementos citados, la industria de los coches eléctricos avanzará muy lentamente, quizás más lento de lo que las exigencias medioambientales imponen.

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