Las firmas españolas buscan posicionarse en África, el gran reto de la próxima década

Piden a la administración que les ayude a identificar proyectos sostenibles y de impacto social en la región, además de una coordinación para que los recursos que ponga a disposición la UE lleguen a las compañías nacionales

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Marta Blanco, presidenta de CEOE Internacional; Raúl Arce, director general corporativo del grupo Ortiz; Agustín Vitórica, cofundador y co-consejero delegado de Gawa Capital; Miguel Zurita, presidente de Ascri; José Luis Curbelo; presidente y consejero delegado de Cofides; y Rodrigo Madrazo, director general de Cofides.
De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Marta Blanco, presidenta de CEOE Internacional; Raúl Arce, director general corporativo del grupo Ortiz; Agustín Vitórica, cofundador y co-consejero delegado de Gawa Capital; Miguel Zurita, presidente de Ascri; José Luis Curbelo; presidente y consejero delegado de Cofides; y Rodrigo Madrazo, director general de Cofides.

Las compañías españolas históricamente han estado ligadas a proyectos de inversión en América Latina. Pero ahora las empresas nacionales quieren apuntar a África, un país al que se destinarán gran parte de los fondos europeos destinados al impulso de proyectos de inversión de impacto (aquellos que generen beneficios medioambientales, laborales, desarrollo de infraestructuras, etc). “Para el periodo 2021-2027 hay un reto de apoyo de la Unión Europea al desarrollo sostenible. Habrá ingentes cantidades de dinero disponibles para invertir, sobre todo en África. Los vecinos de abajo serán donde se centren los proyectos”, explica José Luis Curbelo, presidente y consejero delegado de Cofides, la Compañía Española de Financiación del Desarrollo, durante el encuentro Inversión y desarrollo para una financiación exterior sostenible organizado por CincoDías en colaboración con Cofides.

En América Latina somos parte del paisaje, en África no. El gran reto es identificar proyectos allí, vamos a centrarnos en unos pocos países. Por ejemplo, viajaremos a Kenia a estudiar posibilidades. Hay que pasar de la internacionalización fácil a la difícil”, añade Curbelo. “Hay que salir de la zona de confort”, completa Marta Blanco, presidenta de CEOE Internacional, en relación a la posibilidad de que las empresas españolas vayan a África.

“No queremos que nuestras empresas tengan desventajas competitivas en términos de financiación. Hemos estado muy bien posicionados en Latinoamérica, pero es verdad que África será un foco de atención y allí tenemos una desventaja competitiva. Por ello, necesitamos que el Estado nos ayude a paliarla con conocimiento, identificación de proyectos, ya que en lugares así es más difícil para firmas españolas. Pero no solo las compañías tienen que apostar por este continente, también debe hacerlo el Estado. Hay países que ayudan a sus empresas a identificar proyectos, mientras que nosotros nos hemos quedado sin recursos públicos para ello”, dice Blanco.

En ese sentido, la directiva señala algunas de las necesidades de las empresas españolas para poder realizar proyectos: “Pedimos que haya coordinación para que los recursos que ponga a disposición la Unión Europea tengan como protagonista a España y a la empresa nacional. Hay una serie de cuestiones como los procedimientos administrativos de aprobación de operaciones para proyectos en el exterior, que se han ralentizado”, añade Blanco.

“África es el gran reto. Hay que ir allí. La gran ventaja allí para los fondos de impacto es que no se busca tener el control en la inversión, a diferencia de los capitales de riesgo. Hay que ir al terreno y pasar tiempo allí”, señala Agustín Vitórica, cofundador y co-consejero delegado de Gawa Capital.

España en Latinoamérica

“Se puede hacer mucho para que haya proyectos de impacto en países en vías de desarrollo. Hay muy pocos en el mundo y las empresas queremos participar de dichos proyectos. Desde organizaciones como Banco Mundial o Cofides lo que habría que hacer es intentar ayudar a los países a desarrollar proyectos de este tipo, porque ideas hay muchas pero a veces no saben cómo llevarlas a cabo”, señala Raúl Arce, director general corporativo del grupo Ortiz.

Esta compañía realiza proyectos de infraestructura en Latinoamérica, concretamente en Panamá, Colombia, México y Perú. “Nos internacionalizamos hace nueve años. El punto más problemático es la financiación. Porque luego en la ejecución las empresas españolas sabemos cómo llevarla a cabo y lo hacemos bastante bien. Requerimos de una financiación más rápida y sin tantas exigencias, porque en zonas así, muy complejas, es muy complicado pretender que no haya ningún riesgo para el que quiera invertir”, añade Arce. “No se mueve nada en Marruecos sin que pase por un francés, como tampoco se mueve nada en Colombia que no pase por un español”, comenta Curbelo.

Respecto a la inversión en este país, Rodrigo Madrazo, director general de Cofides, resalta el futuro metro de Bogotá como una gran oportunidad para las firmas españolas. “Hay empresas de nuestro país interesadas y allí estaremos (...) si hay un sector donde podemos elegir ganadores es en el de las infraestructuras. Entre las ocho mayores empresas del mundo tenemos cinco españolas”, indica Madrazo.

Uno de los puntos en los que coinciden en destacar los ponentes es en la necesidad de incentivar al sector privado para que participe de los objetivos de desarrollo sostenible. “Estamos en la inversión de impacto, que busca una rentabilidad financiera que tenga sentido y que genere mejoras en el ámbito social, de una manera proactiva, gestionable y medible. Hace falta movilizar 2,5 billones de inversión anual para lograr los objetivos de la ONU para 2030, lo que supone el doble de lo que está comprometido por las organizaciones filantrópicas y públicas hacia los objetivos de desarrollo sostenible. Es por ello necesario mover la inversión privada”, explica Vitórica.

“Hay un antes y un después en 2015 en el desarrollo de la financiación. Hasta entonces había un paradigma distinto, ya que se suponía que solo las instituciones públicas tenían que contribuir al desarrollo de países del tercer mundo. La agenda 2030 cambia esto y señala que también tiene que implicarse el capital privado”, añade la presidenta de CEOE Internacional.

Vitórica resalta la necesidad de que el sector público “tome una posición que catalice la inversión privada” y que para ello, “la inversión pública debe entrar con un mix de rentabilidad riesgo que permita entrar aun con más fuerza a la inversión privada”. “Estamos hablando de tramos de primera deuda, garantías y deuda subvencionada”, añade Vitórica.

El blending (financiación conjunta) permite ir a proyectos y zonas geográficas de alto impacto. Poder movilizar recursos de asistencia técnica es fundamental para que se pueda ir a empresas en África que no están bien estructuradas. En Huruma [un fondo que ha puesto en marcha Cofides y Fonprode, el Fondo para la Promoción del Desarrollo] como mínimo el 10% de los proyectos tendrán que llevarse a cabo en África”, explica el co-consejero delegado de Gawa Capital.

“Fonprode participó de Huruma como cualquier otro inversor privado. El proyecto está hecho para atraer al inversor privado que entre en un vehículo donde tiene una protección, con un tramo de primera pérdida (...). En España los activos bajo gestión de impacto en 2018 rondaron los 98 millones de euros, muchos de ellos llevados a cabo en países en vías de desarrollo. Ya solamente este nuevo fondo va a permitir más que doblar nuestros activos”, asegura Vitórica.

Economía del siglo XXI

Todos los participantes del encuentro destacan la necesidad de apostar por los nuevos sectores y oportunidades que se han abierto con las nuevas tecnologías. “Tenemos que buscar mecanismos para apoyar la internacionalización temprana de empresas de base tecnológica, que no van a seguir el itinerario tradicional de la inversión”, indica Curbelo.

“A mis inversores les interesan los temas de sostenibilidad. Operamos con una visión de largo plazo, con la perspectiva de qué impacto tendrá esto en cinco años. Las compañías que creamos tienen que ser atractivas dentro de un lustro. Hay una razón de puro pragmatismo a la hora de buscar la sotenibilidad y es que la sociedad nos lo exige, es clave si queremos atraer talento joven”, asegura Miguel Zurita, presidente de Ascri, la Asociación Española de Capital, Crecimiento e Inversión.

“Somos una herramienta al servicio de las políticas públicas, queremos pasar de financiar la economía del siglo XX a la del XXI, en la que hay compañías de ciberseguridad, de videojuegos, startups (...) Para que el capital de riesgo funcione hace falta un ecosistema, como en Silicon Valley, Palo Alto, que es donde se juntan emprendedores con ideas. España tiene el potencial de convertirse en un hub de venture capital internacional”, asegura Madrazo.

A este respecto, Zurita resalta el potencial de España en nuevos negocios como el de la ciberseguridad: “Madrid es uno de los hubs mundiales en este sector. Deloitte tiene dos centros destinados a esta función y uno de ellos está en la capital”, añade el presidente de Ascri.

Pero, a pesar de todas estas oportunidades, desde Cofides alertan por el contexto político y económico mundial con una guerra comercial entre EE UU y China. “Una de las amenazas es el escenario de mayor proteccionismo. Hemos apoyado a compañías que se están estableciendo en Reino Unido, México, EE UU y se están posicionando al lado de sus clientes. Si hay trabas internacionales, una respuesta natural es meterse dentro de ese mercado”, explica el director general de Cofides.

El plan estratégico de Cofides

2019-2021. Cofides ha desarrollado un plan estratégico a tres años que parte de tres ejes de actividad: internacionalización, desarrollo y sostenibilidad. La compañía tiene cuatro objetivos. En primer término, desarrollar una oferta financiera a la medida, orientada a las necesidades de los clientes, entre cuyas medidas se contempla la creación de un fondo de financiación en dólares y una ampliación de la oferta de producto de deuda. En segundo lugar, reforzar la creación de nuevas operaciones. Priorizará el compromiso con la sostenibilidad, siendo un eje transversal del plan estratégico. Y por último, la adaptación y preparación de la compañía para dar cumplimiento a los objetivos del plan, mediante una estructura orgánica caracterizada por la integración de sus departamentos y equipos multidisciplinares, así como mejoras en el gobierno corporativo. “Es un plan a dos años ambicioso, pero realista”, dice Curbelo. “Tentativamente tenemos la cifra de financiar inversiones por mil millones de euros durante este trienio. Si se tiene en cuenta el multiplicador de cofinanciación que ha tenido Cofides a lo largo de la historia que diez veces, calculamos que se movilizará un total de 10.000 millones para inversiones en el exterior”, asegura Madrazo.

Rating social. En Cofides inauguraron en 2006 una nueva forma de medir las inversiones, que es el rating de impacto de las operaciones. “No solo tienen en cuenta el impacto económico, sino también el social, medioambiental, etc. Lo importamos de nuestros homólogos alemanes (...) Cofides proporciona financiación en condiciones de rentabilidad y sostenibilidad. Hemos tomado una medida disruptiva, que es vincular la retribución variable al impacto de nuestras operaciones. Este bonus dependerá de cuánto empleo hayamos generado con estas operaciones, cuantas infraestructuras se hayan creado, cuanta energía verde hayamos ayudado a instalar, cuestiones de género”, señala Madrazo. El objetivo de Cofides es conseguir que dicho impacto influya en el precio de la operación. “Si vamos a usar dinero privado tenemos que ser muy transparentes y facilitar el impacto de las inversiones. La filantropía está pasando de ser caridad a inversión responsable, habrá mucho dinero proveniente del altruismo”, asegura Curbelo.

Normas