Innovación desde el uso responsable de los datos, por Jordi Gual

Convertir la información en valor, algo indispensable para poder competir con éxito en la era de la economía digital

El cambio tecnológico que estamos viviendo es, en buena medida, una revolución de los datos gracias a las mejoras en la capacidad de transmisión, almacenaje y procesamiento de la información. Actualmente, cualquier teléfono móvil de gama media es mucho más potente que el ordenador que acompañó al hombre a la Luna: es miles de veces más rápido y puede almacenar una cantidad de información millones de veces superior. Las redes 5G que comienzan a desplegarse podrán transmitir datos a una velocidad mil veces superior a la de las redes de cuarta generación. Una buena noticia para España es que, según la Comisión Europea, contamos con una de las mejores infraestructuras digitales a nivel europeo y nuestras empresas presentan un nivel de integración de tecnologías digitales muy superior al promedio de la UE.

El reto para las empresas es aprovechar esta posición y ser capaces de generar valor a partir de los datos. ¿Cómo? Fundamentalmente, utilizándolos para ofrecer una mejor experiencia a los clientes: conociéndoles mejor, ofreciéndoles aquello que necesitan en el mismo momento en el que surge esa necesidad, o entendiendo en tiempo real cómo valoran el trato que están recibiendo. Analizar los datos es una forma de escuchar al cliente, con atención, rigor y cuidado.

Convertir la información en valor, algo indispensable para poder competir con éxito en la era de la economía digital, requiere unas capacidades específicas. Es necesario, por ejemplo, contar con talento para analizar los datos, una sólida infraestructura de sistemas de información, mecanismos de protección contra ciberataques, y la flexibilidad y agilidad suficiente para evolucionar el modelo de negocio y colaborar con terceros.

A medida que avanza la revolución de los datos, también vamos tomando conciencia de algunos de los riesgos asociados a su uso y al de los algoritmos que se utilizan con ellos. Cuestiones relacionadas con el respeto a la privacidad, el uso de datos personales con fines deshonestos o la ética en el uso de la inteligencia artificial están cobrando relevancia y exigen, más pronto que tarde, una respuesta adecuada por parte de las empresas.

En este contexto, el uso responsable de los datos puede erigirse como una fuente de ventaja competitiva. El consumidor estará más dispuesto a compartir sus datos con una empresa que está comprometida a utilizarlos en el mejor interés de su cliente, anteponiendo dicho interés al de la propia empresa. Se trata de desarrollar el concepto de responsabilidad fiduciaria en el ámbito de la gestión de los datos personales. Una gestión responsable implica, al menos, el respeto escrupuloso de la privacidad y la transparencia –que el cliente sea plenamente consciente de cómo se están utilizando sus datos–, garantías de que ningún tercero podrá acceder a esos datos sin su consentimiento y la introducción de criterios éticos en el uso de algoritmos.

El diseño de algoritmos éticos requiere combinar la capacidad predictiva de la inteligencia artificial con el razonamiento y las capacidades del ser humano. Sin supervisión humana, la inteligencia artificial corre el riesgo de perpetuar sesgos o prejuicios presentes en los datos en los que se basa esta inteligencia. Para remediarlo, por ejemplo, CaixaBank está implementando iniciativas para corregir posibles sesgos en las bases de datos o para asegurar que las variables utilizadas en algoritmos de inteligencia artificial son apropiadas desde un punto de vista ético.

Debemos afrontar los desafíos que plantea la revolución de los datos con esperanza y optimismo, pues el potencial de progreso es enorme, y convencidos de que el papel de las personas continuará siendo esencial. Al fin y al cabo, solo estas entienden de verdad la condición humana, una habilidad imprescindible para poder desarrollar con éxito las nuevas tecnologías.

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