¿De qué sirve la digitalización si no sabemos aprovecharla?

España está por encima de la media europea en varios aspectos, pero falla en capital humano

¿De qué sirve la digitalización si no sabemos aprovecharla?
Pixabay

La guerra entre China y Estados Unidos ha puesto en el centro del debate las estrategias digitales de las distintas áreas geográficas. La Comisión Europea ha publicado recientemente el Índice de la Economía y la Sociedad Digitales, más conocido como índice DESI, que se viene realizando desde el año 2015. Su objetivo es supervisar la competitividad digital de los Estados miembros. Para ello construye indicadores que cubren cinco campos: 1. Conectividad; 2. Capital humano; 3. Usos de servicios de internet; 4. Integración de la tecnología digital por parte de las empresas; y 5. Servicios públicos digitales.

De acuerdo con el índice DESI global, España ocupa el puesto 11 en la UE 28, lo que no nos sitúa en la vanguardia, pero sí está al menos por encima de la media de la Unión. En los primeros lugares están los países nórdicos, con Finlandia en primera posición, Holanda, el Reino Unido, Irlanda y Bélgica. También van por delante de España Estonia y Malta. Sin embargo, Alemania va justo detrás de España, en la 12 posición y Francia en la 15. Entre los países peor posicionados están Bulgaria, Rumanía, Grecia, y Polonia, pero también Italia, que ocupa la 24 posición.

Si en el índice agregado salimos relativamente bien parados es gracias al subindicador relativo a los Servicios públicos digitales, en el que ocupamos el 4 puesto. Este es un resultado muy interesante porque el sector público puede hacer mucho para impulsar las competencias digitales entre la población. El ejemplo paradigmático es la Agencia Tributaria, como resulta especialmente evidente en estas fechas. Para gran parte de la población el Programa de Ayuda a la Declaración de la Renta (PADRE) fue su bautismo de fuego en el uso de las nuevas tecnologías.

Sin embargo, el informe de este año destaca otros aspectos de los servicios públicos digitales. El primero es la inversión que está realizando en el ámbito de los datos abiertos. Los datos abiertos son todos aquellos que están accesibles y se pueden reutilizar, sin necesidad de tener un permiso específico. Por ejemplo, la información geográfica, meteorológica, o fórmulas matemáticas y científicas. Se trata de fuentes de datos que históricamente han estado bajo el control de organizaciones –públicas o privadas– y cuyo acceso ha estado restringido mediante limitaciones, licencias, o patentes. En eso estamos francamente bien, ocupamos la segunda posición, la más alta de cualquiera de los indicadores considerados. Otro campo en el que también estamos bien es en el de la sanidad electrónica. El informe señala expresamente a los gobiernos regionales de Andalucía y Cataluña por el desarrollo de aplicaciones móviles que permiten a los pacientes acceder a la información que les afecta.

En lo que estamos peor, con gran diferencia, es en el capital humano. En esta dimensión estamos por debajo de la media. Ocupamos el puesto 17 de los 28 países de la UE. Fallamos en muchas cosas. Los niveles de competencias digitales básicas siguen siendo inferiores a la media. Solo el 55% de las personas entre 16 y 74 años poseen capacidades digitales básicas. El porcentaje de especialistas en nuevas tecnologías en la población activa es menor que en la UE (2,9% frente al 3,7%). Los titulados en TIC en España representan solo el 3,9% del total de titulados. Y lo que es peor, las mujeres especialistas en TIC únicamente alcanzan el 1% del total del empleo femenino.

Aunque el informe no lo contempla directamente, lo mismo podría decirse de las habilidades STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) que son claves para fomentar la innovación y facilitar la digitalización de las economías basadas en el conocimiento. El porcentaje de graduados en estas materias aumentó desde el 17% a mediados de los años ochenta a un 30% en el curso 2006-2007. Desde entonces no ha dejado de bajar. Esta evolución tan negativa no tiene una explicación fácil porque son, con gran diferencia, las profesiones con mayor demanda y por tanto también con los salarios más elevados y mejores posibilidades de promoción. En un país como el nuestro, con el paro juvenil (y el no tan juvenil) por las nubes, debería haber cola en las facultades que imparten estas disciplinas. Desgraciadamente no es así, aunque es una muy buena noticia la subida espectacular este curso de la nota de corte en Matemáticas.

En lo que respecta a las dotaciones de infraestructuras digitales, el índice DESI confirma que la conectividad global ha mejorado bastante en España en los últimos años. Este año ocupa la novena posición. Actualmente, el 88% de los hogares tiene acceso a redes de banda ancha ultrarrápida, aunque hay diferencias importantes entre las zonas urbanas y las rurales. Pero, aunque hemos mejorado un poco, seguimos teniendo los precios de la banda ancha de los más altos de la UE.

La pregunta obvia que se desprende de lo anterior es: si estamos por encima de la media de la UE28, y por delante de Alemania y Francia en aspectos claves de la sociedad digital ¿por qué no estamos al menos igual que ellos también en renta por habitante y en productividad? Esta pregunta podría extenderse a las dotaciones de capital de las que disponemos, que también están en línea con la de los países más desarrollados. Y si nos restringimos al capital en infraestructuras ocupamos las posiciones de cabeza. ¿Por qué, entonces, no somos capaces de aprovechar de forma eficiente los recursos de los que disponemos?

Responder a esta pregunta no es fácil, pero las informaciones anteriores ya han proporcionado al menos una parte de la respuesta: nos falla el capital humano. El mercado de trabajo no está preparado para los retos a los que nos enfrentamos, ni seguramente tampoco las empresas, ni las instituciones. Deberíamos reflexionar seriamente en los factores que limitan un aprovechamiento eficiente de los recursos que disponemos y que nos ha costado tanto acumular.

Matilde Mas es catedrática de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad de Valencia y directora de proyectos internacionales del Ivie

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