La inversión ilíquida: cuestión de estabilidad y confianza

Los inversores hoy tienen que asumir que o bien elevan considerablemente el nivel de riesgo o renuncian a ciertas ventajas

Es la iliquidez un problema? Esta pregunta ha ido ganando protagonismo a media que en las últimas semanas se expandían noticias y rumores sobre los problemas de iliquidez de determinados fondos, llegando a impactar en la valoración de las entidades propietarias de estos vehículos. Sin embargo, no es casualidad que estos incidentes se hayan producido ahora. Numerosos inversores institucionales se han ido aproximando durante los últimos años a inversiones ilíquidas para encontrar nuevos activos que responden a la dificultad de los tradicionales de cumplir con sus objetivos de rentabilidad, con las implicaciones que esto tiene para los suscriptores de los productos.

De esta forma, grandes inversores, como aseguradoras, planes de pensiones o gestoras de fondos de inversión, han puesto el foco sobre la financiación de proyectos de infraestructuras, ya que ofrecen retornos atractivos para un nivel de riesgo que son capaces de asumir. ¿Y por qué el apetito ha aumentado ahora y no antes? La respuesta es sencilla: estas inversiones no son líquidas por naturaleza, un hecho que desvanecía el interés de ciertos inversores institucionales cuando los tipos de interés todavía no habían alcanzado el nivel actual, en mínimos históricos. Y esto era así porque eran capaces de disfrutar de retornos elevados sin tener que aumentar el nivel de riesgo asumido ni tener que renunciar a liquidez.

Pero esa realidad se terminó. Los inversores que quieren encontrar valor en el escenario actual tienen que asumir que, o bien elevan considerablemente el nivel de riesgo, o bien renuncian a ciertas ventajas, como la liquidez. ¿Y esto supone un problema? En este caso, también consideramos que la respuesta es sencilla: no necesariamente.

Los inversores que se han acercado en los últimos años a opciones más ilíquidas, como la financiación de proyectos anteriormente mencionada, son inversores institucionales con capacidad para realizar asignaciones importantes a largo plazo. Además, estas operaciones les permiten cumplir con mandatos con horizontes temporales totalmente compatibles con estas inversiones, como puede ser la financiación de una nueva autopista o una red ferroviaria de alta velocidad.

Estas inversiones también disfrutan de una gran seguridad que se apoya en el conocimiento previo de la duración y los flujos que se disfrutarán durante la vida de las mismas. Los inversores que son acordes con los plazos y que analizan correctamente los sectores y los proyectos en los que invierten disfrutan de una prima de iliquidez con respecto a los activos tradicionales.

Así las cosas, la correcta identificación de las oportunidades permite aprovechar sectores estables y predecibles que son totalmente compatibles con los objetivos de inversión de los clientes finales de los grandes inversores institucionales. El mercado de financiación de proyectos, como ejemplo de inversión ilíquida, es un mercado atractivo capaz de absorber a los nuevos inversores, siempre que les encaje la naturaleza largoplacista de las inversiones.

Mario Méndez de Vigo es Responsable de Energía, Recursos Naturales e Infraestructuras de BNP Paribas para España y Portugal

Normas