El choque Renault-Nissan expone los defectos del acuerdo con Fiat

Parece que podría retomarse la operación, pero si se analizan las relaciones franco-japonesas, se observa que sigue siendo muy complicada

Jean-Dominique Senard, presidente de Renault, y Hiroto Saikawa, consejero delegado de Nissan.
Jean-Dominique Senard, presidente de Renault, y Hiroto Saikawa, consejero delegado de Nissan.

Con los ojos entrecerrados, es posible interpretar los últimos titulares sobre Renault y Fiat Chrysler Automobiles como un avance hacia la reactivación de la fusión de 33.000 millones de euros de los dos fabricantes de automóviles. Sin embargo, si se da un paso atrás, las negociaciones entre el accionista estatal del grupo francés y su aliado japonés, Nissan Motor, ponen de manifiesto la disfuncional gobernanza que obstaculizaría una sociedad más amplia.

El proyecto de fusión que el presidente de Fiat, John Elkann, retiró abruptamente la semana pasada tras la intromisión del Gobierno francés puede no estar del todo muerto. Elkann y su homólogo con sede en París, Jean-Dominique Senard, están tratando de reactivar un acuerdo, posiblemente mediante la reducción de la participación del 43% de Renault en Nissan.

Por su parte, el ministro de Finanzas francés Bruno Le Maire dijo que el Gobierno podría reducir su participación del 15% en Renault. Por último, Senard envió una carta al consejero delegado de Nissan, Hiroto Saikawa, amenazando con bloquear el plan del grupo japonés de reformar su gobernanza tras la destitución del presidente, Carlos Ghosn.

Es posible destilar signos de esperanza entre el ruido. Después de todo, Le Maire hundió las conversaciones con Fiat porque estaba preocupado por la glacial reacción de Nissan. Si Renault vendiera algunas acciones de su socio japonés y el Gobierno también redujera su influencia sobre el grupo francés, Nissan podría decidir apoyar la fusión. La amenaza de Senard de vetar la remodelación de la empresa japonesa le da un incentivo adicional para seguir jugando.

Sin embargo, todavía es una posibilidad remota. Los intentos anteriores de Renault de acorralar a Nissan hacia una cooperación más estrecha han provocado una reacción violenta. La carta de Senard viola el espíritu de un acuerdo de 2015 en el que Renault se comprometió a no interferir en el Gobierno de Nissan.

La ruptura de la alianza franco-japonesa socavaría el atractivo de un acuerdo con Renault para Fiat, que calcula que 2.000 millones de los 5.000 millones de euros de ahorro de costes anuales previstos provendrán de la compra conjunta de materiales.

También sería un momento extraño para que Renault venda las acciones de Nissan, que han bajado un 30% en un año. El Estado francés, por su parte, correría el riesgo de saltar prematuramente de Renault, antes de beneficiarse de las ventajas de una fusión con Fiat.

Es significativo que el papel prominente de Le Maire en las negociaciones refuerza la preocupación de Elkann por la intrusión del Gobierno francés. Con tantos participantes exigiendo una silla en la mesa, dirigir con éxito una empresa ampliada parece una perspectiva aún más lejana.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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