El bloqueo del fondo de Woodford señala el peligro de la gestión hiperactiva

Las apuestas por empresas no queridas y no cotizadas no eran adecuadas para un producto que permitía retirar dinero a corto plazo

El gestor de fondos británico Neil Woodford.
El gestor de fondos británico Neil Woodford.

Uno de los escogedores de valores más conocidos del Reino Unido ha mostrado los peligros de una gestión hiperactiva. La exestrella Neil Woodford ha bloqueado los reembolsos de su fondo insignia después de fuertes salidas. Las apuestas por empresas no queridas y no cotizadas pueden haber sido admirablemente contrarias a la corriente, pero no eran adecuadas para un fondo que permitía a los inversores retirar dinero a corto plazo.

Hace solo dos años, Woodford estaba en racha. Tras su marcha de Invesco Perpetual en 2014, los activos gestionados en su fondo de renta variable insigniaa habían crecido hasta alcanzar los 10.000 millones de libras (11.000 millones de euros). Pero una caída en el valor del fondo del 28% en los últimos dos años, frente al descenso del 4% del índice FTSE All-Share, desencadenó 23 meses consecutivos de salidas de fondos y vio cómo los activos se reducían a 3.700 millones de libras (4.200 millones de euros). La gota que colmó el vaso llegó la semana pasada, cuando los inversores institucionales solicitaron la devolución de su dinero, lo que obligó a Woodford a suspender los reembolsos.

Los inversores al menos sabían a lo que venían. Woodford ofrecía una propuesta inusual en su clase de fondos mutuos, cuyo objetivo es generar ingresos a partir de las acciones. Apostó fuertemente por las acciones expuestas a la economía británica, como las constructoras de viviendas, los prestamistas subprime o los subcontratistas, creyendo que el mercado había exagerado las consecuencias negativas del Brexit.

Y adquirió empresas que no cotizaban en Bolsa pero que podían crecer rápidamente, como grupos de biotecnología. Esa idiosincrasia lo dejó expuesto cuando los inversores comenzaron a retirar dinero, lo que le obligó a deshacerse de acciones que podían venderse fácilmente, aumentando así la proporción restante de activos ilíquidos o no queridos.

Poner una barrera al fondo es lo correcto para evitar una liquidación forzosa. Pero deja a los fieles que se quedaron con Woodford ante un período potencialmente largo antes de recuperar su dinero, y expuestos a pérdidas a medida que se venden los activos restantes.

El estilo a la contra Woodford, que funcionó bien al evitar las acciones tecnológicas en la burbuja de las puntocom y en las financieras antes de la crisis de 2008, muestra la presión sobre los gestores para obtener un rendimiento superior en un momento en que los baratos fondos de seguimiento están ganando negocio. Habría sido más adecuado para un fondo que limitara las retiradas de los inversores, como un fondo de inversión.

Woodford se ha cobrado bien el trayecto. En el último año fiscal, su negocio de gestión de inversiones recibió 36,5 millones de libras (41,2 millones de euros) en dividendos, según los informes financieros. Las altas comisiones, combinadas con la arrogancia de los gestores dan a los inversores más razones para seguir con los fondos pasivos.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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