Por qué a Bruselas le preocupa España

A la CE no le importa tanto el endeudamiento como el incumplimiento de los objetivos de déficit

Pedro Sánchez saluda al presidente de la CE, Jean-Claude Juncker.
Pedro Sánchez saluda al presidente de la CE, Jean-Claude Juncker.

Pese a que el crecimiento económico sigue siendo robusto, los grandes niveles de deuda externa e interna, tanto pública como privada, siguen constituyendo vulnerabilidades en un contexto de desempleo que todavía es alto”, afirmaba la Comisión Europea en un reciente informe sobre la economía española.

A Europa, España le preocupa, no tanto por sus niveles de endeudamiento, sino por ser uno de los países que menos cumple los objetivos de déficit acordados con Bruselas.

España cerró 2016 y 2017 siendo el país de la Unión Europea con mayor déficit público, triplicando el déficit medio del conjunto de socios; lo que nos situó como único país bajo vigilancia dentro del procedimiento europeo de déficit excesivo. Una pesada carga reputacional para nuestro país.

Y es que Europa nos tiene en el punto de mira desde hace unos años. A pesar de haber tenido un mayor crecimiento respecto a las principales economías de la UE, se observaba una limitada voluntad de reducir nuestro déficit. En los últimos diez años, el déficit medio ha estado entorno al 7% anual (en concreto 6,87% del 2009 al 2018).

No ha sido hasta el año pasado cuando España, después de una década, ha logrado cumplir con el criterio de déficit máximo del 3% establecido en el Pacto de la estabilidad y de crecimiento (PEC).

Sin embargo, y a pesar de no estar ya bajo la tutela de Bruselas, España sigue incumpliendo los objetivos de déficit acordados.

Para este año, inicialmente nos habíamos comprometido alcanzar un déficit del 1,3%, pero ya se ha advertido a Bruselas que éste podría situarse en torno al 2%. La Comisión Europea, tras continuas revisiones e incumplimientos, muestra cierta incredulidad respecto a este dato ya que según señaló en sus estimaciones, el déficit de España para este año podría llegar al 2,3%. Si bien es cierto, el cálculo de este desajuste presupuestario, no se ha tenido en cuenta la subida de impuestos que se prevé.

Para el año que viene, se ha revisado de nuevo al alza los objetivos de déficit. En un principio, España se comprometió a reducir el déficit al 0,5%, pero todo apunta a que según las estimaciones del Gobierno será del 1,1%.

En marzo de 2015, el BCE inició el programa de compra de activos que finalizó a finales del año pasado. A través de este programa, el BCE adquirió un total de 260.000 millones de euros deuda española, convirtiéndose así en nuestro mayor acreedor.

Durante los años que ha durado este programa, se ha facilitado una financiación barata a los Estados europeos. En concreto para España, el coste medio de los bonos (vencimientos entre dos y cinco años) españoles se situaba en 2014 en el 3,02% reduciéndose al 0,6% a cierre del 2018. De momento el coste de la deuda emitida estos meses del 2019 se ha mantenido estable, pero esto podría cambiar.

El balance del Banco Central Europeo, en tan solo cuatro años se ha duplicado¬ –alcanzando la friolera cifra total de activos equivalente a casi cuatro veces nuestro PIB– y a partir de este año continuará comprando deuda, pero reinvirtiendo solo en aquellos títulos conforme vayan venciendo, es decir, no adquirirá nueva deuda.

El Tesoro español tiene unos fuertes vencimientos de deuda en los próximos dos años. Hasta finales del año 2020, hay vencimientos de más de 200.000 millones de euros, parte de esta deuda se podrá refinanciar con el BCE.

No obstante, según los datos de crecimiento y déficit, en los próximos dos años, España podría necesitar aproximadamente 40.000 millones de euros, y esta no la podrá comprar el BCE.

Dejar de contar con nuestro principal tenedor de deuda, podría suponer un repunte en el coste de la deuda. Es cierto, que España ha aprovechado la política monetaria expansiva de los últimos años para ampliar el total de la vida media de nuestra deuda. En 2014, ésta era de 6,3 años mientras que en la actualidad es de 7,6 años con el tipo de interés medio (2,42%) más bajo históricamente.

Sin embargo, este bajos tipo de interés medio que favorecen el cumplimiento de los objetivos de déficit podrían desaparecer. Durante los últimos cuatro años la banca nacional ha reducido aproximadamente en 65.000 millones de euros su inversión en deuda pública española, dando paso a inversores extranjeros que tienen entorno al 44% de nuestra deuda pública.

Hay que recordar que otro mecanismo que tiene los bancos centrales para influir en el precio del coste de la financiación es fijando los tipos de interés. La Reserva Federal – a diferencia del BCE– empezó a subir los tipos en el año 2015. El año pasado tras sucesivas subidas, el tipo de interés estadounidense se situó en el actual 2,5%. En caso fuese necesario volver a una política monetaria expansiva, la FED tiene margen para maniobrar.

Bien distinta es la situación que tenemos en Europa, donde el BCE mantiene su tipo de interés de referencia en el mínimo histórico del 0%. El fin de la política monetaria expansiva del BCE, con una desaceleración económica, junto a los continuos déficits –como los presentados a Bruselas– podría afectar la tranquilidad que hemos disfrutado hasta ahora en los mercados secundarios.

Kike Briega es Miembro de CFA Society Spain

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