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Desmontando los principales mitos sobre la inversión sostenible

Es rentable, interesa cada vez más, funciona también en emergentes y renta fija, no es solo ecología y sirve para influir en las decisiones empresariales

Desmontando los principales mitos sobre la inversión sostenible

Queda ya poca gente que no haya escuchado hablar de la inversión socialmente responsable o ISR. Términos que se han extendido como la espuma entre aquellos inversores que buscan un plus en su inversión, conscientes de las ventajas que tiene estas estrategias tanto a nivel financiero como social. Sin embargo no todo el mundo tiene esa percepción y aún quedan quienes se muestras escépticos, en buena medida, quizás, debido a los falsos mitos referentes a este tipo de inversión. Veamos si hay algo de cierto detrás de ellos.

Mito 1: La inversión sostenible no es rentable

Según el Estudio Global de Inversión de Schroders (2018), que encuestó a más de 22.000 inversores de 30 países, 1.000 de ellos en España, uno de cada cuatro personas no lleva a cabo inversiones sostenibles porque les preocupa que estas no generen unas rentabilidades tan elevadas como las inversiones no sostenibles. Sin embargo, existen numerosos estudios académicos que demuestran lo contrario. Por ejemplo, el estudio de Friede, Busch & Bassen (2015) concluyó que la incorporación de factores ASG es mayoritariamente positiva para la rentabilidad de las compañías, según se observa en este cuadro.

El argumento es que el futuro a largo plazo de aquellas empresas con una sólida gestión que se preocupan por la sostenibilidad del mundo en el que operan debería ser mejor, ya que la inversión sostenible consiste en incorporar los criterios ASG (Ambientales. Sociales y de buen gobierno) en la toma de decisiones de inversión, con vistas a mejorar los rendimientos y reducir los riesgos. Además, los criterios ASG también afectan al precio de las acciones. Quedó claro en 2011 cuando Olympus reconoció haber maquillado sus cuentas para encubrir pérdidas colosales en inversiones financieras y al mes siguiente del escándalo el precio de sus acciones cayó un 82%.

Mito 2: La inversión sostenible consiste simplemente en aplicar filtros de exclusión

Muchas personas consideran que la ISR consiste únicamente en evitar empresas vinculadas a sectores considerados poco éticos como, por ejemplo, el tabaco, el alcohol o el juego, pero la realidad es que va mucho más allá.

Hoy en día existen muchas estrategias diferentes cuando hablamos de inversión sostenible. Por ejemplo, la inversión de impacto (el objetivo principal es lograr beneficios sociales específicos), el ejercicio activo del voto en las empresas, la inversión Best-in-class (un estilo de inversión comparativo que implica invertir sólo en empresas líderes en su sector en cuanto a sostenibilidad) o, la más común, la integración de los criterios ASG.

Mito 3: No hay demanda, a los inversores les da igual la sostenibilidad

Aún hay recorrido pero la sostenibilidad va calando entre los inversores poco a poco. De hecho, el estudio realizado por Global Sustainable Investment Alliance refleja que los activos ASG han aumentado un 25% entre 2014 y 2016 y que ya equivalen al 26% del volumen total de activos gestionados a nivel global.

Por otro lado, el Estudio Global de Inversión 2018 de Schroders confirmó que un 65% de los partícipes de nuestro país ha aumentado sus asignaciones durante los últimos cinco años. El crecimiento de esta tendencia concuerda con otra conclusión del estudio: el 78% de los inversores españoles afirma que la inversión sostenible ha cobrado mayor importancia para ellos durante el mismo marco temporal. Además, también se refleja que aquellos inversores con conocimientos más elevados muestran mayor predisposición a invertir de forma sostenible en todas las regiones encuestadas.

Finalmente, si analizamos los datos por generaciones, los millennials tienden a invertir más en fondos sostenibles que sus mayores (38% de su cartera frente al 31%), lo que pone de manifiesto que esta tendencia ha venido para quedarse.

Mito 4: No vale para los mercados emergentes

Como hemos visto, muchos estudios señalan que las inversiones sostenibles tienen un impacto positivo en las rentabilidades y eso es así también en los mercados emergentes. Un análisis de más de 2.200 estudios publicados desde la década de los setenta demuestra la mayoría de los encuestados ha obtenido un impacto positivo de la inversión sostenible sea la región del mundo que sea. De hecho, se observa que las rentabilidades obtenidas han sido mayores en los mercados emergentes (70,8%) que en los desarrollados (49,8%).

Las reformas aplicadas en los últimos años en muchos países están dando sus frutos y factores como la urbanización, la contaminación o el cambio climático están adquiriendo más importancia. Todo ello ha contribuido a mejorar la transparencia de los emergentes.

Mito 5: Solo funciona con la renta variable

Desmontando los principales mitos sobre la inversión sostenible

También se puede aplicar a la renta fija o al sector inmobiliario. Por ejemplo, cuando invertimos en bonos el análisis de criterios ASG ayuda a detectar los riesgos asociados a la capacidad y la voluntad de los prestatarios para reembolsar sus deudas. De hecho, hay mercados como Canadá y Europa donde la mayoría de los activos con criterios ASG estaban a finales de 2016 en bonos, representando el 64%, mientras que las acciones suponían un 33%.

Mito 6: Todo gira en torno a la ecología

Es verdad que hasta ahora la mayor parte de los fondos de inversión en este segmento inciden en cuestiones medioambientales, desde la escasez de agua hasta el cambio climático. Sin embargo, las cuestiones sociales y de gobierno corporativo cobran cada vez más importancia y el campo de actuación es muy amplio como se observa en este gráfico.

Mito 7: Involucrarse con la compañía no tiene ningún efecto

Los ETFs sostenibles ofrecen comisiones reducidas y dicen cumplir con criterios ASG. Pero a pesar de su aparente transparencia, numerosos productos de gestión pasiva revelan una cantidad sorprendentemente escasa de información sobre cómo implementan realmente los factores ESG.

A esto se añade que muchos inversores asignan capital a fondos ESG porque consideran que sus gestores sabrán administrar mejor las empresas en las que invierten. Sin embargo resulta muy complicado tener un rol activo en las empresas e impulsar el cambio utilizando procesos mecánicos como los empleados por la gestión pasiva.

Este aspecto es menos problemático para una firma de gestión activa, que cuenta con especialistas tanto del sector económico como en el área de ESG y donde las reuniones periódicas con el equipo directivo pueden complementarse con acciones, como el ejercicio del voto, que tengan un impacto concreto en las cuestiones corporativas, medioambientales y sociales.

Conclusión

Como ya hemos visto, existe mucha confusión sobre lo que es y no es la Inversión Socialmente Responsable. Tanto es así que la Unión Europea está desarrollando una normativa de finanzas sostenibles para proporcionar una clasificación o taxonomía común a todos los países. Se trata de la elaboración de unas pautas generales sobre lo que está dentro o no de este tipo de inversiones

En cualquier caso, y mientras que este proyecto sea una realidad, los inversores tienen que ser cuidadosos a la hora de elegir un fondo sostenible, entendiendo siempre en qué invierte el producto y qué estrategia y criterios está utilizando el gestor para seleccionar los activos, de manera que sea posible, además de rentabilidad, lograr un añadido con nuestra inversión.  

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