La geopolítica se cuela en el móvil

El veto de Google a Huawei es un recordatorio de las implicaciones que tienen estos aparatos

Tienda de Huawei en Pekín.
Tienda de Huawei en Pekín. AP

Google rompe con la china Huawei forzada por las decisiones del Gobierno estadounidense en medio de su guerra comercial con el país asiático. Y después hacen lo propio los fabricantes de chips —también norteamericanos— Qualcomm e Intel. Probablemente ayer y hoy se haya hablado tanto de esta noticia como del último capítulo de Juego de tronos. Que ya es decir. Desde el mundo de la tecnología no estamos acostumbrados a que nos salpiquen este tipo de escaramuzas entre países. Pero a medida que las TIC se introducen cada vez más en nuestras vidas y las economías nacionales dependen de manera capital de las empresas que hay detrás de ellas, más vale hacerse a la idea de que habrá que tener en cuenta las implicaciones geoestratégicas de los dispositivos que llevamos encima continuamente.

Probablemente a estas alturas ya tiene todo el mundo claro que tener un móvil fabricado por Huawei (o su subsidiaria Honor) no debería preocuparnos mucho más ahora que hace diez días: Google ya ha dicho que “corta el grifo” a los dispositivos futuros de la marca, pero que los móviles que ya están en el mercado seguirán teniendo acceso a su tienda de aplicaciones y a las actualizaciones de seguridad de Android. No está tan claro qué pasara con las actualizaciones a futuras versiones del sistema operativo, pero Huawei nunca ha brillado por mantener a la última el corazón de software de sus móviles una vez los ha puesto en las tiendas.

Pero, si no cambia nada, los próximos dispositivos de la marca se quedan sin los servicios de Google (y sus portátiles sin los procesadores de Intel, cosa que les deja absolutamente fuera del mercado, a no ser que la también estadounidense AMD se escape de alguna forma del veto de la administración Trump, algo que se antoja complicado).

Esto, estrictamente, no significa que se queden sin Android: este sistema operativo es de código abierto y cualquier fabricante puede disponer de él libremente. Pero al usar un móvil Android casi siempre usamos tanto esa capa de código abierto como la tienda de aplicaciones de Google y toda una multitud de servicios que ofrece la compañía de Mountain View bajo el nombre de Google Play Services y que usan los desarrolladores para ofrecer con poco esfuerzo a sus usuarios servicios como la geolocalización o la autenticación a través de cuentas de Google.

Huawei, como múltiples otros fabricantes chinos, de hecho, ya tiene parte del problema resuelto: en su mercado doméstico hace tiempo que no puede usar esos Google Play Services y dispone de su propia tienda de apps, AppGallery, que también ofrece en los móviles que vende fuera de sus fronteras. En esa tienda encontramos una variedad menor de aplicaciones que la ofrecida por Google Play, pero todas las apps que quieren acceder al mercado chino ya se han preocupado de ofrecer versiones aptas para su distribución a través de la tienda de Huawei. No encontraremos en esa tienda ni Gmail, ni YouTube ni ninguna otra aplicación Google. Y las aplicaciones que encontramos en ella no nos pueden ofrecer ni los mapas de la empresa californiana ni ninguno otro de sus servicios, recurriendo a otras alternativas. No es un caso único: Amazon hace lo mismo por motivos absolutamente diferentes con sus dispositivos Fire.

Así pues, para el consumidor europeo, adquirir y usar un móvil Huawei en el futuro supondrá no disponer de los servicios de Google. Lamentablemente, es difícil para el usuario saber cuándo usa una aplicación Play Services, por lo que le resultará complicado, si no imposible, anticipar cómo le afectará en la práctica usar un móvil Huawei antes de comprarlo.

Otra cosa a tener en cuenta: el efecto sobre nuestra privacidad de pasar del paraguas de Google y las reglas del Gobierno de Estados Unidos al de Huawei y el Gobierno chino, que debería ser motivo de profundo análisis en las próximas semanas y meses.

El desarrollador de aplicaciones —y todas las empresas que ofrecen sus servicios a través de una app— por su parte, deberá decidir sobre el esfuerzo extra de adaptar sus productos y servicios para ofrecerlos a través de un nuevo canal. Algunas aplicaciones serán triviales de llevar al nuevo mercado, pero otras pueden suponer un coste muy considerable. Se acercan decisiones complicadas que habrá que tomar.

Para Huawei esto significa que sus dispositivos perderán una parte importante de su atractivo para el consumidor, lo que muy probablemente afectará de manera importante a sus ventas fuera de China si no lo impide una tregua relativamente rápida en la guerra entre chinos y estadounidenses.

Para las empresas tecnológicas (en especial las estadounidenses Google, Apple, Microsoft, Amazon y Facebook, pero en mayor o menor medida todas las grandes tecnológicas del planeta) llega un nuevo escenario mucho más cargado políticamente y que podría muy bien acabar en un mundo en que China y occidente se separan aún más.

Y para todos los usuarios de la tecnología (esto es, para casi todos), un recordatorio de que esos dispositivos que llevamos en el bolsillo y en los que casi no pensamos tienen muchas más implicaciones de las que uno podría creer.

César Córcoles es profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC

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