Ana Botín: “Europa no está de moda”

Trump ha decidido que los bancos estadounidenses sean un sector estratégico, en el Viejo Continente parece que son una preocupación

Ana Botín, presidenta de Banco Sanander
Ana Botín, presidenta de Banco Sanander

El sector financiero europeo está deprimido, y sus reclamaciones parece que no hacen más que alterar la paciencia de los supervisores. La banca del Viejo Continente está en declive, o esa es la sensación que tienen gran parte de las entidades financieras. Los bancos se han convertido en un sector al que hay que doblegar para evitar que en un futuro pueda protagonizar episodios como los acaecidos durante la última década, con inyecciones de capital público y con abusos comerciales que ahora los tribunales les están obligando a penar.

Los responsables de las diferentes entidades financieras europeas no paran de quejarse de lo mismo, de las cada vez mayores exigencias de capital y de lo complicado que les está resultando mejorar su baja rentabilidad y conseguir inversores que les acompañen en su aventura por elevar sus ratios de solvencia. El constante soniquete de los supervisores para que las entidades financieras incluyan en sus planes de futuro proyectos de fusión tanto nacionales como transnacionales no les convence. Y desde principios de este año tienen la sensación de que han perdido el apoyo de las fuerzas fácticas de Europa.

La banca considera que ya no es un sector estratégico para el continente, frente a todo lo contrario que ocurre en Estados Unidos. Las entidades europeas consideran que el Gobierno de Trump ha optado por la estrategia contraria, y ha decidido impulsar el poder de las firmas financieras del país, frente al declive de las del Viejo Continente.

Mientras que en Europa el Banco Central Europeo (BCE) ha decidido mantener nuevamente los tipos de interés al 0% o incluso negativos, Trump, que se ha involucrado personalmente en apoyar a la banca del país, ha optado por subirlos y por relajar las exigencias de capital. Incluso ha comenzado a favorecer también a la banca extrajera. Todo por impulsar a un sector que considera estratégico para su Gobierno.

En los últimos años la capitalización de los bancos americanos ha comenzado a subir casi en la misma proporción en la que bajaba la de los europeos. Las firmas estadounidenses cotizan entre un 30% y un 40% por encima de lo que lo hacían en 2008, en plena crisis financiera, mientras que la europea lo hace con un desplome del 60% sobre ese año.

De esta forma, los inversores institucionales, generalmente grandes fondos de inversión privados o soberanos, prefieren invertir en la banca americana, frente a la europea. Además, el peligro de que un día algún gigante estadounidense se despierte y quisiera comerse a un banco europeo ensombrece aún más el valor del sector. La única esperanza que tiene la banca europea, según coinciden todos los banqueros consultados, es que hasta ahora las entidades financieras de EE UU no están interesadas por la banca comercial de Europa.

Un destacado banquero de inversión de una institución europea apunta a que, pese a este desinterés por la banca minorista, las instituciones de inversión norteamericanas se están llevando todo el negocio de las operaciones corporativas, de emisiones o de refinanciación en Europa. “Solo hay que analizar las grandes operaciones que se han llevado a cabo en España, y que bancos de inversión las han acompañado, estadounidenses”.

Este mismo banquero hace otra segunda reflexión. “Que se lleven este negocio nos fastidia, pero más nos fastidia el hecho de que son ellos, y desde Estados Unidos, los que controlan todos los movimientos estratégicos de las empresas europeas. Tienen una atalaya privilegiada desde donde examinar todos los movimientos empresariales en los que ellos mismos participan con su asesoramiento y financiación. Es una invasión silenciosa de la que en un tiempo nos arrepentiremos, pero puede que entonces sea demasiado tarde”.

Los supervisores europeos, mientras, pretenden crear grandes entidades financieras paneuropeas con unos altos ratios de capital, y rebajar considerablemente tanto el número de oficinas bancarias como el de bancos. Europa está “abarrotado” de entidades y sucursales, declaró la pasada semana Mario Drahgi, presidente del BCE.

El problema, como expuso el viernes Ana Botín, la presidenta del primer banco de Europa y uno de los más importantes del mundo, es que las normas y requerimientos incluso de capital, de cada país son muy diferentes. A lo que se suma el hecho de que los Estados no quieren perder el control de sus bancos en favor de su vecino. Por ello, hasta que no se armonicen las leyes financieras y fiscales, entre otras, y los gobiernos estén dispuestos a compartir o incluso ceder parte de la soberanía de sus bancos, no hay nada que hacer por mucho que Draghi se empeñe. Eso sin tener en cuenta la posibilidad de que llegue un buen día un banco americano y pretenda quedarse con una entidad en Europa.

Parece así, que de no cambiar la mentalidad de cada nación y el espíritu europeo impregne de verdad la conciencia de los diferentes gobiernos del Viejo Continente, las fusiones transfronterizas no se llevarán a cabo hasta dentro de una década, según opinan las principales fuerzas financieras, incluida Ana Botín.

Eso sí, la desaparición de gran parte de la red de oficinas bancarias, por lo menos en España, es una realidad. En los próximos meses la banca dará otra vuelta de tuerca a sus cierres. El anuncio del ajuste que tiene previsto realizar Banco Santander será el detonante, lo que ocurrirá previsiblemente en mayo, tras anunciar los resultados del primer trimestre y haberse despejado el resultado de las elecciones generales.

Y como dijo Botín en la junta de accionistas de Santander el viernes pasado: “Europa no está de moda”. Y si no que se lo digan a ella, que ha decidido invertir en México, para controlar el 100% del banco que tiene allí al lanzar una opa sobre el 25% de su capital.

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