Mercado inmobiliario

Las promotoras no logran desprenderse del estigma del boom

Los ciudadanos suspenden al sector a pesar de los avances de los últimos años

Las promotoras no logran desprenderse del estigma del boom

Corrupción, casas a medio hacer, y los ahorros de una vida perdidos. Ha pasado ya más de una década desde el estallido de la burbuja inmobiliaria que sumó al país en una profunda crisis, pero las promotoras todavía no han conseguido desprenderse de la mala reputación cosechada entonces. El sector asegura haber aprendido de los errores y haber dado un vuelco en lo que a transparencia, relación con el cliente y profesionalización se refiere, pero los ciudadanos no parecen apreciar ese cambio. Revertir esa percepción, auguran los expertos, costará años y mucho esfuerzo.

La imagen del sector deja todavía mucho que desear. Así lo desvela al menos una encuesta realizada por segundo año consecutivo por Planner Exhibitions a más de 500 visitantes del Salón Inmobiliario de Madrid de 2018. El estudio indica que las promotoras suspenden en cuatro de las cinco áreas analizadas. En transparencia es donde salen peor paradas (4 sobre 10), pero tampoco obtienen buenas notas en responsabilidad, confianza y honestidad. Únicamente aprueban en profesionalidad, aunque con un escaso 5,9 sobre 10, lo que no sirve para salvar la nota global: un 4,8.

Aunque suspensos, la mitad de los indicadores logra ligeras mejoras respecto a 2017. Si bien se reducen sensiblemente las opiniones negativas, ello no redunda en un aumento de las positivas, sino que engorda la tercera opción de respuesta: los que no se posicionan. Y es que, a pesar de los muchos cambios que ha emprendido el sector, los clientes “no parecen juzgarlos como suficientes”, subraya el informe. “Es una carrera de fondo. No vamos a ver cambios bruscos ni mejoras espectaculares”, augura el consejero delegado de Foro Consultores, Luis Corral.

“Venimos de una crisis muy complicada, con escándalos de corrupción y temas que han tenido un impacto muy directo en la vida de las personas. Eso sigue latente”, reconoce el secretario general de la Asociación de Promotores Inmobiliarios de Madrid (Asprima), Daniel Cuervo. Además, añade Corral, “es muy difícil hacer marca” en un sector tan atomizado como el promotor, donde cada empresa, por potente que sea, llega apenas a unos cuantos puntos de España.

¿Cómo cambiar entonces esa mala reputación? Lo primero, ir al principal talón de Aquiles: la transparencia. “Hay que contarle al cliente las cosas como son. Si hay un error: comunicarlo y resolverlo”, algo que antes no se hacía, detalla un portavoz de Pryconsa, la segunda promotora más importante de Madrid, tras la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo (EMVS). Lo mismo sostiene el responsable de Asprima, quien señala que el sector debe transmitir las dificultades a las que se enfrenta. Por ejemplo, los retrasos en hasta más de un año en la concesión de licencias por parte de la Administración, lo que retrasa los tiempos de construcción y, por tanto, la entrega. 

Ambos insisten, además, en la necesidad de cuidar mucho más la relación con el cliente. Ahora, dicen, el particular está mucho más informado y es mucho más exigente con sus peticiones, tanto en el proceso de construcción como en el de posventa. “Antes se despachaban pisos, ahora tienes que venderlos bien. Si no confían en ti se van a otro lado”, ilustran desde Pryconsa.

Por último, y aunque se haya avanzado mucho, es clave la profesionalización del sector. La falta de barreras de entrada hizo que durante el boom prácticamente cualquiera pudiera lanzarse al negocio promotor. Pero el pinchazo destruyó gran parte de ese tejido y propició la entrada de grandes fondos extranjeros, dotados de muchísimos más recursos y conocimientos sólidos sobre cómo actuar, sostiene Eduardo Fernández-Cuesta, presidente de RICS España, una organización internacional que vela por el cumplimiento de los más altos estándares de actuación en la construcción (pero no solo) en todo el mundo. “El sector se ha profesionalizado mucho y lo está haciendo muy bien. Antes valía todo. Ahora se hacen estudios de mercado rigurosos y se trabaja con una dinámica mucho más acorde con la realidad inmobiliaria”, concluye.

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