Una industria de fondos que debe mejorar su calidad para competir

Los resultados son muy pobres en comparación con los de otros mercados de su entorno

La industria española de fondos de inversión sale claramente mal parada cuando se la compara con las de otros países europeos. Los resultados de un análisis realizado por la consultora especializada Morningstar sitúan el mercado español a la cola de una clasificación en la que no solo se miden los resultados en términos de rentabilidad, sino también las comisiones que se cobran a los partícipes. Según esos parámetros, la mayoría de los productos son caros y obtienen mediocres resultados. Mientras en mercados como el británico, el porcentaje de dinero invertido en fondos de calidad alcanza el 59% del total, en Francia el 45% y en Alemania el 43%, en España solo llega al 21%, lo que supone que solo uno de cada cinco euros invertidos está colocado en un producto de buen desempeño. Si el análisis se realiza entre las 50 mayores gestoras de fondos que operan en Europa, las españolas salen también mal paradas, con un porcentaje muy bajo de dinero invertido en productos de calidad.

Los datos revelan que hace solo tres años la radiografía de la industria española no arrojaba unos resultados tan pobres. Aunque desde el sector se argumenta que el tamaño del mercado, bastante menor que el británico o el alemán, explica las diferencias, un vistazo a países con una industria de gestión aún más reducida, como es el caso de Dinamarca o de Bélgica, evidencia que ese no es el problema. Un mercado cuyos productos han rentado poco más de un 1,4% de media anual en 20 años tiene un serio déficit de competitividad en un entorno financiero globalizado en el que no existen barreras.

La conservadora cultura de inversión en España, con una estructura en la que priman mayoritariamente los inversores particulares sobre los institucionales, muy ligada a la recomendación de la entidad de confianza y poco dada a comparar productos, explica probablemente buena parte del problema. En este o en cualquier otra sector, ese entorno constituye un caldo de cultivo óptimo para el relajamiento de los estándares de calidad, una circunstancia a la que hay que sumar un año que ha resultado complicado tanto para la renta variable como para la fija. Pese a todo, se trata de dificultades que se viven en otros mercados y que no justifican esos pobres resultados ni mucho menos explican una política de comisiones gravosa en exceso para el inversor. Este último tiene su propia tarea pendiente, que pasa por mejorar su cultura financiera, asesorarse suficientemente y comparar las distintas opciones del mercado antes de elegir.

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