¿Podemos permitirnos no tener un Mobile World Congress?

El evento genera oportunidades y beneficio económico que van más allá de lo que deja el Congreso

Un visitante prueba unas gafas de realidad virtual en uno de los expositores del Mobile World Congress celebrado el año pasado.
Un visitante prueba unas gafas de realidad virtual en uno de los expositores del Mobile World Congress celebrado el año pasado. EFE

Quedan apenas unos días para la inauguración del Mobile World Congress de este año en Barcelona, la trigésima edición desde su inauguración en 1990 y la número 14 desde que el Congreso empezó a celebrarse en España a partir del año 2006.

Todo parece indicar (toquemos madera) que este año será menos sobresaltado y más exitoso que el anterior, salvo que la climatología, la hipersensibilidad política o las anunciadas reivindicaciones laborales de algunos colectivos se desmadren y nos sorprendan a última hora. En este clima de aparente mayor sosiego, los organizadores han reafirmado públicamente su compromiso con la ciudad de Barcelona y ya prevén que se superen las cifras de visitantes del año pasado.
El lema de este año, Conectividad inteligente, casi parece una invitación a reflexionar sobre lo que supone para nuestro país albergar un evento de estas características, que nos conecta con el mundo y ofrece increíbles oportunidades para capitalizar con inteligencia la visibilidad que proporciona.

El Mobile no solo se ha convertido en el lugar de referencia al que acudir para conocer o dar a conocer las novedades sobre la industria de los móviles y la comunicación, sino que es un punto de encuentro privilegiado en el que hacer negocios, networking y relaciones comerciales de muy alto valor. Los contactos que algunas empresas, startups o emprendedores establecen durante los días del evento pueden llegar a marcar un antes y un después y resultarían enormemente difíciles de conseguir en otras condiciones. Aquí se sirve la oportunidad en bandeja y en un entorno aventajado para aprovecharla.

Esto no solo es cierto para los emprendedores tecnológicos. La digitalización, el internet de las cosas y las comunicaciones marcan hoy la agenda de industrias como la banca, la sanidad o el automóvil. Algunas empresas de estos sectores que ya casi ni se plantean asistir a ferias tradicionales, pero en cambio consideran estratégico anunciar sus novedades en eventos tecnológicos que sean referencia mundial. Del calibre del MWC no hay muchos, razón por la que no sorprende que el evento de la GSMA impulse simultáneamente una variedad de actos y eventos paralelos que transcurren en la ciudad antes, durante y después del congreso. El tirón mediático de esta semana lo favorece.

El impacto directo que genera el congreso durante los pocos días en que concentra su actividad también es notable. Con casi 107.000 visitantes de prácticamente todos los países del mundo en la pasada edición, el Mobile es como una pequeña ONU de la tecnología. Estos miles de visitantes arrastran a su vez a un montón de periodistas (casi 4.000 se acreditan), ayudantes, chóferes, personal de hostelería y empresas proveedoras que les atienden durante su estancia en Barcelona. Los hoteles alcanzan tasas de ocupación extraordinarias (la propia GSMA ha llegado a bloquear algún año casi el 75% de las habitaciones disponibles), el comercio en las tiendas del aeropuerto se dispara por encima del 40% y los propietarios de pisos turísticos ven como durante una semana es posible hacer el agosto en febrero.

El impacto acumulado de esta afluencia de personas y empresas se estimó el año pasado en cerca de 470 millones de euros, de los cuales una buena parte quedan en la Ciudad Condal. Comparado con los aproximadamente 100.000 m2 que Fira de Barcelona destina al evento, sale a casi 1.200 euros generados por m2 y día. Si la semana que viene usted participa en el evento, cuando entre en el recinto dé un paso adelante y otro al lado, un m2 aproximadamente. Se formará una idea clara de lo productivo que resulta cada minuto y cada euro invertido en asegurar la permanencia del congreso en nuestras fronteras.

Lo verdaderamente importante de estas cifras es que constituyen una muestra de que el MWC es para la ciudad –por extensión para Cataluña y para el resto del país– una apuesta a largo plazo. Eventos como este han permitido a Barcelona posicionarse internacionalmente en primeras posiciones en una variedad de rankings sobre atractivo para emprender, capacidad tecnológica o potencial para las inversiones. Esta reputación contribuye a atraer y consolidar al prometedor y potente sector tecnológico, a cientos de startups y a todo el empleo que generan. Todo esto es robusto, pero nada dura si no se cuida.

Conviene recordar este tipo de cosas. Escaparates privilegiados como este no se encuentran todos los días y la imagen que damos al mundo mientras los albergamos se magnifica, para lo bueno y para lo malo. No deberíamos olvidar tampoco que si el Mobile está aquí es porque no está en otra ciudad. Lo estuvo en el pasado y nos podría decir adiós algún día en el futuro si no lo cuidamos. Aspirantes a llevárselo no faltan. A veces hay quien, desde posiciones de responsabilidad o desde colectivos que aprovechan el tirón mediático para hacer más visibles sus seguramente legítimas reivindicaciones profesionales, olvida aquello tan viejo de que con las cosas de comer no se debe jugar.

Con el Mobile hemos estado alguna vez a punto de tensar las cuerdas en exceso y tal vez nunca lleguemos a saber lo cerca de la catástrofe que pudimos estar. Afortunadamente la inteligencia de los organizadores supo reconocer y discernir el esfuerzo de muchos entre el ruido de pocos y por ahora no hay daños que lamentar.

Aprovechemos esta oportunidad un año más y hagamos lo posible para que en el futuro continúe sirviendo para conectarnos al mundo con inteligencia.

Pedro Nueno es Socio director de InterBen

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