La financiación que exige la lucha contra el cambio climático

Las políticas pasivas cuestan más dinero que las medidas coordinadas y sólidas

La financiación que exige la lucha contra el cambio climático
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En la Conferencia de París sobre el Clima (COP21), celebrada en diciembre de 2015, un total de 195 países firmaron el primer acuerdo vinculante mundial sobre el clima. En el encuentro, todos los Estados se comprometieron a reducir las emisiones de efecto invernadero lo antes posible, pero sin un compromiso vinculante. Quien presidiera entonces aquella conferencia, Laurent Fabius, primer ministro de Francia entre 1984 y 1986 y actual presidente del Consejo Constitucional, participó ayer en un evento, organizado por Cotec, Fundación para la Innovación, con el fin de ofrecer respuestas a uno de los mayores retos que presenta la transición ecológica: la necesidad de una inversión sostenible.

“Sin financiación no hay acción posible”, aseguró Fabius. Y es que cualquier atisbo de avance en el tema medioambiental requiere de dinero suficiente para poder impulsar cualquier medida. El Acuerdo de París ya estableció la necesidad de movilizar 100.000 millones de dólares al año para combatir el cambio climático. Sin embargo, Fabius fue más allá y recordó que esta cifra, por alta que parezca, es mucho más asequible que los números que pueden dejar las políticas de índole pasiva. “El coste de la inacción se mueve en torno al 5% del PIB global por año, mientras que el coste de la acción climática ordenada a nivel mundial solo llegaría al 1%”, explicó. No hacer nada, por lo tanto, supondrá mayores pérdidas de dinero que el hecho de impulsar un paquete de medidas coordinadas y sólidas.

Para confirmar cualquier posible duda solo hay que mirar, señaló Fabius, al sector asegurador. Es fácil comprender que el coste para esta industria será desorbitado si el cambio climático continúa, mientras que su impacto será menor si se invierte y se hace lo necesario. Lo mismo le sucederá al resto de sectores, porque el calentamiento global, tal y como aseguró el experto, es un fenómeno interconectado que afecta en mayor o menor intensidad a todo. “Y si seguimos por el camino actual, las consecuencias serán dramáticas”. De hecho, los fenómenos meteorológicos extremos, la inseguridad alimentaria o las migraciones masivas son un buen ejemplo de lo que ya está sucediendo. “Es preocupante la marcha atrás que estamos viendo en los últimos años en la lucha contra el cambio climático”, aseguró.

A pesar de esto, prosiguió el francés, también empiezan a verse acciones alentadoras por parte del sector privado. En julio, seis fondos soberanos acordaron fomentar iniciativas de reducción de emisiones. El Banco de Inglaterra ha alentado a nombrar evaluadores de riesgos ambientales en las carteras de inversión de las organizaciones. La Caja de Depósitos francesa ha decidido detener cualquier inversión en una empresa si se acredita que el 10% de su volumen de negocio se sustenta en la contaminación. “Hay gestos, pero tiene que haber más”, aseguró antes de poner sobre la mesa varias ideas.

En cuanto a financiación sostenible, la primera medida a impulsar pasa por desligar de la financiación pública a sectores que dependen de los combustibles fósiles. “También sería necesario tarificar el carbono, y hacer pagar las emisiones a su verdadero precio, que está muy bajo”. En la UE, emitir hoy una tonelada de dióxido de carbono a la atmósfera tiene una penalización mínima, de algo más de 20 euros de media.

Es importante a su vez no olvidar el concepto de transición justa. “Pasar de lo fósil a lo renovable no se puede hacer de un día para otro. Además hay regiones, como las mineras, que viven de ello”. Hay, por lo tanto, que dar tiempo para ese cambio, y crear empleos en las zonas que más van a sufrir el impacto de esa transición. A esto se refirió también el presidente de CaixaBank, Jordi Gual. “Es un desafío abordar este cambio, teniendo en cuenta que es inexcusable, de forma justa. Y hay que hacerlo graduando el ritmo para no dejar a nadie en la cuneta”. Así, el reto ecológico supone dedicar recursos a este proceso sabiendo que estos medios dejarán de dedicarse a otras cosas. “Por eso debe hacerse poco a poco, sin dejar de compensar a los sectores que más pueden perder con estas políticas”.

La tarificación puede suponer ingresos extra para el Estado, y los ciudadanos deben conocerlos

Sería deseable, solicitó Gual, disponer de un marco regulatorio que le diga al sector privado hacia dónde deben dirigirse todos los recursos. Ante esto, Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica, recordó que esta es una carrera contrarreloj en la que hay que plantearse cuanto antes cuáles son las sendas más razonables para alcanzar los objetivos de descarbonización. “Es imposible pensar que podemos volver a un modelo de crecimiento como el del pasado”. Otro punto necesario dentro de este amasijo de ideas, continuó Fabius, es el de la transparencia y la innovación. “Si hay una tarificación del carbono puede haber ingresos extras para el Estado. Los ciudadanos deben tener conocimiento de que esos recursos añadidos se destinan para esa transición energética”, aseguró. Estas cualidades también son extrapolables al ámbito financiero, “y los propios inversores también deben hacer pública esa transparencia verde”, recalcó Fabius.

También deberían, lanzó el francés, disminuirse de forma paulatina los precios de las renovables, ya que si son más elevados que los de las energías fósiles, el interés empresarial cae. “Si baja la inversión necesaria entre uno y otro modelo, la comparación económica se vuelve mucho más interesante”. Fabius también recordó un consejo que recibió por parte del empresario Michael Bloomberg: “Hay que dejar de hablar de cambio climático como algo negativo. Hay que lanzar un mensaje positivo. Decir que si se cambian algunos hábitos, la economía, y con ella el empleo o la producción, crecerá”.

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