Los expertos piden a la Administración medidas alternativas para reducir el daño del tabaquismo

Aunque el Gobierno analiza nuevas restricciones en la ley antitabaco, profesionales del sector sanitario piden tomar en cuenta otras opciones para aquellos pacientes que bajo ninguna circunstancia dejarían de fumar

De pie, María Luisa Romero, médico de atención primaria; Xavier Pintó, jefe de la unidad de Lípidos y Riesgo Vascular del servicio de medicina interna del Hospital Universitario de Bellvitge; y Antonio Sierra, jefe del departamento de Microbiología y Medicina Preventiva del Hospital Universitario de Canarias. Sentado, José Miguel Rodríguez, jefe de Neumología en el Hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares.
De pie, María Luisa Romero, médico de atención primaria; Xavier Pintó, jefe de la unidad de Lípidos y Riesgo Vascular del servicio de medicina interna del Hospital Universitario de Bellvitge; y Antonio Sierra, jefe del departamento de Microbiología y Medicina Preventiva del Hospital Universitario de Canarias. Sentado, José Miguel Rodríguez, jefe de Neumología en el Hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares.

Después de una década de caídas en el número de fumadores, el aumento del tabaquismo vuelve a situarlo en la agenda informativa y sanitaria. La Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, dependiente del Ministerio de Sanidad, hizo pública la semana pasada la Encuesta sobre alcohol y otras drogas en España, que realiza cada dos años. Los resultados han vuelto a encender las alarmas: el 34% de los encuestados, con edades entre 15 y 64 años, reconocían consumir tabaco a diario en 2017, es decir 3,2 puntos porcentuales más que dos años antes y el nivel más alto desde la entrada en vigor de la ley antitabaco en 2005 y desde su endurecimiento en 2010. Pero no solo eso, son cotas desconocidas desde 1997.

Unos datos que llegan en un momento en que el Gobierno ha deslizado la posibilidad de endurecer la legislación actual, ampliando las restricciones en espacios públicos, por ejemplo, eventos al aire libre con grandes afluencias de público como conciertos o eventos deportivos, o incluso en el interior de los vehículos privados cuando en ellos viajan niños.

Los datos, y el consenso de los expertos hacen ver que la legislación actual aún tiene cierto margen para endurecer el consumo, aunque para volver a ver una reducción drástica como la experimentada en los años anteriores serán necesarias nuevas fórmulas y alternativas. Así lo defienden los expertos participantes en un encuentro organizado por CincoDías en colaboración con Philip Morris, quienes recuerdan que el tabaquismo continúa siendo la primera causa de muerte evitable en España. Según los datos de Sanidad, al año fallecen 52.000 personas por este motivo, cifra que asciende a 1,2 millones en el conjunto de Europa, como reflejan los cifras recogidas por Euroaspire.

El nivel de fumadores en España ha vuelto a cotas superiores
a la aprobación de las leyes antitabaco

"Hay que priorizar el tabaquismo como un problema de salud publica", afirma Xavier Pintó, jefe de la sección de Lípidos y Riesgo Vascular del servicio de medicina interna del Hospital Universitario de Bellvitge, en Barcelona.

"Es una cuestión que tenemos que abordar todos los profesionales sanitarios. Cuando un paciente entra en tu consulta tienes que preguntarle si fuma. Si lo hace, automáticamente se convierte en el problema clínico principal, y que deje de fumar se convierte en lo prioritario", añade Pintó, explicando que esto debe hacerse sin que el paciente se sienta culpable: "Tiene una enfermedad que es la adicción al tabaco y que hay que curar".

A la hora de abordar esta problemática, el jefe del Servicio de Neumología del Hospital Universitario Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares (Madrid), José Miguel Rodríguez, establece tres vías de actuación: la prevención, a través de la educación y la información, para evitar el inicio en el tabaquismo, sobre todo entre los más jóvenes; actuar sobre los fumadores que tienen que dejar de fumar, por cuestiones de salud o porque así lo han decidido; y los fumadores resistentes, aquellos que pese a haber sufrido ingresos hospitalarios a causa de su adicción al tabaco no quieren dejar de fumar.

En la cuestión informativa, los expertos piden un mayor fundamento a la hora de explicar los elementos nocivos que rodean al tabaquismo. Sobre todo, a la hora de explicar las consecuencias de un elemento clave como la nicotina, a la que el Ministerio de Sanidad, en sus comunicaciones, define como una sustancia tóxica. " Los cigarrillos tienen dos compuestos principales: la nicotina, que causa la dependencia, y tiene en principio una toxicidad baja y no tiene por qué ocasionar una enfermedad; y el resto de sustancias tóxicas capaces de ocasionar la enfermedad", describe Rodríguez.

"Desde el punto de vista cardiovascular, la nicotina produce un aumento del ritmo cardíaco similar a un enfado, pero no tiene un efecto tóxico. En dosis altas podría ser negativo, pero incluso los cardiólogos permiten que las personas que han tenido un infarto y son fumadores consuman chicles de nicotina", aporta Xavier Pintó. El jefe del departamento de Microbiología y Medicina Preventiva del Hospital Universitario de Canarias, Antonio Sierra, pone el ejemplo de las autoridades sanitarias del Reino Unido, que respaldan la idea de la no toxicidad de la nicotina, al contrario de las españolas. "El esfuerzo legislativo que se hizo tuvo mucha eficacia. Pero ahora no hay un plan muy definido", apunta.

Respecto a cómo atacar la adicción entre los ya fumadores, las Administraciones reforzaron el papel de las llamadas unidades de tabaquismo en la sanidad pública, que guiaban a los fumadores a dejar su adicción. Sin embargo, a raíz de la crisis, los medios destinados a estas iniciativas se han reducido. Así lo explica María Luisa Romero, médico de atención primaria en el sistema público madrileño. "En 2009, por cada tres centros de salud podíamos derivar a una unidad de tabaquismo, pero en la Comunidad de Madrid ya solo queda una. Tampoco se nos permite hacer talleres mensuales dentro de los centros. Lo único que se nos indica para estos casos es el consejo breve y localizado al paciente de que deje de fumar", apunta Romero.

El Gobierno británico analiza que los cigarrillos electrónicos o el tabaco calentado se recomienden a fumadores extremos

José Miguel Rodríguez, del Hospital Universitario Príncipe de Asturias, aporta un dato significativo: menos del 20% de los fumadores que acuden a una consulta de tabaquismo para iniciar un programa consiguen una abstinencia a largo plazo.

Además, según la encuesta Euroaspire, realizada a nivel europeo, el número de fumadores que ha sufrido un incidente cardiovascular y vuelve a fumar ha pasado del 48% al 53% en el último año. "Los tratamientos que tenemos para abordar al fumador tienen una tasa de éxito modesta, y no cabe esperar que surjan en los próximos años nuevos medicamentos y estrategias para dejar de fumar", añade Rodríguez.

"Estamos perdiendo un poco la batalla en la prevención secundaria del tabaquismo", subraya Xavier Pintó.

Por ello, los expertos piden a la Administración que contemple opciones nuevas para ayudar, por un lado, a disminuir el tabaquismo y, al mismo tiempo, reducir el daño entre aquellos que, bajo ningún concepto, quieren dejar de fumar. Y sobre la mesa aparece el papel de los cigarrillos electrónicos, basados en el vapor de líquidos y exentos de tabaco pero no de nicotina; y del tabaco calentado, que la legislación española equipara a los cigarrillos clásicos.

Por contra, el Gobierno británico se comprometió la semana pasada a impulsar nuevos estudios que demuestren la reducción del daño de estos dispositivos, y no descartó que puedan ser recomendados a pacientes que no van a dejar de fumar. Se calcula que los nuevos formatos reducen entre un 90% y un 95% el daño de los cigarrillos corrientes.

"No se puede incitar a su uso. Pero si se fijan criterios definidos de los diferentes tipos de pacientes, deberían contemplarse alternativas", introduce Antonio Sierra, del Hospital Universitario de Canarias. "Analíticamente, el cigarrillo electrónico y el tabaco calentado tienen una disminución de elementos tóxicos en esos porcentajes. Son la alternativa que hay", añade.

Xavier Pintó cree que el primer paso sería tener una definición consensuada del fumador resistente: "Quizá el que sigue fumando después de varios ingresos, por ejemplo. Hay que definir los criterios y las indicaciones para ciertos grupos de pacientes", apunta.

Se trata de que la Administración aporte garantías para que el personal médico, que siempre recomendará a todos los pacientes fumadores que dejen su adicción, puedan contar con alternativas para los pacientes que en ningún caso lo dejarán.

"Un médico no puede recomendar que alguien fume. Pero hay que encontrar la forma de que no se malinterprete el mensaje: que el médico le diga a un paciente que no puede quitarse del cigarrillo tradicional que existen alternativas que reducen el daño", reflexiona José Miguel Rodríguez. "Falta formación, también en el sector médico. Formación para ayudar a los pacientes a encontrar alternativas, y también faltan más estudios que confirmen que la reducción del daño con estos dispositivos se mantiene a largo plazo", aporta María Luisa Romero.

Para Antonio Sierra, "esta enfermedad es una carga en la salud tremenda, y además produce desigualdad social. Está demostrado que los niveles económicos más bajos tienen más fumadores, por lo que la desigualdad en la salud se acentúa". Por ello, las posibles alternativas, y la reducción del daño asociada, puede hacer "que se produzcan significativos efectos positivos para el sistema de salud.

Una cuestión de conducta

  • Hábito. Uno de los problemas que suelen impedir que los fumadores dejen de fumar es la imposibilidad de deshacerse del ritual de conducta y gestos que conlleva consumir un cigarrillo y que, por ejemplo, desaparece en el caso de los parches de nicotina. "Los pacientes fumadores tienen un síndrome conductual que es el más difícil de quitar y el causante de que vuelvan a fumar", opina José Miguel Rodríguez, del Hospital Universitario Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares, quien apuesta por que se lleven a cabo estudios que demuestren que los cigarrillos electrónicos o el tabaco calentado, que mantienen la nicotina y esa conducta de aspirar y expeler, aunque en estos casos vapor, pueden llegar incluso a ayudar a dejar de fumar por completo, "basándose en la deshabituación progresiva para combatir el síndrome de abstinencia".
  • Valor de mercado. Según los datos de la Unión de Promotores y Empresarios del Vapeo, el cigarrillo electrónico facturó en España alrededor de 70 millones de euros, lejos de los 500 millones que se alcanzan en Reino Unido o Francia."En un inicio, en España hubo una explosión de estos formatos, se abrieron muchas tiendas dedicadas a ellos. Eso hizo daño a todas estas opciones, les dio poca seriedad"; opina Xavier Pintó, del Hospital Bellvitge de Barcelona.
  • Cuidado con los jóvenes. Una de las alarmas que se han encendido en los últimos tiempos es el creciente número de menores que acceden a los cigarrillos electrónicos. En EE UU, el principal operador de este mercado, Juul, ha tenido que retirar algunos de sus sabores con más éxito, como los de frutas, para evitar el efecto llamada entre los menores. "La educación y la información siguen siendo un arma poderosísima para que los jóvenes no empiecen a fumar", cree José Miguel Rodríguez.
Normas