Los ocho millones de trabajadores que hicieron la (única) huelga general

Generó un doloroso divorcio entre el Gobierno socialista y UGT

Paró la producción, el trasporte, los servicios y la televisión

Cabecera de la manifestación posterior a la huelga general del 14-D de 1988.
Cabecera de la manifestación posterior a la huelga general del 14-D de 1988.

El 14 de diciembre de 1988 no solo pararon los centros de producción, también lo hicieron los transportes, los servicios y hasta la televisión, TVE, la única que existía entonces. “El propio Gobierno socialista reconoció que ocho millones de trabajadores --el 90%-- habían hecho huelga aquel día, habían parado el país”. Así describía ayer, el entonces secretario general de UGT, Nicolás Redondo, lo que ocurrió el día de la huelga general del 14 de diciembre, del que mañana se celebrarán 30 años.

El éxito de aquel paro fue tal, que empañó todas las huelgas generales que han venido después y es difícil encontrar a algún sindicalista que a fecha de hoy no reconozca, al menos en privado, que aquella fue la única huelga de la actual etapa democrática que, de verdad, ha sido general.

Redondo, que ayer presentó el libro Huelga general, 14-D. 30 años después 1998-2018, no quiso adjudicarse la paternidad de este paro histórico, también convocado de forma unitaria con CC OO y a la que se sumaron otros sindicatos y numerosas asociaciones. Pero nadie duda que su decisión de que la UGT se divorciara de un PSOE que, según “todo el arco sindical” convocante, estaba poniendo en práctica una política neoliberal, fue la clave del éxito de este paro general. Así prefirieron llamarle los sindicalistas, “paro en lugar de huelga, para desdramatizar”, dijo ayer el ex lider ugetista, que tiene hoy 91 años.

¿Cuáles eran esas políticas neoliberales que provocaron el divorcio del Gobierno socialistas y UGT, primero y la huelga general después? A una reforma laboral que había abaratado el despido y creado e incentivado los contratos temporales, se unió un plan de empleo juvenil con contratos precarios y abaratados para los empresarios, que se convirtió en la espoleta que desencadenó el 14-D.

“Aquí lo que se está poniendo en evidencia es que entre una política neoliberal y unas reivindicaciones moderadamente socialdemócratas hay motivos para un paro laboral ordenado, pacífico y que responde a las aspiraciones de la mayoría social”, según una cita del histórico dirigente de UGT, José María Zufiaur que se incluye en el libro presentado ayer por este sindicato.

Pero el reproche de la cúpula ugetista hacia el Gobierno hermano del PSOE iba más allá: creían que estaba gobernando dierectamente para la derecha y la clase empresarial. “Si todo lo que esperábamos del Gobierno socialista, lo teníamos que pactar con los empresarios, era mejor que nos quedásemos con las manos vacías”, dijo ayer Redondo.

Aunque, quizás, el mayor daño para las relaciones entre el PSOE y la UGT se generó por “las excesivas presiones, intentos de descalificar y desestabilizar a la Ejecutiva de UGT” que se ejercieron desde el Ejecutivo socialista, según indicó ayer Redondo.

Pese a ello, este líder sindical aseguró que jamás detallará públicamente aquellas presiones “por respeto al partido socialista, que es centenario, que no a su dirección de aquella época ni al Gobierno de entonces”.

Dicho todo esto, Redondo también tuvo ayer un mensaje para la UGT actual: que sea un sindicato que no solo persiga la igualdad de género o la igualdad territorial entre españoles, sino que busque “la igualdad entre las clases sociales como norma moral”.

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