El Presupuesto, la gobernabilidad y la marcha de la economía

La actividad está perdiendo pulso y no es momento para crisis políticas y bloqueos a la reducción obligada del déficit

Las circunstancias políticas parecen tan empeñadas en impedir que el Gobierno apruebe unos Presupuestos propios como el Ejecutivo en sacarlos adelante a toda costa. Si la negativa súbita de los independentistas catalanes a respaldarlos tras conocer la acusación y petición de penas de la Fiscalía a los encausados en el procés no decae, Sánchez no podrá contar con la mayoría que le llevó a Moncloa y no podrá, por tanto, poner negro sobre blanco el giro a la política económica y el expansionismo de ingresos y gastos que recoge el plan presupuestario pactado con Unidos Podemos. Unos lo lamentarán, pero otros lo celebrarán.

La cuestión formal es si la legislatura puede prolongarse sin unas cuentas públicas que se ajusten a la legítima intención fiscal del presidente. Mientras Pablo Iglesias lo considera un imposible, Fernández Vara avala el último cartucho disponible, cual es prorrogar las cuentas de Rajoy, que si fueron buenas para gobernar en 2018, también lo serán para 2019. Todo menos convocar unas elecciones inciertas que podrían reproducir esta u otra fragmentación parlamentaria parecida que bloquease la gobernabilidad. Nunca se sabe si prorrogar no será el camino más recto para no alterar la estabilidad de las cuentas que el Gobierno dice honrar.

La ministra de Hacienda reclamó ayer en el Foro CincoDías de nuevo el respaldo parlamentario de todos, por entender que tanto el avance del gasto social como la subida de impuestos contribuyen a mitigar los daños de la crisis y a reducir el déficit estructural, y con él, la deuda pública. Pero tan caro como el respaldo de los independentistas se antoja el de PP y C’s, aunque haya un giro radical en el planteamiento del proyecto, que pacere inverosimil. Pero es cierto que la economía está perdiendo pulso, empujada por acontecimientos externos, y no es el mejor momento para crisis políticas y bloqueos a la reducción obligada del déficit. Por tanto, los responsables políticos, y cada uno en la cuota que le exige su cargo, deben optar por la estabilidad por la vía más rápida posible.

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