Bolsonaro promete más Brasil pero menos Estado

Reconoce que no hay margen para controlar el gasto, así que realizará privatizaciones

Seguidores de Jair Bolsonaro, el domingo tras la victoria de este, en Brasilia.
Seguidores de Jair Bolsonaro, el domingo tras la victoria de este, en Brasilia.

En su discurso de agradecimiento como presidente electo, aún en la noche del domingo, Jair Bolsonaro señaló el que debe ser su principal desafío desde el punto de vista de su gestión de Gobierno: “Desatar el Brasil”. Con ello, aunque no haya sido explícito respecto a este punto, apuntó que el nuevo Gobierno no tendrá margen para inversiones sin la realización de una reforma de la previdencia (Seguridad Social) o la flexibilización de la regla del tope, según la cual los gastos públicos no pueden crecer por encima de la inflación. También resaltó lo que se espera: que el banquero Paulo Guedes, apuntado como futuro ministro de Hacienda, tendrá la libertad para mover una agenda económicamente liberal.

 

Reducir el tamaño del Estado (“menos Brasilia”, según el discurso de Bolsonaro) será el principal reto del frente liberal liderado por Guedes. Esto implica el reconocer que no hay espacio para la flexibilización en el control del gasto público, si no al contrario. Dado que la reducción en el número de ministerios y cargos comisionados tienen más impacto simbólico que práctico, el nuevo Gobierno debe encontrar alternativas para la generación de caja; los caminos indicados hasta aquí pasan necesariamente por el binomio reformas y privatizaciones.

La realización de una mini reforma tributaria fue indicada durante la campaña como una de las prioridades de Bolsonaro y Guedes. La misma prevé la vuelta del impuesto sobre la renta por encima de la distribución de dividendos y ganancias –que se compensaría como una reducción del impuesto aplicado directamente a las empresas– y la unificación de alícuotas para la persona física, alrededor del 20%, con la exención del cobro de impuestos para el que gana hasta 5 salarios mínimos. Se trata de cambios que necesitan aprobación en el Congreso, pero para los cuales hay más consenso y que podrían ser aprobados con facilidad, generando una perspectiva de aumento del consumo de las clases medias, beneficiadas con esta exención.

Más difícil de aprobar sería justamente la reforma que trae más impactos directos sobre el presupuesto del Gobierno brasileño: la reforma de la previdencia. Las proyecciones económicas muestran que la deuda bruta del país podría sobrepasar el 100% del PIB si no hay aprobación de una reforma que modifique la edad mínima de las jubilaciones y, sobre todo, ponga fin al límite de los regímenes especiales hoy concedidos a los servidores públicos civiles y militares. Además del desafío de negociar con el Congreso más dividido (en número de partidos) desde la redemocratización, Bolsonaro puede tener dificultades para desagradar a sectores específicos que formaron la base de su victoria, como el de los militares.

Desde el punto de vista simbólico, el nuevo Gobierno debe asentarse sobre tres grupos de interés, un trípode que estuvo incluso visiblemente presente en la celebración de la victoria. De un lado, el sector evangélico, que debe dictar rumbos más conservadores desde el punto de vista de las políticas sociales, con poca interferencia en la gestión de los temas macroeconómicos. Del otro, una capa del empresariado liberal y del agronegocio con potencial de roce constante con la tercera base político-ideológica de Bolsonaro: la militar.

Más que limitar el alcance de una futura reforma de la previdencia, el eje militar –que va más allá del vicepresidente electo, el general Hamilton Mourão, pero está en la base misma de su formación y en el histórico de votación en los 28 años de actuación de Bolsonaro como diputado– ya señala límites mayores de lo esperado con relación al paquete de desestatización soñado por el frente liberal de Guedes. Durante la campaña, el presidente electo desautorizó las palabras de su futuro ministro con relación a la privatización total de las principales empresas controladas por el Gobierno federal, como Petrobras (sobre todo el negocio de explotación de petróleo), Eletrobras y los grandes bancos nacionales, el de Brasil y la Caixa Econômica.

Para que tengamos los pies en la tierra, entre lo deseado y lo que de hecho debe ser posible, las empresas españolas pueden encontrar oportunidades sobre todo en la subasta del petróleo excedente de la cesión onerosa de la capa presal y en concesiones de infraestructuras, sobre todo relacionadas con la transmisión de energía, transporte por carretera y ferroviario y la gestión de los aeropuertos. Parte del paquete de desestatización de Paulo Guedes también prevé la venta de inmuebles del Gobierno federal, principalmente en las zonas centrales de las mayores ciudades y almacenes portuarios, incluso en un escenario bajista en el mercado inmobiliario (industrial, comercial y residencial).

El plan de Guedes también señala el interés en la venta de algunas compañías estatales menores del sector eléctrico. Asimismo, de las operaciones de refino de Petrobras. Sin embargo, movimientos en este sentido deben ser más lentos o difíciles de negociar, nuevamente por implicar intereses considerados “estratégicos” por el eje militar del Gobierno o intereses estatales que dificultan la negociación con un Congreso pulverizado. También pueden estar en la mira de mayor regulación, por los mismos motivos, los servicios de telecomunicaciones y de intercambio, almacenamiento y transferencia de datos.

Ya a lo largo de los próximos dos meses, mientras se consolida la transición y la indicación de nombres para posiciones clave, podremos evaluar con mayor precisión la capacidad de éxito que tendrá Bolsonaro frente a estos desafíos. Sin lugar a dudas, necesitará mostrarse capaz de contener los roces dentro de sus propias bases y de articularse con los partidos que integran la base del centro en el Congreso. Esto será fundamental para garantizar una mayoría mínima para la aprobación de leyes ordinarias y hasta de las ambicionadas reformas aún este año o el próximo. Para el éxito del nuevo Gobierno, deben mostrarse viables hasta fines de 2019.

Thyago Mathias es director de Advocacy y Comunicación Estratégica de Llorente & Cuenca Brasil

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