Los emprendedores españoles se lanzan al mercado de los patinetes eléctricos

Koko, en Zaragoza, es la única empresa nacional que está operando

Bbuho propone una especie de “Airbnb de patinetes”

Los emprendedores españoles se lanzan al mercado de los patinetes eléctricos

El patinete eléctrico se está transformando en un método de transporte cada vez más común en las ciudades españolas. Con la nueva regulación de movilidad del Ayuntamiento de Madrid, que entró en vigor este miércoles, a esta nueva forma de moverse por las calles se le abre una puerta para empezar a desarrollar el negocio. Numerosas compañías que quieren ofrecer patinetes eléctricos compartidos en la capital se reunieron con representantes del Gobierno de Manuela Carmena el pasado viernes para saber cómo será la legislación para estas empresas. Entre las que quieren hacerse un hueco en el negocio, hay varias startups españolas como Koko, Bbuho, UFO y Eskay, que pretenden competir contra gigantes como la alemana Wind y la nortemaericana Lime. Estas dos ya están en Madrid y antes estuvieron en Barcelona y Valencia, respectivamente, hasta que los ayuntamientos de ambas ciudades sacaron sus patinetes por no tener permiso para ponerlos en la calle. Lime opera, además de en la capital, en Zaragoza.

“Madrid reguló cómo y por dónde deben moverse los usuarios de estos vehícu­los. Lo que falta es que se legisle sobre la actividad comercial. Por ejemplo, si se pone o no un tope de patinetes en la capital y cuántos se les permite a cada empresa”, explican desde Koko. “Hay ciudades de EEUU donde el primer año impusieron un máximo de 1.500 patinetes”, dicen. Koko es la única española que tiene vehículos de movilidad personal desplegados y en funcionamiento para cualquier usuario que quiera utilizarlos. Los tienen en Zaragoza. “En el artículo 22 del reglamento de movilidad de la ciudad, hay un apartado en el que se habla de patinetes, monopatines, patines y objetos similares. Nosotros nos escudamos en esa última acepción para poder funcionar”, señalan desde Koko.

Un hombre utiliza un patinete de la empresa Koko.
Un hombre utiliza un patinete de la empresa Koko. EFE

Eskay, por su parte, ya ha hecho 15.000 kilómetros de pruebas, con “resultados muy satisfactorios”. “Estamos listos para empezar a funcionar, pero antes queremos que el Consistorio de Madrid nos diga las reglas de juego”, indica Juan Jiménez, cofundador de Eskay y presidente de la Asociación de Usuarios de Vehículos de Movilidad Personal (AUVMP). “Cuando el Ayuntamiento empezó a trabajar en un plan de movilidad, vimos que en todos los borradores los patinetes quedaban relegados a la nada, por eso decidimos crear la AUVMP y presentamos 30 páginas de alegaciones, a las que no hicieron caso. Pero empezamos a ir a reuniones con los partidos políticos, y vieron que era una solución para muchos problemas: aparcamiento, contaminación, tráfico, etc.”, dice Jiménez. Eskay quiere poner en Madrid 150 patinetes. Koko, por su parte, no da cifras, pero estiman que la capital podría soportar hasta 10.000 vehículos de movilidad personal.

Otra española que analiza aterrizar en la capital es Bbuho, la cual no acudió a la reunión con el Ayuntamiento. La compañía quiere pactar con hoteles y locales comerciales para poder dejar en ellos los patinetes y, así, “no depender de las decisiones políticas”. Así, planean crear una serie de “puntos Bbuho” en la ciudad donde el usuario pueda recogerlos y, a su vez, dar incentivos a las personas que aparquen en ellos. “A los que dejen los patinetes en estos lugares no les cobraremos por desbloquear el vehículo. Solo pagarán los 15 céntimos el minuto (es la tarifa estándar) que cuesta el servicio. Así, no dependeremos de si nos permiten o no tener patinetes estacionados en la calle”, comenta Gustavo Santana, director general de Bbuho. Esperan desplegar en la capital 400 vehículos de movilidad personal y, en caso de poder colocarlos en la calle, unos 600 más. En dichos puntos se cargarán los patinetes. Es un sistema diferente al de la mayoría de los operadores, que funcionan con chargers, personas que recogen (autónomos o empleados de una empresa subcontratada) los patinetes por la noche, los cargan y los vuelven a dejar en la calle.

Eskay, por su parte, está analizando cómo desarrollar su sistema de carga. “No queremos crear puestos de trabajo precarios. Apostamos por un empleo de calidad”, apunta Jiménez. Por su parte, Mario Marín, director general de UFO, explica que su empresa quiere crear una “comunidad de chargers”. “Uno de nuestros distintivos es que queremos que estas personas se sientan parte de la compañía, por ejemplo, organizando actividades. No queremos que sea solo salir, recoger patinetes y cargarlos”, asegura Marín. UFO pretende desplegar 500 patinetes en Madrid.

Otra medida innovadora que quiere llevar a cabo Bbuho es el desarrollo de una plataforma similar a Airbnb, la aplicación de alquiler de pisos. “Lleva en marcha tres semanas. La idea es que alguien que tenga un patinete y quiera compartirlo pueda hacerlo. Solo tiene que decir cuándo estaría disponible y dónde. Es llevar la economía colaborativa al límite”, argumenta Santana.

Proyección internacional

Debido a la incertidumbre que hay en España en torno a la legislación de los patinetes eléctricos, es posible que Bbuho salga antes en otra capital europea que en España. “Es probable que en dos meses ya estemos en otro lado”, asegura Santana.

UFO también pretende expandirse por Europa. “En 2019 queremos estar en otras ciudades del continente”, señala Mario Marín. La compañía necesitó de una inversión de dos millones de euros para empezar a funcionar y tener una proyección internacional. “En un mes esperamos tener unos 30.000 usuarios”, añade Marín.

Regulaciones de movilidad

Madrid. La regulación de movilidad que el Ayuntamiento ha puesto en marcha este miércoles permite a los patinetes eléctricos circular por la calzada de las calles de las zonas 30, pistas bici, carriles bici, ciclocalles y por las calles en las que todos sus carriles sean de una velocidad máxima de 30 km/h. “La normativa de Madrid no la entendemos por ningún lado, ya que diferencia entre bicicleta y patinete. No nos dejan circular por los ciclocarriles”, explica Santana. A efectos prácticos, esto supone que un usuario pueda usar el patinete por el 80% de las calles de la capital, pero que cuando llegue a una vía cuya velocidad máxima sea superior a 30 km/h, tenga que bajarse del patinete e ir caminando hasta donde esté permitido. “Hace falta una legislación a nivel nacional”, cuenta Jiménez. La DGT anunció la semana pasada su intención de regular los patinetes eléctricos. Se trataría de elaborar una normativa básica de comportamientos, la cual los Ayuntamientos adaptarían a sus ciudades.

Barcelona y Valencia. Disponen de más carriles bici que Madrid, lo que permite a los usuarios de estos vehículos moverse con más libertad. Sin embargo, los ayuntamientos prohíben a las empresas poner sus patinetes en la calle, pero sí que dejan a los usuarios que dispongan de uno que se muevan con él. En Barcelona no se puede circular por la Ciutat Vella.

Normas