Cuatro principios para comenzar a invertir

Para obtener retornos hay que asumir riesgos y debemos ser muy conscientes de nuestro propio apetito al mismo

A la hora de tomar una decisión financiera hay que tener un conocimiento de la inversión que vamos a hacer. Muchas veces se dan pasos por impulsos o influenciados por el comercial del banco donde tenemos nuestra nomina o ahorros. Es decir, sin poner la dosis necesaria de criterio que requiere una decisión de inversión. Más si cabe porque hablamos de nuestro propio dinero, por lo que es vital formarse e informarse, y pensar muy bien lo que vamos a hacer. Esto es consecuencia de que, generalmente, las finanzas personales no es algo en lo que se ponga foco en las escuelas.

Lo más importante a la hora de saber donde debemos invertir, es conocernos a nosotros mismos, es decir conocer nuestra tolerancia a observar perdidas en nuestras inversiones, debemos saber que cantidad estamos dispuestos a poder perder y por cuanto tiempo. Para obtener retornos hay que asumir riesgos y debemos ser muy conscientes de nuestro propio apetito al mismo, esto es sencillo de mencionar, y me atrevo a decir es lo más difícil de la ecuación.

Teniendo esto en cuenta, William F. Sharpe, profesor emérito de la Universidad de Stanford y Premio Nobel de Economía en 1990, escribió un libro llamado Investors & Markets, en el que menciona lo que él denominó “cuatro pilares básicos de una buena inversión”. Y que son una forma de acotar el riesgo que conlleva toda inversión.

Los cuatro principios son: diversificar, reducir gastos, personalizar y poner en contexto.

Primero expliquemos brevemente el concepto del riesgo: teóricamente, para conseguir mayor rentabilidad hay que asumir más riesgos. Lo que pasa es que hay dos tipos de riesgos, el bueno (o riesgo sistemático o de mercado), que nos recompensa con una rentabilidad esperada mayor; y el malo, que es aquel que destruye el valor de una inversión, y no da ningún beneficio a cambio. La clave es que no son independientes, es decir, como explica Juan Palacios, profesor del IESE y del Instituto Internacional San Telmo, en su paper ‘Finanzas personales para directivos: cuatro principios para no equivocarse’, si nosotros invertimos todo en una sola acción de bolsa tendríamos un 25% de riesgo bueno y un 75% de riesgo malo.

Por este motivo, la decisión correcta sería contar con una cartera diversificada, porque, como escribe Palacios: “A medida que vamos añadiendo títulos a nuestra cartera ocurre algo muy notable, la rentabilidad de los títulos se promedia, pero el riesgo malo no se promedia: desaparece”. Es decir, una cartera bien diversificada solo tiene riesgo bueno, que trabaja para mejorar la rentabilidad, y, a su vez, el riesgo malo –el que no aporta valor- desaparece. En esto, también influye el plazo al que se invierta, ya que, a mayor plazo, aunque la rentabilidad se estabilice, el riesgo disminuye.

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que los gastos pueden afectar a los ahorros de forma crítica. Al invertir en fondos de inversión se pueden encontrar quienes cobran comisiones muy bajas, como es nuestro caso en Buy & Hold, donde cobramos entre 0,55 y 0,95% y un éxito con “high water mark” de entre el 3% y 7% dependiendo del fondo. Esto hay que tenerlo muy en cuenta, porque muchos inversores no muestran interés por saber cuánto les cobra un fondo, y en España la comisión de gestión máxima legal asciende hasta el 2,2%, o 1.35% y 9% de éxito.

Tercer punto, y es algo que afecta también al asesor financiero, es personalizar las soluciones de gestión del ahorro. Hay que tener claro que cada inversor es distinto, ya sea por su situación familiar, profesional, de patrimonio, etcétera. La tarea de un buen asesor es conocer bien al inversor para definir un plan y unos objetivos; hay que conocer, además de las circunstancias expuestas, el nivel de aversión al riesgo del cliente; el plazo en el que está interesado; o el tipo de rentabilidad que desea. Y lo más importante que el “consejero” del inversor no tenga conflictos de interés con su cliente, es decir que sea verdaderamente independiente, cuanto más alineado estén los intereses del asesor con el inversor mucho mejor, esto en un banco convencional es cuasi imposible lograrlo.

Finalmente está poner en contexto las inversiones. Es decir, trabajar en conocer bien las posiciones que tenemos en cartera para estar al tanto de cuál podría ser su desempeño. Esto sería más propio de lo que se conoce como inversor activo, es decir, aquel que quiere ir un paso por delante del mercado, y hacer las inversiones con base en su conocimiento. El perfil pasivo sería más bien aquel que confía en el funcionamiento del mercado y busca replicar la misma rentabilidad que tuvo anteriormente.

Utilizar estos cuatro principios no significa que vayamos a tomar las decisiones correctas necesariamente, pero si reducen notablemente el riesgo, y la posibilidad de tener pérdidas en una inversión. Por ello, es muy recomendable tenerlos muy presentes a la hora de seguir un plan de acción para nuestros ahorros. 

Buy & Hold

 

 

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