Una suave desaceleración en la creación de empleo a tener muy en cuenta

Aunque el crecimiento de las empresas es robusto, hay señales que anticipan un enfriamiento

Los indicadores de coyuntura de los últimos meses vienen avanzando una desaceleración que se manifiesta especialmente en uno de los grandes motores del empleo, la hostelería, como reflejo de la desa­celeración del turismo y la consiguiente caída de las pernoctaciones en hoteles. A la vez, las empresas en general empiezan a dar algunos síntomas de enfriamiento. En junio, las ventas totales crecieron un 2,1% respecto al mismo mes que el año pasado, justo la mitad que el mes anterior. De hecho, el comportamiento mensual de las empresas que facturan más de 6,01 millones al año supuso una caída del 1%, según la encuesta de Ventas, empleo y salarios en las grandes empresas, elaborada por la Agencia Tributaria con las declaraciones de IVA de estas compañías y las retenciones del IRPF a los empleados.

Es cierto que el crecimiento medio de las ventas de estas compañías, que representan el 60% de la facturación total de las empresas en España, mantuvo un buen ritmo en el segundo trimestre del año, con un avance del 3,3%. Pero ese porcentaje significa ya cuatro décimas menos que el promedio de los tres últimos meses de 2017.

La desaceleración en el ritmo de las ventas lleva a los expertos a prever una ralentización paralela en la creación de empleo. Así, consideran que la desaceleración de la nueva ocupación se hará más evidente en los próximos meses y solo el buen desempeño en el primer semestre hará que la estadística presente la tendencia al alza a final de año, a pesar de que no se alcancen los 483.000 empleos creados en 2017.

Cierto que la desaceleración es suave, y la economía sigue creando empleo con consistencia. No obstante, ya se perciben señales suficientemente nítidas como para que no pasen desapercibidas. Y, sobre todo, hay que interpretarlas como una sonora llamada de atención que desaconseja decisiones de corte populista, como las amenazas sobre una reforma laboral que sigue dando sus frutos y que podrían precipitar la desaceleración del empleo. Además de propiciar la calidad en el empleo, es en el fraude en la contratación y en la economía sumergida donde el Gobierno debe poner el foco, y no en lo que funciona.

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