Gestión flexible ante la incertidumbre

Resulta clave llevar a cabo una administración activa a la par que táctica para batir a los índices

Gestión flexible ante la incertidumbre
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2018 ha supuesto el retorno a los mercados de una volatilidad que parecía adormecida en 2017. Esto hace que esté siendo un año muy dinámico en cuanto a la gestión de fondos de inversión se refiere. Los gestores no solo deben gestionar las carteras de los fondos, también la gestión del ruido de mercado está siendo decisiva en un año como el actual. Dadas las circunstancias de mercado presentes resulta clave llevar a cabo una gestión muy activa, a la par que táctica, para conseguir batir a los índices de referencia.

Inverco publicaba a finales de julio que la rentabilidad de los fondos de gestoras nacionales retrocedió un 0,75% en el primer semestre, algo que afecta a prácticamente todas las categorías. Un dato ciertamente preocupante sobre todo para el inversor más cauto, como es el gran porcentaje de los inversores a nivel nacional. Este 2018 está siendo un año en el que la volatilidad no sólo está afectando a los activos tradicionalmente de riesgo, sino también a las inversiones más conservadoras, algo que consideramos merece un análisis detallado.

Como decimos, la peor parte de este año se la está llevando el inversor conservador, acostumbrado a asistir a la evolución de sus inversiones sin apenas volatilidad.
Es cierto que los acontecimientos experimentados por la renta fija a corto plazo en los últimos meses pueden ser calificados de altamente anormales (medidos por unos niveles de volatilidad insólitos), pero no es menos cierto que la gestión de las inversiones en renta fija tendrá, en un futuro inmediato, poco o nada que ver con lo que hemos visto en los últimos años.

La principal recomendación que damos a nuestros clientes es que resulta imprescindible delegar la gestión de los ahorros a un equipo de gestión activo y flexible, que sea capaz de adaptar la cartera del fondo a las oportunidades de mercado en función del momento. La confianza en el equipo de gestión resulta clave en momentos puntuales de incertidumbre. Los gestores se definen en estos entornos por su capacidad de reacción ante determinados eventos que surgen de manera espontánea a veces. Por ello, las carteras siempre deben poder dese­nvolverse de manera lo más flexible posible, para adaptarse al mercado en función de los acontecimientos.

Las recientes caídas experimentadas por la renta fija son una muestra de la necesidad de un gestor activo, no solo para proteger las carteras sino también para aprovechar oportunidades que hacía tiempo no veíamos en los mercados de renta fija. Un entorno como el actual, y el que previsiblemente tendremos en los próximos meses, demanda una gestión que calibre los riesgos (duraciones y vencimientos cortos y calidad crediticia alta) con las oportunidades que nos están ofreciendo unos mercados no plenamente eficientes.

Por ejemplo, seleccionando bonos de buena calidad crediticia, vencimientos cortos y rentabilidades mucho más altas que hace unos meses. Como alternativa a la renta fija pura, y para un inversor dispuesto a asumir cierto riesgo, encontramos el universo de productos mixtos de renta fija que combinan estrategias de renta fija con un porcentaje en renta variable.

En el momento actual, dado el potencial que vemos a la renta variable, en concreto a la renta variable nacional, la inversión de una pequeña parte del fondo vía acciones puede resultar el punto de sal que distinga al fondo y le de más recorrido en rentabilidad.

Si bien es cierto que no existe un año “fácil” a la hora de gestionar, este ejercicio (por las incertidumbres, por el punto del ciclo en el que estamos o, sencillamente, por el elevado nivel de ruido al que estamos asistiendo) está siendo especialmente complicado. Es en entornos como este donde aparece la necesidad cada vez más acuciante de una gestión activa y, especialmente, de una gestión marcada por la flexibilidad.

Silvia Merino Collantes es responsable de clientes institucionales en Gesconsult

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