Hannah Fry: "Hay patrones numéricos para encontrar el amor”

La matemática reflexiona sobre cómo pueden los datos transformar la sociedad y recomienda usar los números con cautela

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Los algoritmos y los datos cada vez están más presentes en el día a día. Ya no se trata solo de algo distante y lejano, sino que se han acercado a la rutina de los ciudadanos. Durante la celebración del Artificial Intelligence & Analytics Economy Summit, organizado por SAS, la matemática y profesora de University College London Hannah Fry (Essex, Inglaterra, 1984) ofreció una ponencia sobre el poder de los datos para transformar la sociedad. La autora de Las matemáticas del amor (Empresa Activa, 10 euros) también defiende teorías tan llamativas como que se puede encontrar el amor verdadero a través de cálculos matemáticos.

¿Cree que se pueden matematizar todos los comportamientos humanos?

No creo que haya nada que las matemáticas no te ayuden a entender mejor. Aunque sí que hay cosas en las que esta ciencia no es especialmente buena, como el arte, entender por qué algo es bonito, por qué sientes atracción por alguien... pero incluso en el caso del amor se pueden analizar muchas cosas. No hay nada fuera de los límites.

¿Qué se puede matematizar en el amor?

Por ejemplo, mediante patrones y teniendo en cuenta a qué edad quieres sentar la cabeza, se puede estudiar con cuánta gente deberías salir antes de encontrar a la persona definitiva. Hay un psicólogo en Estados Unidos que graba y analiza las discusiones de parejas que llevan mucho tiempo juntas, y después puntúa los argumentos de uno y otro. De estos datos se obtienen lecciones para tu propia vida, como que si algo te molesta, lo mejor es decirlo cuanto antes. Puede parecer una cosa fácil de decir, pero está en los datos, y estos dicen que tienes más probabilidades de funcionar con una pareja si actúas así.

¿Dónde queda el romanticismo?

No creo que se pierda el romanticismo, pero es una ayuda práctica. Siempre que te asegures de que sigue habiendo hueco para todo. Tienes que ser consciente de lo que las matemáticas y los datos pueden hacer, pero también de lo que no. No puedes pensar en ellos como una autoridad, tienes que entenderlos como tu compañero de trabajo en lugar de como tu jefe. El problema es que los algoritmos deciden cosas importantes, y la gente que los maneja no sabe cómo funcionan, ni si son correctas, entonces es cuando las cosas se ponen peligrosas porque no hay un algoritmo perfecto y hay que tener cuidado cuando dan un mal resultado.

¿Tienen las máquinas un sesgo humano?

Sí, y eso es el gran problema. Lo estamos viendo sobre todo en casos de justicia y criminalidad, donde las máquinas repiten los mismos fallos que repetimos los humanos. Un ejemplo muy obvio es que si buscas ‘profesor de matemáticas’ en Google, de los 20 primeros, todos menos una será un hombre. Eso es cierto en la vida real, en Reino Unido, solo el 5% de los profesores de matemáticas es mujer. Las máquinas están reforzando la imagen de nuestro mundo, pero tenemos que plantearnos si eso es verdaderamente lo que queremos. Primero, deberíamos decidir en qué sociedad queremos vivir, y después, recorrer los pasos para llegar hasta ahí. Por ahora, lo único que hacemos es reproducir tal cual el mundo en el que vivimos.

¿Preferiría que la juzgara un robot?

Creo que preferiría un ordenador porque por mucho que las máquinas o los robots se equivoquen, los humanos son mucho peores. Los jueces no son buenos tomando decisiones consistentes. No solo puedes tener una suerte distinta en función del juez que te toque, sino que también dependes de cómo se siente en ese preciso momento. Los ordenadores tampoco son perfectos, pero podemos cambiarlos.

¿Quién es responsable cuando una máquina se equivoca?

Es difícil. Hay gente que dice que la persona dueña del algoritmo, otros que la gente que lo creó, o que no hay responsables... Yo creo que cuando una empresa se está beneficiando de él, es responsable del algoritmo.

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