Verónica García, fundadora de Terai Cosmetica

“A las mujeres que emprenden, el freno se lo pone su entorno”

Lanzó al mercado sus primeras cremas en 2015 desde su sede en Bilbao

Asegura que para investigar hay que fomentar los lazos con las universidades

Verónica García, en la sede de Terai Cosmetics en Bilbao.
Verónica García, en la sede de Terai Cosmetics en Bilbao.

Anda preocupada estos días Verónica García (Bilbao, 1977) porque un ligero catarro la mantiene apartada del laboratorio en el que desarrolla las cremas de Terai Cosmética, que fundó en 2015. “Se trata de productos sanitarios con control microbiológico, con los que hay que ser muy escrupuloso. Esto es como los cocineros, que cuando están enfermos no deberían estar en la cocina. Hay que ser muy respetuoso”, afirma esta empresaria, química de profesión, que se doctoró en Tecnología en Finlandia.

Después de 11 años trabajando en Reino Unido en el área de ingeniería medioambiental, donde se ocupaba de darle una segunda vida a los residuos, decidió regresar a España. Era el año 2011 cuando comenzó a trabajar en Cantabria, también en temas medioambientales, pero el hecho de tener que trasladarse todos los días desde Bilbao a la comunidad autónoma vecina era una complicación a la hora de conciliar. Decidió parar y reflexionar.

La mayoría de los emprendedores no tenemos formación en empresas, también hay un freno por parte de tu entorno, sobre todo si eres mujer

Entre sus planes estaba intentar encontrar un trabajo como investigadora en la Universidad del País Vasco, pero le fue imposible. Así que en colaboración con otros tres socios decidió montar su propia empresa. Este fue el origen de Terai Cosmética. “Había un nicho de mercado dentro del cuidado de la piel, ya que cada vez hay más gente concienciada con los tóxicos. La tendencia comenzó con la alimentación y luego ha continuado con la cosmética y más adelante llegará a la cosmética capilar, donde todavía no ha entrado”, explica García, que trabaja en un espacio dentro de la tienda que tiene en el centro de Bilbao, en un ambiente que sigue los parámetros del feng shui y del minimalismo, y donde solo hay cabida para los colores blanco y gris, para plantas, como los cactus o los limoneros, libros científicos o piedras energéticas. “Necesito que haya silencio, que se escuche música clásica, y sobre todo conocer la opinión de los clientes, ya que te hace recoger sus necesidades”, asegura.

A pesar de que su concepto de cosmética es artesanal, eso no impide que la ciencia esté presente. De hecho, realiza colaboraciones con la Universidad del País Vasco, ya que considera que esta relación es decisiva para avanzar en I+D+i, sobre todo en el desarrollo de productos, como el champú o las cremas solares. “La investigación está restringida a las grandes empresas, por eso es necesario promover la colaboración con las universidades”, señala esta emprendedora, que ha tenido que aprender a dirigir una empresa sobre la marcha. “La mayoría no tenemos formación en estos temas, también hay un freno por parte del entorno que te rodea, sobre todo si eres mujer, además de que existe la cultura del miedo, y una falta de recursos económicos, que te obliga a dedicarte a temas en los que no aportas valor”.

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