Hace falta seguridad y estabilidad para estrenarse en el mercado

El debut en Bolsa de Vía Célere se enfría ante las turbulencias políticas y el bajo interés por las promotoras

Los planes de desembarco en Bolsa de la promotora de viviendas Vía Célere han perdido fuelle ante un panorama complejo en el que se mezclan dificultades de distinta naturaleza. La inestabilidad creada por la crisis política desatada en Italia y por la incierta situación que afronta en España el Gobierno ante el debate de la moción de censura que se celebra hoy han caído como un jarro de agua fría sobre el entusiasmo de los inversores, pero no son el único motivo. El enfriamiento de los planes de Vía Célere se produce tras otros dos estrenos que han terminado en fracaso: el de Azora y el de Testa Residencial. No es difícil concluir que este no es el mejor momento para el ladrillo en el mercado bursátil, especialmente en el caso de las promotoras.

Los hándicaps de Vía Célere no son escasos, comenzando por su falta de tamaño y siguiendo por la complejidad de su estructura accionarial, dado que comparte socio mayoritario con Aelca, una promotora que también tiene sus propios planes de salir a Bolsa el año que viene. Junto a esos condicionantes, hay factores que evidencian una crisis de confianza del inversor en las promotoras inmobiliarias. No solo Metrovacesa, que ya encontró dificultades en su salida el pasado febrero, sino también Aedas y Neinor Homes, están teniendo una decepcionante evolución en el mercado, en buena medida porque muchos inversores no terminan de dar credibilidad a sus planes de negocio. Desde el propio sector se da por sentado que la Bolsa tiene actualmente la puerta cerrada a las promotoras. Mientras en el caso de las socimis, la salida a cotizar es obligada para acceder a los beneficios fiscales de estos instrumentos, Vía Célere puede buscar otras opciones: desde la venta privada hasta el retraso del debut hasta un mejor momento. Las tormentas políticas que pesan como losas sobre Italia y España, que amenazan con pasar factura no solo al sector inmobiliario, sino al conjunto del mercado, no permiten fijar con facilidad una fecha. No es una buena noticia, porque como saben inversores y empresas, al dinero no le gusta la bohemia, sino la seguridad jurídica y la estabilidad política.

 

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