¿Estamos ya ante un cambio de ciclo?

El crecimiento global, los beneficios empresariales y la valoración de las Bolsas indican que todavía habrá que esperar

Un trader en Wall Street.
Un trader en Wall Street.

Apesar de la tendencia natural que tenemos los seres humanos de instalarnos en la complacencia, las últimas correcciones experimentadas por los mercados de renta variable han llevado a muchos a preguntarse sobre si no estaremos ante el final de un ciclo que, en el caso de muchas economías, dura ya nueve años.

Podemos entender esta preocupación como lógica, si tenemos en cuenta que, en Estados Unidos, estamos ante uno de los ciclos más largos de la historia. Un ciclo, eso sí, que se ha caracterizado por un crecimiento moderado y por unos estímulos monetarios sin precedentes que tienen mucho que ver con la longevidad del actual mercado alcista de la renta variable estadounidense.

La larga duración de este mercado alcista ha ido encareciendo la valoración de una Bolsa que en este momento se sostiene por el fuerte crecimiento de beneficios y por unos tipos que, aunque subiendo, todavía se mantienen en niveles bajos.

Es lógico, por lo tanto, que las noticias que puedan afectar de manera grave a cualquiera de estos dos pilares tengan tanta incidencia en el comportamiento de los mercados de renta variable. Así, si Trump decide hacer partícipe al mundo de esa idea tan curiosa de “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar” o La Reserva Federal nos da un mensaje un poco más agresivo de lo que esperaba el mercado asistamos, en consecuencia, a fuertes oscilaciones en los mercados financieros.

Como siempre decimos en estos casos, nuestra misión como gestores y analistas, es intentar aislarnos de ese ruido del mercado y ver, si realmente el fondo del mercado (por reducirlo mucho, esos dos pilares que mencionábamos antes) ha sufrido una alteración lo suficientemente significativa como para que tengamos que plantearnos un cambio de ciclo y, en consecuencia, una nueva estrategia.

Aunque predecir el futuro, por definición, es imposible, si que existen herramientas e instrumentos que nos permiten asignar probabilidades a distintos escenarios. Uno de estos instrumentos, del que se está hablando mucho últimamente, es la curva de tipos de interés.

La curva de tipos de interés de una zona económica determinada contiene un alto grado de información y expectativas de los agentes económicos. Así, por la diferencia de rentabilidad que existe entre los plazos más largos de esa curva de tipos y los plazos más cortos (la pendiente de la curva) podemos inferir lo que está descontando los agentes económicos sobre las acciones de política monetaria, las expectativas de inflación, las primas de riesgo de los activos o el propio crecimiento económico.

De esta manera, el mayor temor de los inversores ahora mismo es el aplanamiento (que subieran los tipos a corto y que los largos bajaran o se mantuvieran estables) de la curva de tipos de interés en Estados Unidos. Este aplanamiento nos diría, entre otras cosas, que la Fed va a ser más agresiva con la política monetaria, que la economía se está recalentando y que las expectativas de crecimiento económico a largo plazo se enfrían. En otras palabras, nos estaría anticipando una recesión.

La utilidad de la curva de tipos como predictor de los cambios económicos se fundamenta en su capacidad de anticipar todas las recesiones de la economía americana desde la década de 1960. A pesar de esto, tampoco deberíamos tomarla por una bola de cristal, aunque es un buen instrumento que funciona extraordinariamente bien en combinación con otros indicadores adelantados.

Lo que la curva de tipos nos dice en este momento es que las probabilidades de que veamos una recesión en Estados Unidos en los próximos doce meses son extremadamente bajas, y si lo ponemos en combinación con otros indicadores adelantados (por hacer esa doble comprobación) tampoco encontramos motivos para pensar que vayamos a asistir a ese cambio de ciclo. Por el contrario, el momento de crecimiento global coordinado, el comportamiento de los beneficios empresariales y las valoraciones a las que se han puesto algunas Bolsas (en especial las europeas) nos llevan a interpretar el momento actual más como una oportunidad de compra que como un cambio de ciclo, para el que todavía deberemos seguir esperando.

David Ardura es Director de Gestión de Gesconsult

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